martes, 20 de diciembre de 2022

REALIDADES Y FICCIONES

—Revista Literaria—

Nº 52 – Diciembre de 2022 – Año XIII

ISSN 2250-4281 – Edición trimestral

Inscripción gratuita como LECTOR
si escribe a zab_he@hotmail.com
indicando nombre y apellido, ciudad y país
(se le avisará cada nuevo número trimestral). 
 
“Mariposa de colores”
Mónica Villarreal (2022)
(Acrílico sobre papel, 12"x9")


Sumario

• Alberto Arenas, peluquero y cirujano. (Fernando Sorrentino)
• Enmudecer para sobrevivir. “El gueto interior” de Santiago H. Amigorena. (Anna Rossell)
• El poder de la vivencia. “Las inseparables” de Simone de Beauvoir. (Anna Rossell)
• Borges, Carpentier y el adjetivo. (Ángel Gavidia Ruiz)
• Con el vivo fulgor de una joya antigua. “El final de los Villavide” de Louise de Vilmorin. (Luis Benítez)
• Encendidas teas para la oscuridad. Antologar sin método. (Adán Echeverría)
• En quién creemos. (Miguel Arenas Martín)
• Sobre la complicada X. (Héctor Zabala)
Nuevo colaborador de Realidades y Ficciones:
    Miguel Arenas Martín, Madrid, España

 

 

ALBERTO ARENAS, PELUQUERO Y CIRUJANO

Fernando Sorrentino ©

 

A la luz de un candil (música de Carlos Vicente Geroni Flores, letra de Julio Plácido Navarrine, 1922) es un tango raro. Obra literaria compleja, sus versos requieren análisis filológico. El episodio está relatado por su protagonista. La acción comienza en una comisaría ubicada en Rosario.

El narrador solicita autorización (¿Me da su permiso, señor comisario?) para presentarse y contar su historia. Aunque no se consigna la respuesta del funcionario policial, inferimos que es afirmativa, ya que el visitante rompe a hablar.

Nos enteramos de una cantidad de circunstancias:

1) No ha llegado con sus mejores galas (Disculpe si vengo tan mal entrazao).

2) No vive en Rosario (yo soy forastero y he caido al Rosario): ha venido desde otra localidad, tal vez lejana (¿Santa Fe, Rafaela?, ¿La Quiaca, Ushuaia?), a entregarse, erróneamente, en una comisaría sin jurisdicción en su caso.

3) Propone un enigma pero muestra reticencia en revelarlo (trayendo en los tientos un güen entripao).

4) Prejuzga el pensamiento del comisario (Acaso usted piense que soy un matrero).

5) Declara qué es y qué no es (yo soy gaucho honrado a carta cabal, / no soy un borracho ni soy un cuatrero; / ¡Señor comisario…, yo soy criminal…!).

6) Desconociendo olímpicamente la autoridad del jefe de la seccional, el criminal confeso le imparte al sargento una orden (¡Arrésteme, sargento, / y póngame cadenas…!).

7) En seguida plantea una duda: ya no está seguro de ser criminal y, por si acaso, traslada la responsabilidad del veredicto desde el albedrío del sargento hasta la sabiduría suprema (¡Si soy un delincuente, / que me perdone Dios!).

8) Explica su nombre como consecuencia de ser un criollo bueno (Yo he sido un criollo güeno, / me llamo Alberto Arenas).

9) Aquí sí, relación de causa y efecto: la traición (aún no dijo de quiénes) generó un doble homicidio (¡Señor…, me traicionaban, / y los maté a los dos!).

10) Admite su falta de lucidez eleccionaria: se decidió por una china malvada como cónyuge y un sotreta como amigo (Mi china fue malvada, / mi amigo era un sotreta).

11) Reconoce asimismo un error operativo (cuando me fui a otro pago / me basureó la infiel); es que no hizo caso al Viejo Vizcacha: “Conservate en el rincón / donde empezó tu esistencia”.

12) Imparte al sargento una contraorden (¡Párese, sargento, que no me retobo…!): lo mejor que podría hacer el ya desconcertado suboficial es dejar de molestarlo con arrestos o cadenas.

13) Pone colofón a la historia de manera trágica (Yo quiero que sepan la verdad de a mil... / La noche era oscura como boca’e lobo; / testigo, solito, la luz de un candil. / Total, casi nada: un beso en la sombra… / Dos cuerpos cayeron, y una maldición; / y allí, comisario, si usted no se asombra, / yo encontré dos vainas para mi facón.) Mantiene reserva sobre el texto de la maldición; tal vez fuese del estilo de “¡Así van a aprender a no burlarse de mí, canejo!”

Examinemos los elementos guardados en la valija que este castizo gaucho llama “maleta”: Las pruebas de la infamia / las traigo en la maleta: / ¡las trenzas de mi china / y el corazón de él!

Sería anómalo que algún jurisconsulto admita como evidencia judicial el equipo integrado por las trenzas de la versátil china y el corazón del afectuoso caballero.

Carlos Gardel
El empleo de una tijera resuelve en un instante el corte de las trenzas. Pero, con respecto al corazón del tercero en discordia, el problema resulta más complejo.

Debemos entender, entonces, que este gaucho, honrado a carta cabal, obró como avezado cirujano y, usando cuchilla (o tal vez facón) a modo de bisturí, logró extraer el corazón del sotreta. Una vez cumplida dicha ablación, ¿qué hizo con el corazón, órgano sangrante y, según creo, difícil de manipular? ¿Lo colocó directamente en su maleta? ¿Junto a las trenzas de la china, con el peligro de que estas se mancharan de sangre cardiovascular? ¿O, quizá, tuvo la precaución de destinarle un envoltorio de material impermeable?

El texto no provee información adicional. Como en los mejores relatos literarios, algún detalle queda librado a la imaginación del lector, que resolverá si acaso el comisario ordenó al sargento abrir la maleta y exhibir las susodichas pruebas de la infamia. O si, en cambio, y más sensatamente, mandó incinerar y sepultar sin más trámite continente y contenido.

Este tango tuvo la fortuna de haber sido grabado, en 1927, por Carlos Gardel. Y, según comprobé infinitas veces, el Zorzal podía convertir el despropósito más descomunal, como el del presente caso, en una obra de arte.

 

 

 

ENMUDECER PARA SOBREVIVIR

Anna Rossell ©

Santiago H. Amigorena
El gueto interior
Traducción de Martín Caparrós
Penguin Random House, 2020, 156 páginas

 

Enmudecer para sobrevivir a un trauma, esa reacción de la psique humana que nos deja sin habla, en un falso intento de hacer recular el tiempo para que el horror no hubiera sucedido, en un falso intento de olvidar… Y, sin embargo, sabemos que solo hablar sobre la experiencia traumática nos ofrece una posibilidad de cierta liberación.

Santiago H. Amigorena
Esta es, en esencia, la situación emocional que define al personaje principal de este relato biográfico novelado que su autor nos ofrece ahora prosiguiendo los que ya iniciara hace más de veinte años para narrar su vida: Une enfance laconique (Ed. P.O.L., 1998), Le premier amour (Ed. P.O.L., 2004) y Le première défaite (Ed. P.O.L., 2012).

Santiago H. Amigorena (Buenos Aires, 1962), cineasta y escritor trasladado a Francia a los once años se rescata con esta novela a sí mismo del mutismo en que su abuelo Vicente se sumió y que dejó en herencia a toda su familia.

El autor sabe lo que pesa el silencio sobre el alma humana, lo sabe porque lo sufre y es consciente de que para poder «olvidar» (es un decir, porque un trauma nunca se olvida), para poder al menos descargarse, debe contarlo, debe escribirlo. «Hace veinticinco años empecé a escribir un libro para combatir el silencio que me ahoga desde que nací», reza la breve introducción que habla del nacimiento de su obra anterior. Así es como Amigorena aborda la reconstrucción de la vida de Vicente Rosenberg, su abuelo materno, de ascendencia judía, nacido en Polonia, que a los treinta y ocho años emigró a Buenos Aires buscando la libertad y la independencia familiar y dejando atrás a su madre y dos hermanos.

Si bien la novela arranca en septiembre de 1940, cuando comienza a gestarse el enmudecimiento para el protagonista, la voz narradora omnisciente (en este caso identificada con el autor) vuelve la mirada hacia atrás para reconstruir la historia a partir del momento en que el abuelo llega a Argentina, en abril de 1928.

Él, que abandonó el hogar familiar en un intento juvenil de dejar atrás la opresión materna, se distancia de su familia sin corresponder a las frecuentes cartas que su madre le envía desde Polonia. Y, si bien el año de su partida no permitía intuir los terribles acontecimientos que muy pronto asolarían Europa, este hecho será decisivo para que en Vicente empiece a gestarse un profundo sentimiento de culpa que ya no le abandonará.

En este recorrido biográfico y con la ayuda de las dos perspectivas que incorpora la narración, la de Vicente alejado de Europa en aquellos años convulsos y la del narrador omnisciente que conoce los acontecimientos históricos posteriores, la novela da cuenta de hitos esenciales en relación con los hechos. Así sabremos de la desinformación en la que vivía el mundo respecto a los horrores desencadenados por el nacionalsocialismo (muy poca información trascendió a la prensa y solo al final de la guerra se publicó la existencia de los campos de exterminio y las cámaras de gas), de la evolución progresiva que sufrió el plan de aislamiento en guetos, de la insurrección del gueto de Varsovia y del exterminio de los judíos europeos, de cómo fue cuajando, en sus diversas fases, la llamada solución final, de cómo se crea la conciencia de identidad… Asimismo se nos avanzan (porque se dice de una información sobre los horrores en un diario antes del final de la guerra y cuando el protagonista da cuenta de su sentimiento) dos de los leitmotiv de la literatura sobre el genocidio nazi escrita por supervivientes: la incredulidad y la culpa por haber sobrevivido, y se informa y reflexiona sobre los diversos intentos de nombrar lo innombrable, aquel horror: Holocausto, genocidio, Hurbana o Shoah.

La culpa en que se debate Vicente Rosenberg es la protagonista principal de la novela, que va corroyendo su alma desde el momento en que comienza a intuir, por las cartas que recibe de su madre y después por la total ausencia de ellas y alguna que otra información, lo que pueda estarle sucediendo a su familia. El proceso de desmoronamiento personal del protagonista acaba por sumirlo en un estado del que probablemente nunca se recuperó; más tarde Vicente supo que su madre había sido deportada a Treblinka II, uno de los campos de exterminio más «eficaces». También supo que su hermano y su mujer acabaron en el gueto y el hijo de estos, de cinco años, deportado a Auschwitz.

El último capítulo, a modo de conclusión, ya no lo narra una voz omnisciente, sino una primera persona, directamente el autor del libro, que da cuenta de la muerte de los abuelos, de la necesidad de su escritura y de los beneficios de esta.

Cierra el libro una Nota del traductor, Martín Caparrós Rosenberg, primo del autor, quien, a su vez, escribió la historia desde su punto de vista, Los abuelos (https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/2683dea4-0027-451d-91d1-3dac45326f1a/los-abuelos).

La novela también ha visto la luz en catalán (Edicions 62). De Santiago H. Amigorena se ha publicado también en España Aquellos días que no olvidaré (Ed. Funambulista, 2015).

 

 

 

EL PODER DE LA VIVENCIA

Anna Rossell ©

Simone de Beauvoir
Las inseparables
Traducción de Amaya García Gallego
y Mª Teresa Gallego Urrutia
Editorial Lumen, 2020, 160 páginas

 

Un regalo sensible y sutil, esta novela, que ha visto la luz por primera vez tan tardíamente. Las inseparables, que la autora construye a partir de una etapa esencial de su biografía, es sensible y es sutil, porque, entre líneas y sin planteamientos teóricos evidentes, contiene, in nuce, los rastros axiales de las convicciones existencialistas de la autora. Beauvoir había publicado cinco años antes El segundo sexo, que la había convertido en referencia mundial del feminismo, pero los hechos que relata en la novela autobiográfica son muy anteriores.

Simone de Beauvoir
Redactada en 1954, el mismo año en que publicó Los mandarines, merecedora del Premio Goncourt, Beauvoir (París. 1908-86) narra en Las inseparables su amistad con Élizabeth Laco (Zaza). Y a primera vista parece una historia sencilla sin ambición, el relato de la confraternidad, los lazos emocionales e intelectuales que nacen entre dos niñas de nueve años, que coinciden en la escuela y comparten clase. Una amistad duradera, historia inspirada directamente en la vida real, que quiere rendir homenaje a Zaza, venerada por Beauvoir, muerta en noviembre de 1929.

Sin embargo, la novela, discretamente, pero con decisión, va mucho más allá de eso. Porque quien escribe lo hace con una mirada especialmente dotada para observar las facetas más sensibles de la vida y concluir de la observación las relaciones de causa-efecto.

Ubicada a finales de la década de 1910, en París, la narración hace un retrato sociológico de la atmósfera, los valores y la vida que caracterizaba el ambiente burgués conservador francés de la época, el caldo de cultivo a partir del cual la autora destiló su teoría existencialista.

A quien conozca la biografía de la autora no le será difícil identificar personajes y lugares, si bien en la novela están modificados y los detalles alterados —por otra parte, el epílogo desvela los secretos—, Sylvie y Andrée, nombres que las protagonistas adoptan en la ficción, crecen, como las amigas reales, en el seno de familias católicas conservadoras, pero es la familia de Andrée la que protagonizará la acción, como un retrato prototípico de lo que, enmascarado bajo un sublime velo de piedad y amor, termina por llevar a la tragedia a quien apunta cualidades de disidencia.

Andrée llama la atención de Sylvie ya en su primer día de escuela por su soltura y su seguridad. Ella, con Sylvie líder de la clase, que se perfila como un carácter autónomo y de inteligencia especialmente viva, es educada en la estricta observancia católica de la pureza, la sumisión a la autoridad paterna, la devoción, el respeto de las formas —ella y Sylvie se tratan de usted— y el servicio a los demás, entendidas como virtudes a cultivar. Segunda hija de la familia, como su hermana mayor, le espera el destino de un matrimonio acordado, que no se aviene con las inclinaciones que le han ganado el corazón. La veneración que Andrée siente por la madre, heredera de la misma tradición y también de una boda apalabrada, añade un obstáculo más a la posibilidad de rebeldía que la inclinación natural de la chica reclamaría. No es, pues, extraño que el final trágico de la chica, atormentada por la obsesión del pecado, atrapada entre éste y el deseo de libertad y privada de todo momento de intimidad, amenace a Andrée desde el principio, un destino que acabará sellando la enfermedad.

Sintomáticamente la novela está escrita en primera persona por Sylvie. Porque la suya es la mirada observadora, desde fuera. Ella ha dado ya un paso adelante hacia la autonomía (ha perdido la fe hace algún tiempo y se reafirma en esta decisión) y es quien puede darse cuenta del callejón sin salida en que está atrapada su amiga. De Sylvie sabremos bien poco, pero suficiente: ella ya se ha distanciado de la educación familiar y ello se debe hacer notar; en casa de Andrée la ven como una amenaza. Sabremos solo lo justo y necesario para hacer comprensible su admiración por Andrée, su comunión con un espíritu gemelo, una relación que muy probablemente la reafirmó en las convicciones existencialistas y feministas que, desde la infancia apuntaban en Beauvoir. Para ella, quien, a diferencia de su amigo Jean-Paul Sartre, basaba sus convicciones existencialistas en la problemática concreta que le ofrecían las situaciones vividas, la relación con Zaza y la escritura de esta novela representaron el alambique de condensación la primera y el escenario ideal la segunda, a través del cual podía demostrar la validez de las teorías existencialistas.

El libro, publicado también en catalán este mismo año por Angle Editorial, se cierra con el epílogo de la hija adoptiva de Beauvoir, Sylvie Le Bon de Beauvoir, y con un anexo de documentos iconográficos que aportan luz a la relación entre la novela y la autobiografía.

 

 

 

BORGES, CARPENTIER Y EL ADJETIVO

Ángel Gavidia Ruiz ©

 

Crecí estimando al adjetivo. Admirando a sus cultores. Disfrutando de esos sustantivos teñidos de policromos tonos gracias al adjetivo.

Mi padre, mi iniciador en estas lindes literarias, se había nutrido de Vargas Vila. A mí, una frase sin adjetivos me parecía una senda monótona y gris, sin árboles ni pájaros ni río ni quebradas.

Pero, andando el tiempo, vi cómo el adjetivo perdía prestigio. Incluso en el hablar cotidiano: “Aquella es una cuestión adjetiva”, “No ha dicho nada sustantivo”.

Alejo Carpentier
Un día tropecé con un ensayo de don Alejo Carpentier. Tiene el título de una sentencia: “Los adjetivos son las arrugas del estilo” y arranca así: “Cuando se inscriben en la poesía, en la prosa, de modo natural, sin acudir al llamado de una costumbre, regresan a su universal depósito sin haber dejado mayores huellas en una página. Pero cuando se les hace volver a menudo, cuando se les confiere una importancia particular, cuando se les otorga dignidades y categorías, se hacen arrugas, arrugas que se ahondan cada vez más, hasta hacerse surcos anunciadores de decrepitud, para el estilo que los carga”. Dice el maestro que cada época tiene sus adjetivos de moda, pero que, como toda moda, pasan, mueren. Hace notar la pobreza de adjetivos en los refranes populares, eternas verdades; refiere que los sustantivos y las “ideas verdaderas” permanecen siempre lozanas, no envejecen al contrario de los adjetivos, y termina con este párrafo que trascribo en su integridad: “Y la verdad es que todos los grandes estilos se caracterizan por una suma parquedad en el uso del adjetivo. Y cuando se valen de él, usan los adjetivos más concretos, simples, directos, definidores de calidad, consistencia, estado, materia y ánimo, tan preferidos por quienes redactaron la Biblia, como por quien escribió el Quijote”.

Jorge L. Borges
Jorge Luis Borges, por su parte, reivindica al adjetivo. “El idioma —dice— es un ordenamiento eficaz de esa enigmática abundancia del mundo. Lo que nombramos sustantivo no es sino abreviatura de adjetivos y su falaz probabilidad, muchas veces. En lugar de contar frío, filoso, hiriente, inquebrantable, brillador, puntiagudo, enunciamos puñal”. La nomenclatura es una cuestión práctica “es un santo y seña utilísimo que nuestra fantasía merecerá olvidar alguna vez”. Esto lo escribe en su ensayo Examen de las metáforas y no puedo evitar, a propósito de las metáforas y de esta suerte de condensación de adjetivos que resultaría en el sustantivo, la analogía de la materia y la energía, la primera como condensación de la segunda.

Nosotros tenemos un exitoso periodista que gusta de la adjetivación sin la cual su estilo sería irreconocible: César Hildebrandt. Goza de predicamento y aprecio entre muchos. Tuvimos, también, un poeta y narrador notable, el gran Abraham Valdelomar. Repasémoslo: “Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola / se deslizó en la paz de una aldea lejana / entre el manso rumor con que muere una ola / y el tañer doloroso de una vieja campana”. Y todos coincidirán conmigo que nada desafina en esta estrofa y a pesar del tiempo en que fue escrita permanece fresca y lozana (permítanme los adjetivos). Por otra parte, está Vallejo: “Sucediere ello así y así poniéndolo, / ¿con qué mano despertar?, / ¿con qué pie morir?, / ¿con qué ser pobre?, / ¿con qué voz callar?/ ¿con cuánto comprender, y, luego, a quién?”. Y, claro, su poesía de piedra aparece, sólida y rugosa, también firme en el tiempo.

Yo, en el centro, o en la disyuntiva no sé a qué atenerme. Es indudable que Carpentier en este aspecto tiene más adeptos. Hasta Chéjov en una carta anterior a don Alejo, en 1889, casi le enrostra a Gorky el uso de tantos adjetivos. Quizá digo, entonces, quedarnos con el consejo de don Horacio Quiroga: “No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un adjetivo débil. Si hallas el preciso, él solo tendrá un sabor incomparable. Pero hay que hallarlo”. Y allí está el reto, qué difícil hallar el adjetivo preciso. Bueno, el viejo Borges era un zahorí en su búsqueda y encuentro.

(Trujillo, 19 de febrero del 2022)

 

 

 

CON EL VIVO FULGOR DE UNA JOYA ANTIGUA

Luis Benítez ©

Adriana Hidalgo Editora, de Buenos Aires, distribuyó en librerías la nouvelle El final de los Villavide [1], de la autora francesa Louise de Vilmorin.

Clara y Julien, los últimos duques de Villavide, ya ancianos, carecen de descendencia. Aunque viven una existencia desahogada, en una magnífica heredad y rodeados constantemente de amistades, sufren la angustia creciente e imparable que el final inexorable de su dilatada dinastía les genera. Este es el núcleo existencial desde el que parte la extraordinaria poeta, narradora, guionista y periodista que fue Marie Louise Lévêque de Vilmorin (1902-1969), para edificar una muy lograda pintura de época que, no por tener una declarada fijación temporal, deja de abordar con ternura y hondura tanto emocional como conceptual los entresijos de la condición humana, sus altibajos y peculiaridades, confirmando que somos los mismos en cualquier tiempo y lugar, independientemente de la condición social y económica que nos haya tocado en suerte.

Louise de Vilmorin
La extrema elegancia de estilo evidenciada por la De Vilmorin no deja de ser un instrumento muy adecuado para, también, pegarle sus buenas estocadas a los aspectos más susceptibles de sátira de los usos, las manías y costumbres de la aristocracia francesa. Lo que desde luego desató un escándalo de dimensiones cuando, en 1937 y entreguerras, esta su segunda novela vio la luz de la imprenta y llegó a ojos que no deseaban verse retratados aquí y allá, en párrafos punzantes y muy bien dirigidos por la autora, experta conocedora del medio social al que pertenecían sus personajes.

La originalidad y la más cuidada prosa habitan las páginas de esta narración breve, que en algo más de un centenar de páginas se las arregla cabalmente para darnos una pintura minuciosa —al tiempo que compacta— de un período que no por pasado deja de interpelarnos sobre el presente. Es que el preciosismo de estilo, la referencia a castillos, añejas tradiciones, extravagancias patricias y todo el cotillón de puntualizaciones que realiza Louise de Vilmorin nos llevan a comprender que, más allá de las preferencias de genuinos vanguardistas y apresurados “vanguardosos” como hubo y habrá siempre, la genuina calidad de una obra se defiende y muy bien del paso del tiempo, tan impiadoso como quiere serlo con los duques de Villavide como con las obras que no obedecen al canon machacante de la posmodernidad.

Sin duda De Vilmorin en su La Fin des Villavide, tal el título en la lengua original, no posee el formidable horizonte abarcativo de La comédie humaine, de su compatriota Honoré de Balzac (1799-1850), ni el filo tan nostálgico como efectivo con el que la estadounidense Edith Wharton (1862-1937) disecciona y nos muestra la clase alta neoyorquina en su afamada novela The age of innocence —empleo apenas dos menciones desiguales de una lista que podría ser interminable—, pero su alto mérito radica en otra peculiaridad. Es un recorte preciso y bien delimitado, que logra su objetivo primero: mostrarnos cómo somos, nobles o plebeyos, apenas juguetes de nuestras propias pasiones, ilusiones y flaquezas en todo momento y en todo lugar.

Lo expresado en esta nouvelle está muy bien condensado por la propia autora en una frase de Clara, duquesa de Villavide. La encontramos en la página 9 de la muy lograda traducción del argentino Eduardo Berti para Adriana Hidalgo Editora: “Es excelente —dijo ella—, discreto como la tradición”.

 

[1] El final de los Villavide, ISBN 978-987-8388-93-9, Adriana Hidalgo Editora, 124 pp., Buenos Aires, Argentina, 2022.

 

 

 

ENCENDIDAS TEAS PARA LA OSCURIDAD. ANTOLOGAR SIN MÉTODO

Adán Echeverría ©


En septiembre de 2020, Zel Cabrera (Guerrero, 1988), liberó a la internet, para su descarga gratuita, la compilación Novísimas. Reunión de poetas mexicanas (1989 - 1999)”, que reúne a treinta autoras de poemas.

En un libro de 195 páginas, Zel entrega como “prólogo” un texto de dos cuartillas en los que expone un poco la “metodología” en la cual ha basado su selección: “mi intención al seleccionar a las autoras que forman parte de Novísimas. Reunión de poetas mexicanas (1989 - 1999), no es situar a las mismas dentro de un canon personal o una simpatía sino de proponer una ruta lectora, disponer de 28 nuevas posibilidades”; al parecer ya empezamos mal, pues la compiladora habla de 28 nuevas posibilidades para 30 autoras que reúne el libro. Zel agrega algo de crítica a otras antologías: “…tenemos que, por cada 5 autores, hay dos autoras, cuando hay suerte y la mano que selecciona tiene un poco de criterio para incluir poemas escritos por mujeres…”; y con este documento la antologadora pretende ¿hacer justicia?


Desde 1995, en un artículo titulado Antologías poéticas en México. Una aproximación hacia el fin de siglo, la profesora investigadora de la UNAM, Susana González Aktories, hizo este comentario, a manera de crítica: “En cuanto a las mujeres, es ya en si un hecho indignante que a estas alturas de la historia literaria se sigan elaborando antologías exclusivamente femeninas. Además, si se observa el vasto material poético que reúnen en este siglo las voces femeninas, se podrá encontrar la misma variedad de temas y de estilos que en los hombres, aunque, por supuesto, algunas obras de las poetas reflejan una lucha por ganar posición y reconocimiento, que sigue siendo una de las principales preocupaciones de la mujer en este siglo”. Se refería al siglo XX. ¿Algo ha cambiado en el siglo XXI?

Gran parte de las autoras convocadas por Zel Cabrera tendrían 6 años de edad, o no había nacido, cuando González Aktories ya denunciaba que la equidad en las antologías debería ser sobre la calidad literaria de lo que se decida reunir sin importar el sexo, sin importar el género de los autores o autoras convocados.

Zel no considera, en este documento que pone al juicio de los lectores de poemas, hacer un análisis de los textos que ha decidido reunir. Lo que sí hace es tratar de dar espacio a autoras que no sean exclusivamente de la Ciudad de México, sin embargo, tampoco incluye autoras que representen a los otros 31 estados de la República Mexicana.

Como apunte metodológico del libro que nos ocupa, sobresale lo siguiente: “…podemos encontrar escritoras […] que forman desde hace algunos años del amplio panorama de la poesía mexicana actual y cuyos nombres y trabajo vale la pena rescatar y ponerlos en la mesa para su estudio desde ahora.” Luego de lo apuntado, esto es más o menos lo que parece ser el método de selección: “escritoras cuyos nombres y trabajo vale la pena rescatar”.

Las treinta autoras seleccionadas por Zel Cabrera son las siguientes: Anaclara Muro Chávez (Michoacán, 1989), Andrea González Aguilar (Ciudad de México, 1989), Giselle Ruiz (Aguascalientes, 1989), Julia Piastro García (Ciudad de México, 1989), Ariana Ibáñez (Estado de México, 1990), Andrea Muriel (Ciudad de México, 1990), Lucía Cornejo (Sonora, 1990), Valeria List (Puebla, 1990), Brianda Pineda Melgarejo (Veracruz, 1991), Xel-Ha López Méndez (Jalisco, 1991), Ana Velarde (Ciudad de México, 1991), Nadia López García (Oaxaca, 1992), Elizabeth Camacho Lara (Baja California Sur, 1992), Clyo Mendoza (Oaxaca, 1993), Frydha Victoria (Nayarit, 1993), Katia Rejón (Yucatán, 1993), Moriana Delgado (Ciudad de México, 1993), Selene Ángeles Díaz (Ciudad de México, 1993), Irma Torregrosa (Yucatán, 1993), Argentina Linares (Guerrero, 1994), Nicté Toxqui (Veracruz, 1994), Mariel Damián (Ciudad de México, 1994), Priscila Palomares (Nuevo León, 1994), Cristina Bello (Michoacán, 1995), Estefanía Arista (Baja California, 1995), Rebeca Favila Montana (Chihuahua, 1995), Lucía Rueda (Ciudad de México, 1996) Cindy Hatch (Jalisco, 1997), Silvia Castelán (Estado de México, 1997) y Melissa del Mar (1999).

Particularmente cuando Zel Cabrera señala: “Entre los criterios con los que invité a estas novísimas autoras a ser parte de esta antología, estuvo el intentar incluir mujeres de diversos estados de la República Mexicana y no solamente poetas originarias de la Ciudad de México…”, parece que tampoco pone mucho empeño. Entonces ¿para qué señalarlo?

De las treinta autoras seleccionadas, el 26.7 % son nacidas en la Ciudad de México. Además, incluye a una chica nacida en Barcelona, España (Melissa del Mar), aunque la antologadora tiene el cuidado de solamente poner su año de nacimiento (1999), y no su lugar de nacimiento. ¿Por qué no poner su lugar de nacimiento, acaso por haber nacido en Barcelona, su trabajo y voz poética no es representativo de la poesía que ella escribe desde México? Ese siempre ha sido uno de los problemas que abarca el realizar compilados que digan: Poetas Mexicanos (Poetas Mexicanas, como en este caso), Poesía Mexicana. En vez de eso siempre será mejor cambiar el concepto por: “nacidos o radicados en México”.

De otros seis estados de la república se escogieron a dos autoras: del Estado de México, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Veracruz y Yucatán. Y sólo se incluyó a una única autora para nueve entidades federativas: Aguascalientes, Baja California (La autora la incluye como Baja California Norte, lo cual es un error. El nombre de la entidad es Baja California, para hacer una distinción de California, el estado de la Unión Americana, mientras que Baja California Sur, es para distinguir del estado de Baja California); otros estados con una sola autora son: Baja California Sur, Chihuahua, Guerrero (entidad de nacimiento de la compiladora), Nayarit, Nuevo León, Puebla y Sonora.

De esta forma de las 32 entidades federativas que forman los Estados Unidos Mexicanos (México), la compiladora incluyó a 29 autoras de 16 estados, y a una mujer española. Dejando afuera de su compilación a autoras de la mitad del país.

Estas son las entidades federativas de las que la compiladora, al parecer, no tuvo noticia de que hubiera mujeres poetas nacidas entre 1989 y 1999: Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Durango, Guanajuato, Hidalgo, Morelos, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala y Zacatecas.

Solamente por Tamaulipas recuerdo a Francia Perales (Ciudad Victoria, Tamaulipas, 1990), cuya voz poética bien pudo haber complementado este trabajo de Cabrera.

Un trabajo editorial que planeaba desde el inicio ser un documento para su distribución en PDF y de descarga gratuita, pudo tener una metodología con mayor fortaleza, dado que no había mayor inversión que el hecho de rescatar las novísimas voces poéticas de las mujeres nacidas o radicadas en México en el período señalado. Muchas horas de trabajo, eso sí; pero ¿no es lo que le corresponde hacer a todo buen compilador o antólogo?

El texto se extiende por 195 páginas, menos 11 páginas de créditos, blancas, portada y contraportada. Bien podrían haber sido 300 páginas y hacer un trabajo más completo, más robusto, que pudiera representar a una generación de mujeres nacidas o radicadas en México. Pero se decidió no aspirar a un trabajo completo.

De la misma forma que Zel Cabrera, dejaremos el análisis de los poemas para los lectores, o para una siguiente entrega. Entre tanto, disfrutemos de esta reunión de poemas.

 

Cabrera, Z. 2020. Novísimas. Reunión de poetas mexicanas (1989-1999). Editorial: Los libros del perro. Documento en formato PDF. 195 páginas.

 

 

 

EN QUIÉN CREEMOS

Miguel Arenas Martín ©


Hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, nos sería muy fácil establecer un ranking de quienes son las personas referentes de nuestra existencia. Bastaría ordenar por el número de seguidores en las redes sociales. Si así lo hiciéramos, los primeros puestos estarían copados por “youtubers”, “influencers”, futbolistas, cantantes —más o menos estridentes y provocadores—, personajes de “reality shows” y algún politiquillo de escaso nivel moral e intelectual. Y lo que es peor, todos negaríamos ser alguno de esos millones de seguidores de tan insignes seres humanos.

No es de extrañar, a la vista de lo anterior, que un sentimiento general de pesimismo invada a las sociedades occidentales o del llamado primer mundo. Dejo a un lado a los otros mundos, ya que, para ellos, nosotros somos sus referentes. Los que no tienen nada, quieren ser como nosotros porque piensan que nuestra vida es plena y llena de oportunidades. Y por eso, se empeñan en cometer nuestros mismos errores.

Necesitamos un rearme moral con urgencia y nadie, más que nosotros mismos, puede lograrlo. Gracias a las nuevas tecnologías se ha demostrado que pequeños pasos dados por seres individuales, si logran tener la trascendencia y repercusión adecuadas, pueden dar un vuelco a nuestro pesimismo.

Tenemos que empezar a creer en nosotros mismos y demostrarlo dando pequeños pasos individuales en la dirección adecuada. Nuestra vida debería ser un continuo aprendizaje. Sin olvidar que se aprende a vivir viviendo.

¿Cuáles son los ingredientes básicos con los que debemos cocinar, a fuego lento, la plenitud de nuestra vida? Para mi serían los que cito a continuación y bajo ningún concepto quiero parecer cursi. Necesitamos amar y ser amados. Debemos perdonar y ser perdonados. Hemos de acompañar y ser acompañados. Tenemos que enseñar y ser enseñados. Hay que perder el miedo a caerse y levantarse, a la vez que, si vemos caer a alguien, tenemos que ayudarle a levantarse.

¿Os parece imposible de lograr? Son pequeñas gotas de agua que, unidas a las de los demás, primero llenarán un vaso, luego un cubo y acabarán llenando ríos y mares. No nos debería ser más fácil buscar las dificultades que nos impiden caminar, que pensar en cómo sacarle partido a nuestra existencia.

Hemos de tener claro cuál queremos que sea el objetivo de nuestra vida, establecerlo en nuestro plan existencial, pelear cada día por él y buscar compañeros de viaje.

Si hacemos caso a los modelos que transmiten los referentes que mencioné al principio, podríamos pensar que el objetivo vital debería ser ganar mucho dinero, ser muy famosos, mandar mucho, ser deseados sexualmente y otro sinfín de sin sentidos. Y si además lo podemos conseguir rápido, mejor. Esto sería como aprender a vivir muriendo, porque un día después de que desaparezcamos nadie nos echará de menos. Fijaros en todos los problemas que ocasionan las herencias de los famosos y si alguien les echa realmente de menos.

Por contra, podemos aprender a vivir viviendo y haciendo cosas sencillas, pero que sean valoradas por nuestros compañeros de viaje y que nos hagan sentir como personas. Al ser humano actual nos falta autoestima y autoconfianza. Por eso nos dejamos llevar por el derrotismo y caemos en depresiones no siempre justificadas. Y esa es la razón de que nuestros referentes sean los falsos profetas de las redes sociales. También esta es la causa de que prefiramos seguir mandatos divinos o políticos, en vez de pensar por nosotros mismos, pelear por nuestros derechos y asumir nuestros deberes como habitantes de este mundo que nos ha tocado.

Otro futuro es posible si empezamos a creernos la fuerza individual que nos da nuestro presente. Os pido y os animo a que os lo creáis y hagáis un buen uso de vuestra valía individual, sea cual sea.

 

 

 

SOBRE LA COMPLICADA X

Héctor Zabala ©

 

El 16 de febrero de 2018 se produjo un fuerte terremoto en Oaxaca (México) y llamó la atención que muchos periodistas argentinos pronunciaran │oaksáka│ en lugar del correcto │oajáka│, tal como recomienda la Real Academia Española (RAE).

Lo incongruente (y divertido) era que algunos de estos periodistas pronunciaban │oaksáka, pero a la vez │méjico│ al vocablo México, afirmando con tozudez su particular y equivocado punto de vista, según la RAE.

 

De ahí este artículo referido a la letra X, letra complicada en castellano si las hay.

Para empezar, en su nombre no figura la propia letra que representa, cosa que ocurre solamente con la Q, cuyo nombre es cu, y con la W, cuyo nombre es doble ve o doble uve, según la región del mundo hispano. Tampoco se llama exe o xe (como quizá sería más natural, si curioseamos en buena parte del abecedario) sino equis, que, además, por si fuera poco, tiene por plural esa misma palabra. ¡Después no nos quieran convencer de que la X no es rara!

Y la cosa no termina ahí, ya que la X representa sonidos diferentes, según su etimología y el lugar que ocupe en el vocablo.

 

Veamos:

Caso 1) Los sonidos │ks│ y │gs│

En posición intervocálica o final de palabra, la X se pronuncia │ks│, es decir el sonido │k│ seguido del sonido │s│. Así ocurre por ejemplo en examen o relax, fonéticamente: │eksámen│y │reláks│.

Pero no nos alegremos demasiado porque en posición relajada (o sea, cuando no hay necesidad de aplicar énfasis), esas mismas palabritas admiten cambiar la │k│ por una │g│, con lo cual tenemos también como válidas para algunos: │egsámen│ o │relágs│ como pronunciación correcta. Todo esto solo para complicarnos la vida, y en especial la de los extranjeros que quieran (o deban) aprender nuestro bendito idioma.

Eso sí, bajo ninguna circunstancia (so pena de muerte civil a quien lo haga) se admite dejar la pronunciación │s│ a solas. Así que nada de │esámen│ o │relás│, porque el éxito no se dice │ésito│. Eso nunca. Es de mal gusto, un vulgarismo como acostumbraban decir nuestras viejas y queridas maestras del primario.

 

Caso 2) El sonido │s│

Tema aparte son las palabras iniciadas con X.

¿A quién se le ocurre empezar una palabra con esa letra? Solo a los antiguos griegos. Pero nuestros ancestros de habla hispana lo solucionaron fácil: primero, empezaron por adoptar muy pocos de esos raros vocablos helénicos, y segundo, toda palabra iniciada con equis la pronunciaron como │s│ y sanseacabó.

Así que nada de │ksilofón│ para pronunciar xilofón, digamos siempre │silofón│; aquí esto sí es un éxito, aunque suene a │ésito│. Lo mismo para xenofobia, xenófobo, que se pronuncian: │senofóbia, senófobo│. Y aunque el vocablo no figure aún en el Diccionario de la RAE, nada de llamar │ksantófilas│ a las algas xantófilas, pues con │santófilas│ seguro que la Academia las santificará oralmente. Así que oremos para que las reconozca pronto como hijas propias.

Aunque en posición final de sílaba seguida de consonante, se pronuncie como │ks│ o │gs│ entre los hispanoamericanos (caso 1): vgr. excusa │ekskúsa, egskúsa│, extremo │ekstrémo, egstrémo│, cuestión que imita la pronunciación culta de España cuando allá aplican el modo enfático, la pronunciación más generalizada entre los peninsulares es │s│, pese a todo: exponer │esponér│, exfoliante │esfoliánte│, según algunos autores.

 

Caso 3) El sonido │sh│

Allá en el Medioevo nuestros ancestros lingüísticos no tuvieron mejor idea que graficar como X el sonido │sh│. Algo así como hacen hoy los ingleses con su sh o los franceses con su ch. O los porteños cuando usamos el lunfardismo shusheta, que significa algo así como petimetre (en letras de tango, hay más de un ejemplo).

Hoy ese sonido │sh│ desapareció del mundo castellano, solo queda el ¡shi! para imponer silencio. A tal punto el sonido │sh│ se puso tímido para volver a nuestro idioma, que hasta la misma RAE se resiste a registrar esta interjección en su sacro Diccionario, aunque oigamos a cada rato shi o shiii antes de cualquier acto escolar, pieza de teatro o discursito de algún salvador de la patria. Y, ojo, que se escucha bien claro el │shí│, no un │sí│ en todos estos casos.

De ahí que en aquellos tiempos medievales se escribiera dixo, traxo, pero se pronunciara │disho│ o │trasho│. Son palabras que hoy se escriben y pronuncian dijo, trajo, porque en líneas generales la arcaica equis fue reemplazada en su grafía por la moderna jota a partir del siglo XVI.

Esto si exceptuamos unas pocas palabras derivadas del náhuatl, como Xola │shóla│, Xicalango │shikalángo│ y mixiote │mishióte│, que insisten en mantener el sonido arcaico.

No así en Xochimilco, en la que se optó por aplicar la forma genérica del punto 2): │sochimílko│, aunque de griega esta equis no tenga ni jota.

 

Caso 4) El sonido │j│

El sonido velar fricativo sordo │sh│ de la X castellana evolucionó en sonido palatar fricativo sordo │j│; de ahí que consecuentemente muchas palabras españolas pasaran a escribirse con jota en vez de seguir con la vieja equis.

Después de medio milenio, esto ocurrió en la mayoría de los casos. Pero he aquí que en México muchos topónimos y algún apellido o nombre no siguieron la regla general y mantuvieron la X en la grafía, lo cual viene a complicar un poco más el asunto.

Así, más allá de que conserven la X escrita, esta letra debe pronunciarse como jota │j│ en casos como los siguientes: México, Texas, Oaxaca, Xalapa, Ximena, Ximénez, Xavier, Mexía, mexicano, texano, oaxaqueño...

 

Caso 5) Una evolución algo anárquica

Para complicar más, hubo casos en que la X derivó en G cuando se trataba de las sílabas xe, xi. La localidad de Sanxenxo en Galicia, que en castellano se escribe Sangenjo, es un ejemplo significativo. También hubo algún apellido como Muxica que derivó en Mujica y hasta en Mugica. O el de Ximénez que pasó a ser Jiménez, pero también Giménez.

Sospecho que algo así debió pasar con el nombre Genaro, pues existen (o existieron) sus variantes Xenaro y Jenaro, cosa que prueban los nombres de dos pintores gallegos (Xenaro Carrero Fernández, 1874-1902, y Jenaro Pérez Villaamil, 1807-1854).

 

Caso 6) El sonido que nunca evolucionó

Siguiendo con el anarquismo, algunos topónimos españoles terminados en X como Almorox, Borox, Guadix y Sax se pronuncian usando el sonido │ks│, pese a que sus gentilicios se escriban con jota: almorojano, borojeño, guadijeño y sajeño.

 

En fin, como vemos, la aparentemente retraída X, una de las últimas en la fila del abecedario, se trata de una chica que se las trae... ¡y cómo!

 

 

 

Nuevo colaborador

 

MIGUEL ARENAS MARTÍN

 

Escritor nacido en 1959 en Madrid, España. Tras una larga carrera profesional en el mundo de las nuevas tecnologías decide empezar a escribir.

En 2019 publica Doble Vida en el Laberinto (Ediciones Alféizar). Una novela que usa a un androide como gancho futurista para armar la historia. La obra analiza las consecuencias de las decisiones que tomamos y cómo afectan a las personas que amamos. Busca demostrar que, pese a todo, siempre hay una puerta abierta para recuperar el amor.

En 2020 publica La Realidad que el Espejo Esconde (Neverland Ediciones). En esta novela, el protagonista empieza a repasar lo que ha sido su vida. Es como si se colocase delante de la soledad de un espejo para repasar su pasado y su presente e imaginar el futuro que le gustaría. En esa reflexión, íntima y personal, descubre a otros personajes que se miran en los mismos espejos y surgen las inevitables comparaciones.

En febrero de 2021, autopublica 2039 Mis Sueños Ficción. Es un conjunto de ocho relatos, bajo el recurso literario de fingir que sueña el mundo del 2039. Nos cuenta como cree que serán, en ese año, algunas de nuestras facetas de la vida: el ocio, el sexo, la educación, etc.

Escritor tardío y amante de la vida, escribe sobre temas que hagan pensar y a la vez diviertan. Busca enganchar al que lea sus obras. Habla de la vida que conoce y de la que imagina o sueña. Sus obras nos llevan a escenarios imprevistos, pero siempre dejan un saldo positivo y de confianza en el ser humano.

Un par de sus poemas pueden leerse en el Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 91:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/09/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

miguelarenasmartin.mam@gmail.com

 



REALIDADES Y FICCIONES
—Revista Literaria—

Nº 52 – Diciembre de 2022 – Año XIII
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral

EX-2022-110593089- -APN-DNDA#MJ del 18/10/2022, incorporado a RL-2018-52429319-APN-DNDA#MJ, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina.

Propietario y director: Héctor Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
zab_he@hotmail.com
http://hector-zabala.blogspot.com/
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 40:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2019/12/realidades-y-ficciones-revista.html
 

Colaboradores

Corrección general:
Noelia Natalia Barchuk Löwer
Resistencia (Chaco), Argentina
alfana79@hotmail.com
http://noelia-barchuk-literatura.blogspot.com.ar/
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 88:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/12/suplemento-derealidades-y-ficciones-n.html



Ilustración de carátula y emblema:
Mónica Villarreal
Scottsdale (Arizona), Estados Unidos
Monterrey (Nuevo León), México
monvillarreal@hotmail.com
@mon_villarreal
https://www.facebook.com/monvillarreal22
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 17:
http://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com.ar/2014/06/
 

 

COLABORARON EN ESTE NÚMERO:


• Fernando Sorrentino, Acassuso (Buenos Aires), Argentina
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 20:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2015/03/revista-20-realidades-y-ficciones-en.html
y en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 75:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2017/12/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html
http://www.fernandosorrentino.com.ar/
fersorrentino@gmail.com

• Anna Rossell, Barcelona (Cataluña), España
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 11:
https://ca.wikipedia.org/wiki/Anna_Rossell_Ibern
https://www.annarossell.com/
https://es.wikipedia.org/wiki/Anna_Rossell_Ibern
https://twitter.com/Raboliut
https://www.facebook.com/annarossellliteratura
arossellib@gmail.com

• Luis Benítez, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 64:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com.ar/2015/03/suplemento-64-realidades-y-ficciones-en.html
lb20032003@gmail.com

• Ángel Gavidia Ruiz, Trujillo, Perú
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 22:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com.ar/2015/09/realidadesy-ficciones-revista-literaria_1.html
angelgav@hotmail.com, agavidiar@gmail.com

• Adán Echeverría, Mérida (Yucatán), México
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 26:
http://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2016/09/realidades-y-ficciones-revista.html
adanizante@yahoo.com.mx

• Miguel Arenas Martín, Madrid, España
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 52
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2022/12/realidades-y-ficciones-revista.html

• Héctor Zabala, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

• Noelia Natalia Barchuk, Resistencia (Chaco), Argentina

• Mónica Villarreal, Scottsdale (Arizona), Estados Unidos – Monterrey (Nuevo León), México

El listado completo de colaboradores se encuentra a la derecha del blog bajo el acápite COLABORADORES de Revista REALIDADES Y FICCIONES.

REVISTA: http://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/
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SUPLEMENTO: http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
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Las opiniones vertidas en los artículos de esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor pertinente.

“Realidades y Ficciones”
Mónica Villarreal (2014)
acrílico y óleo sobre
papel-lienzo, 30 cm x 30 cm
 

2 comentarios:

  1. Mi estimado Héctor recientemente le envié por correo electrónico las normas para colaborar tanto en la revista como en el suplemento Muchas gracias

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  2. Mi estimado Héctor Zavala recientemente le pedí por el correo electrónico el envío de las normas para colaborar tanto en la revista como en el suplemento Muchas gracias

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