sábado, 1 de diciembre de 2018

REALIDADES Y FICCIONES
—Revista Literaria—
Nº 35 – Diciembre de 2018 – Año IX
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral

Inscripción gratuita como LECTOR
si escribe a zab_he@hotmail.com
indicando nombre y apellido, ciudad y país
(se le avisará cada nuevo número trimestral).

“Koi Flying Fish” (Pez volador koi)
Mónica Villarreal (2017)
(Acrílico sobre papel, 14" x 11")
Serie “Flying Fishes” (Peces voladores)

Sumario
• Ojos que se despeñan página abajo. Prólogo a “Cambio de rasante”, novela de Jimena Tierra. (Rosario Curiel)
• Los concursos. (Noelia Barchuk)
• Novelas de verdad. (Francisco Estupiñán)
• Mucho más que una biografía. “La mujer que disparó a Mussolini” de Frances Stonor Saunders. (Anna Rossell)
• La pubertad de los padres. “Els escarxofats” de Michele Serra. (Anna Rossell)
• “Operación Madagascar”, X Premio Tristana de Novela Fantástica. (Luis Benítez)
• Sobre los nombres de las letras castellanas. (Héctor Zabala)
• Nuevos colaboradores de Realidades y Ficciones:
         • Rosario Curiel, Leida (Cataluña), España.
         • Francisco Estupiñán, Las Palmas de Gran Canaria, España.


OJOS QUE SE DESPEÑAN PÁGINA ABAJO
(Prólogo a Cambio de rasante, novela de Jimena Tierra)
Rosario Curiel ©

Un cambio de rasante es ese lugar en el que no puedes ver qué hay después de la pendiente que se levanta ante tus ojos. Es el momento de la verdad: o adelantas o esperas a que el resto del mundo decida por ti, mientras maldices tu falta de iniciativa detrás de ese camión que siempre aparece cargado de dudas. El asfalto es eso pegajoso que se adhiere a nuestras ideas de seres humanos que huyen hacia algún lado, por cualquier carretera. Huyes hacia la nada. Hacia el infierno. Hacia ti mismo.
Arrancas el motor de las ideas. Abres este libro. Pasas páginas. Contienes la respiración hiperventilada. El código de circulación recomienda ser prudente y no adelantar, pero en esta novela no te apetece ser prudente. Quieres apurar el vértigo del silencio y acelerar en busca del sentido de la marcha.
Si profundizamos en la clásica cuestión «¿Qué sentido tiene la vida?», veremos que es una pregunta falsa. La vida existe más allá (o más acá) de lo que nos preguntemos. ¿Qué sentido tiene la muerte? Si somos sinceros, tampoco es darle sentido a la vida. La muerte es el final de un camino de preguntas que siempre obtienen el silencio por respuesta.
Jimena Tierra
El silencio espolea el deseo: el deseo de la vida perdurable, de la eterna juventud, de vivir lo más y lo mejor posible. Pero cuando el ser humano toma este camino acaba pronto en la senda de aquellos que creen poder dominar la biología humana como si fuera una máquina. En este punto, la cuestión sobre humanos y sobrehumanos, sobre seres inferiores y superiores, sobre individuos desechables y humanos conservables, atraviesa las páginas de Cambio de rasante como ese coche que se acerca con un rugido de desprecio por lo que de verdad es humano: la imperfección, la enfermedad, todo aquello que nos hace recordar que la vida va en serio. Que se acaba, que nos duele, y que por eso es un bien precario.
Ante el dolor, el ser humano se explica historias: esta, por ejemplo. Una historia sobre esa vida que no quieres llevar: la de la soledad. Las cucarachas, los gusanos de la traición y la mentira son las plagas que pueden infectar nuestra ruta con los demás, y por eso es necesario apoyarnos los unos en los otros, transformarnos en nuestros propios animales de compañía: fieles, sin preguntas, confiados en el flujo de los días de una vida de verdad que se renueva. La de mentira se repite a sí misma en una hibernación autocomplaciente y nos lleva a la muerte mental.
Jimena Tierra nos lleva de viaje a lo largo de estas páginas y nos conduce por todos estos caminos sin temor y sin concesiones: con mano firme de narradora que sabe muy bien lo que hace y lo que ve, nos pone por delante un mundo tremendo en el que la lucha por la supervivencia y el proceso de selección natural se invierten a menudo: las presas acaban venciendo a los depredadores en este tránsito en el que los inadaptados, los incapaces, se reúnen donde cruzan ruedas la novela de detectives, el thriller, la ciencia ficción y la novela de aventuras. Y todo esto sucede a través de una trama bien urdida, a veces vertiginosa, plagada de grandes descripciones que nos hacen ver lo invisible y percibir lo imperceptible.
Cambio de rasante denuncia la historia de la gente metida en latas de conserva a las que llaman vida (supuestamente) feliz. Desde la decadencia del ser humano, un ser que malvive entre paredes mugrientas de recuerdos robados, late el engaño en el que se apoyan muchas vidas. Asistimos aquí a la crisis del individuo moderno: un individuo-simulacro que se mueve entre apariencias de sentimientos. Para llegar a tiempo a ser nosotros mismos hay que reinventar el tiempo, convertir la duda en sistema fiable de conducción.
Hartas de las frases políticamente correctas, de las falsas verdades que se venden adheridas al concepto del bienestar humano administrado por unos poderes que vigilan y manipulan la justicia y unos sistemas de mercado en los que todos (los personajes, tú, yo, nosotros) somos material fungible e intercambiable, las presas cazan a los depredadores. Hartas de ser cobayas, las víctimas de esta historia llena de sangre y recuerdos trasplantados, reinventan su tiempo: lo hacen suyo, se apropian de él. Y así resulta que la resiliencia vence a la selección natural: ganan los que resisten. La perfección, la dorada mentira de los más fuertes, no deja de ser vida estéril.
Saber quién se es implica volver a las raíces en esta sociedad que preconiza el olvido de todo: el olvido transforma al humano en consumible, en rata de laboratorio. En cieno humano. Por eso hay que buscar el cielo. Por eso hay que atreverse a avanzar.
Un cambio de rasante es ese lugar en el que está prohibido adelantar porque la visibilidad es nula. Por más que miremos —a lo lejos, arriba—, no podemos adivinar lo que nos espera. Cualquiera que aparezca en contra dirección se transforma en nuestro enemigo mortal. Por un momento impera el silencio. Lees estas líneas. Los ojos se despeñan página abajo, pero sigues adelante: sabes que en algún momento recuperarás la visibilidad.

Nota de prensa (abreviada):
Jimena Tierra nos atrapa con una nueva novela. La autora polivalente, conocida por su manuscrito Equinoccio (Grupo Tierra Trivium, 4ª Edición), nos sorprende con una trama actual y asfixiante, que juega con la concepción del envejecimiento desgranando los avances de la ciencia y ahondando en un abismo de graves conflictos éticos y morales.
Cambio de rasante no es solo un thriller de ficción. Se trata de una crítica feroz hacia un sistema capitalizado en el que los valores inherentes al ser humano se han perdido.
Con prólogo de Rosario Curiel —finalista en los premios de novela Nadal (2006) y Fernando Lara (1996)— y la colaboración orientativa de María Blasco Marhuenda (directora del CNIO), Cambio de rasante se convierte en la segunda novela negra de Jimena Tierra, situando a algunos de los personajes de su primera trama —como son los detectives privados Anastasio y Verónica Rojo—, en la Universidad de Albahaca, perfectamente reconocible como El palacio de la Magdalena de la ciudad de Santander.
La autora firmó ejemplares de Cambio de rasante y Equinoccio en la Feria del Libro de Tres Cantos, en la caseta nº 12 destinada a Grupo Tierra Trivium, el día 16 de mayo, de 17:30 – 20:00.


JIMENA TIERRA

Nació en Madrid, en 1979. Es licenciada en Derecho Fiscal por la UAM y ha desarrollado su pasión por el periodismo literario colaborando durante un amplio período en los espacios culturales de El invierno de las letras, iHistoriArte, Solo Novela Negra y Todo Literatura. Cultiva relato corto, poesía y novela. Ha sido galardonada en los siguientes certámenes: AVINESA (2013), con Mi marido es perfecto; Ediciones Saldubia (2014), con Escombros; Atrévete a Rimar Aragón con Sueño (2014), con La vida es Aragón, la vida es sueño; Don Manuel (Moralzarzal, 2017), con No fue un verano cualquiera. Asimismo, combina la escritura con la dirección del Grupo Tierra Trivium. Un nuevo modelo joven, comprometido con valores sociales, emprendedor e innovador, que trata de aportar una perspectiva diferente al proceso de edición actual.
Su primera novela, Equinoccio  (ed. Grupo Tierra Trivium), es el resultado de tres años de investigación en el campo de las ciencias ocultas y el satanismo. Habiendo sido presentada en emblemáticos lugares como el Café Gijón o el Retiro en 2016, ha alcanzado su cuarta edición. Con Cambio de rasante, A & V Rojo, detectives privados, ahondarán en los aspectos más oscuros del ser humano.
Otros títulos de la autora: Conozco tus secretos (ed. Grupo Tierra Trivium), entrevista en Hablar de libros es bueno (ed. Playa de Ákaba), relato ilustrado La muerte de Cronos de la antología Doñana es arte (Suseya ed.).

Más sobre sus obras y trayectoria en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 56:


Currículo de Rosario Curiel en este Nº 35 de Realidades y Ficciones – Revista Literaria.



LOS CONCURSOS
Noelia Barchuk ©

Una costumbre del ambiente literario es organizar, promover o participar de concursos. Para los que escribimos es una gran oportunidad de dar a conocer nuestro material a ojos calificados. En palabras del escritor Héctor Zabala, metafóricamente hablando, los concursos literarios son la zanahoria delante del burro. Con esta magistral imagen, nos quiere significar que constituyen un importante estímulo para avanzar. Nos sentimos motivados a escribir, sea que nos den el tema o no.
Para que los lectores puedan comprender más acabadamente el asunto, intentaré brindar la mayor cantidad de detalles y puntos de vista al respecto. Para los colegas que presten su tiempo en leer estas palabras, aspiro a provocar la empatía y una sonrisa. Pues bien, la cosa es así: cuando nos enteramos de un concurso o certamen literario, nos tiramos de cabeza. Por un momento, nos atontamos y perdemos noción de todo lo que no tenga que ver con EL CONCURSO.
Algunos, raudamente como si viniera el fin del mundo, comparten las bases por correo electrónico, Facebook, Whatsapp y hasta llaman por teléfono para comunicar la novedad a sus pares. Otros, muchos menos solidarios y más competitivos, guardan bajo siete llaves las mismas como un gran tesoro que solo ellos merecen poseer. Por mi parte, no eludiré mi posición: en el medio de ambos extremos, porque comparto con amigos. Y se sabe que amigos en el medio hay muy pocos. Así que si el colega ha recibido de mi parte en alguna ocasión bases de participación, alegre el corazón que lo estimo mucho.
Una cosa muy importante de los concursos es el premio. Algunos son en vil metal, en forma de plaquetas y diplomas, los hay en especie, como lotes de libros o viajes con estadía paga para poder presenciar la entrega de premios. La idea generalizada a lo largo del tiempo que quien es artista vive por amor al arte y no al dinero, resulta hoy día una falaz idea. Nada hay de malo recibir un premio en las unidades monetarias del lugar. No quita valor al escritor ni a su obra. ¿Acaso, lo mío no vale plata? La frase popularmente acuñada hace referencia a la mirada aportada.
Es muy importante para los inexpertos autores la recomendación que además de leer en qué consiste el premio, se tomen el suficiente tiempo para comprender cada uno de los ítems de las bases. Tener presente el tema, las condiciones etarias, de residencia y nacionalidad, las características formales de la obra como ser tipo de letra, tamaño, márgenes. Parece la enumeración como muy elemental y básica, pero puedo asegurar que ocurren episodios de malgastar tiempo y recursos, enviando erróneamente el material a concursar.
También son relevantes los plazos de entrega, la fecha de dictamen, el tiempo y lugar de ceremonia para los galardonados. Cumplir todos los requisitos es solo el comienzo de la experiencia del participante. Si la obra que ya tiene escrita el autor se ajusta a las bases, ya se siente algo aliviado: hace las copias necesarias, adjunta algún soporte magnético si lo requieren, busca sobres y en breve despacha por correo postal su sueño.
Digo bien, “sueño”, porque cuando nos desprendemos de un cuento, un poema, una novela para enviar a un certamen, se convierte en un anhelo ferviente. Es la posibilidad de hacer volar del nido a nuestros pequeños. Hijos de tinta y papel, que demostrarán la calidad de su creador, compitiendo con otros tantos semejantes.
Menos romántica y más práctica resulta la oportunidad de concursar a través de una plataforma digital o enviando por correo electrónico la obra. Como todo en la vida, tiene su lado oscuro. Son bastante más proclives de resultar engañados por una eventual copia del trabajo, al ser este mucho más fácil y accesible. Otro punto a tocar al respecto, son las redes sociales, que no siempre la popularidad es sinónimo de excelencia. Así una obra puede resultar ganadora por la cantidad de “me gusta” lejos de la calidad perseguida en principio.
Así, pasan los días, hasta que por fin llegan noticias del concurso. Esto debería hacer tomar conciencia al autor, que más allá del resultado, ha participado de un certamen serio. Los hay aquellos que nunca dan a conocer el dictamen del jurado, haciendo sospechar la idoneidad de los organizadores.
Nos acomodamos mejor al teléfono, la silla o pantalla y leemos en voz alta. La mayoría de las veces, el escritor no gana, y es esa la más lógica de las probabilidades. Algunos se encogerán de hombros, otros dirán que no les importa, y habrá quienes pondrán en duda la validez de los seleccionados. Los matices son muy amplios, y aburridos para analizarlos en este contexto. Pero, hete aquí, si resultamos ganadores… ¡Ay, quién nos aguanta! Saltamos de felicidad, creemos que la vida al fin es justa y que de allí, al Nobel, un solo paso.
Si aún me acompañás leyendo, me permitiré una breve sugerencia a modo de reflexión: Si ganaste, que la alegría dure lo suficiente para no perder la cabeza ni volverse unos insoportables hedonistas agrandados. Si perdiste, que no cuelgues los guantes sintiéndote fracasar, siempre habrá un nuevo concurso para volver a dar pelea. Pero por sobre todo, que escribir siga siendo una pasión.

Currículo de Noelia Barchuk en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 72:




NOVELAS DE VERDAD
Llegan a los lectores nuevas formas que renuevan la literatura y la reconcilian con su función.
Francisco Estupiñán ©

La novela, sin poder renunciar a la verosimilitud, toma diferentes caminos para llegar al lector. Está esa literatura fácil hecha para quienes son afectos a lo romántico. También esa otra de acción bizarra inspirada en la dominante cultura audiovisual. Digamos que existe una prosa de mero entretenimiento y no muy fiel a la congruencia, aunque en ocasiones escrita con oficio. Son obras que no responden al tópico horaciano de que la función literaria debe aunar lo dulce y lo útil, la belleza y el conocimiento. Su único propósito es entretener.
Pero existe otra literatura capaz de hacer realidad esa transmisión de conocimiento y que, en los últimos tiempos, está contando con el favor de editoriales y crítica. Es el caso de éxitos como Patria, de Fernando Aramburu, o Derecho natural, de Martínez de Pisón, por citar dos ejemplos notables. En ambas obras, la trama nos sitúa y nos ayuda a comprender dos momentos históricos, como lo fueron la transición política española o la fractura de la sociedad vasca a causa del terrorismo. Contribuyen a la reflexión sobre realidades próximas, vividas por el propio escritor, cruciales para la España contemporánea más allá de sandeces doctrinarias o simplificaciones sensacionalistas.
Este tipo de abordaje de la novela ni es nuevo ni exclusivo de la literatura española, ya se ha practicado en otros países de América y Europa. De hecho, parece pujante en Francia, como es el caso de Pura vida, de Patrick Deville, novela en la que se mezclan por igual las andanzas del autor por América Central y la recreación de la vida del aventurero William Parker. Es una obra de 2004 que ahora ha sido traducida al español y editada con el prestigioso sello de Anagrama. En sus páginas comparten protagonismo con Deville el visionario norteamericano citado, Augusto César Sandino, Ernesto Cardenal o el flamante Premio Cervantes, Sergio Ramírez.
Más reciente es El orden del día, de Éric Vuillard y publicada en nuestra lengua por Tusquets. Nos narra, desde la reconstrucción ficcional, la alianza entre el nazismo y las grandes firmas industriales alemanas para que el primero alcanzara el poder e intentara el dominio de Europa. Más dulce et utile imposible.
Esta forma literaria de hacer, en la que el protagonismo lo tiene la realidad histórica y social, también encuentra otras voces en nuestra narrativa última, además de Aramburu o Martínez de Pisón. Es el caso de Recordarán tu nombre, de Lorenzo Silva, donde se nos cuenta, desde el punto de vista de la primera persona, la peripecia vital, y no menos mortal, del general de la Guardia Civil Aranguren en la Barcelona de la Guerra Civil.
También de este año, El asesino tímido, de Clara Usón, en la que esta, de forma más que brillante, mezcla en su coctelera narrativa a la fallecida actriz del destape Sandra Mozarovski y al rey Juan Carlos I, a Ludwig Wittgenstein y Camus, a la propia autora y su nada fácil vida personal y familiar. Sobre estos ingredientes, se construye un documento literario sobre la autodestrucción personal en el que se hace alarde tanto de imaginación como de erudición, tanto de documentación como de voluntad estilística. Y el verdadero protagonismo lo tiene un país que pasa de la dictadura a la democracia bajo los efectos de las anfetaminas.
Pero este acercamiento literario a la verdad es capaz de traspasar las últimas fronteras de la realidad, encontrar los límites de la imaginación en el presente para embarcarnos en un pasado tan real como aleccionador. Es el caso de la magistral Señales de humo, de Rafael Reig. Subtitulada Manual de literatura para caníbales I, un moderno Quijote, demente y viajero del tiempo, nos pasea desde su reclusión por la historia de las bellas letras, gracias a su pretendida amistad y trato con el Arcipreste de Hita, Petrarca o Lope de Vega.
Y no menos trasgresión encontramos cuando la literatura se construye sobre el futuro con absoluta honestidad creativa y da como resultado la polémica distopía Sumisión, de Michel Houellebecq.
En fin, en una época donde domina lo efímero, en la que la docta autoridad, sea moral o literaria, carece de valor, hay escritores que se empeñan en nadar contra corriente para llegar al fondo; como siempre ha ocurrido, no obstante. Y nos quieren sumergir en la honestidad, en los enunciados bellos y ciertos en los que el placer literario y el conocimiento conviven sin extravíos. En páginas donde la literatura cumple su auténtica misión, en el estricto sentido de la crítica literaria: cuando el arte tiene naturaleza de verdad.

Currículo de Francisco Estupiñán en este Nº 35 de Realidades y Ficciones – Revista Literaria.
Email: pacoestupina@gmail.com



MUCHO MÁS QUE UNA BIOGRAFÍA
Anna Rossell ©

Frances Stonor Saunders, La mujer que disparó a Mussolini.
Traducción de J. Manuel Méndez.
Capitán Swing, Madrid, 2014, 428 págs.

Stonor Saunders (1966), historiadora y periodista británica, colaboradora en The Guardian, New Statesman y en Radio 3-BBC, ejerce periodismo de investigación, aquél que exige trabajo pormenorizado e inteligente para sacar a la luz cuestiones que han quedado ocultas u olvidadas y la verdad reclama. Ello la ha llevado a sumergirse en la vida de Violet Gibson (1876-1956) —la mujer que atentó contra Mussolini—, quien, habiendo podido cambiar el curso de los acontecimientos, pasó por la historia sin pena ni gloria y murió abandonada en el manicomio de St. Andrew —Northampton— treinta años después.
Frances Stonor Saunders
Pero pasa con frecuencia que las pesquisas de los investigadores acaban arrojando menos luz sobre el tema estudiado que sobre lo que encuentran a su paso. Es lo que sucede en este ensayo, escrupulosamente escrito y documentado, cuyo propósito es trazar la biografía de Gibson y que, sin errar su objetivo, resulta más informativo en aspectos colaterales —aunque no menos importantes— que en lo que concierne a su primera intención: develar los motivos que movieron a Gibson a su acción.
Stonor Saunders dibuja el recorrido vital de su protagonista estudiando el entorno sociopolítico y religioso en el que creció. Nacida en el seno de una honorable familia unionista protestante —hija de lady y lord Ashbourne, procurador general de Irlanda—, Violet, que se perfilaba como una mujer autónoma, simpatizó con el nacionalismo irlandés. Espiritualmente inquieta, frecuentó la Ciencia Cristiana, de la que se distanció para acercarse a la teosofía —movimiento filosófico-religioso-esotérico, proclive al feminismo y al socialismo— hasta convertirse al catolicismo a los veintiséis años. Se estableció en Roma y practicó devotamente el catolicismo hasta su muerte con episodios de radicalidad. Este dato y el hecho de que Violet declarara haber simulado locura tras el atentado para escapar a la prisión, dificultan la respuesta de Stonor Saunders a la cuestión que plantea: ¿actuó Gibson por su cuenta o fue el instrumento de una conspiración internacional contra el fascismo? Lejos de aclararlo, los indicios abren otro gran interrogante, que la autora tampoco logra despejar: ¿sufría Violet ofuscación mental momentánea? Los hechos, sus declaraciones y los informes médicos no facilitan las cosas: antes de su frustrado atentado contra Il Duce el 7 de abril de 1926 en la Piazza del Campidoglio de Roma, ella había intentado suicidarse disparándose en el pecho, para encontrar la muerte “glorificando a Dios” y declaró varias veces que al disparar contra Mussolini “seguía órdenes divinas” y que hubiera atentado gustosa contra el Papa por considerarlo igualmente autoritario y antisocial.
En su intento de hacer justicia a Gibson y ante la imposibilidad de obtener más luz, Stonor Saunders arropa documentalmente su figura. Así se adentra en la historia de Irlanda desde los tiempos de la Home Rule, el Acta de Unión y la Liga Gaélica con la intención de transmitir el ambiente en el que Violet pudo haber desarrollado su conciencia social y se acerca pericialmente a aquellos (individuos e instituciones) que en su misma época eran considerados cuerdos y hasta guardianes de la salud mental de otros. Ello la lleva a comparar rasgos de la personalidad de Mussolini con los de Violet, y a estudiar el funcionamiento de las instituciones psiquiátricas británicas, lo que arroja uno de los capítulos más interesantes del libro: “Estigma”.
Más allá de constituir la necesaria biografía de Gibson, a la que la autora rinde homenaje, este ensayo resulta altamente ilustrativo por su ambientación. No solo nos recuerda hasta qué punto el gobierno británico admiró a Benito Mussolini y apoyó el fascismo sino que aporta datos sobre el carácter del dictador y el ambiente político-social de la época, buscando su información tanto en los archivos históricos como en la literatura de ficción de corte realista.
Cabe destacar la acreditada documentación de las fuentes —desglosada al final siguiendo los capítulos—, que la autora pormenoriza a menudo innecesariamente. Sin embargo se echa en falta una relación, aparte, de los documentos consultados, que si bien coinciden con los aportados en la bibliografía de los capítulos, facilitaría la consulta al interesado.
En España se ha publicado de la autora La CIA y la guerra fría cultural (Debate, 2001, 2013, trad. Ricardo García).



LA PUBERTAD DE LOS PADRES
Anna Rossell ©

Michele Serra, Els escarxofats.
Traducción de Anna Casassas.
La Campana, Barcelona, 2014, 132 págs.

Una lectura ligera, amena, fresca, este libro de Michele Serra (Roma, 1954), periodista, prolífico escritor, autor televisivo y humorista italiano, que aborda en esta novela el espinoso tema de las relaciones paterno-filiales en el siglo XXI. No es una temática fácil, y ningún mejor registro que el que Serra domina: la sátira, la fina ironía, el humor, para asumir en primera persona, desde la empatía, el rol del padre sin naufragar en la travesía. Sale bastante airoso.
Michele Serra
Els escarxofatsLos cansados (Alfaguara, 2014)—, título engañoso que prepara al/la lector/a para visualizar el alma de la generación joven, no es únicamente el retrato del hijo y de aquellos a los que este representa, sino también —y sobre todo— el de los padres. Porque el texto, concebido como un largo monólogo de un padre dirigiéndose a un hijo en plena efervescencia adolescente —que monopoliza obsesivamente su pensamiento— viene a ser como la crónica de una gran frustración del progenitor: la frustración de una relación que el padre —cualquier padre de nuestro entorno y de nuestra actualidad— desearía fervientemente que fuera otra, cálida y cercana.
Conocemos, pues, al hijo únicamente a través de la mirada paterna y, más aún que al hijo, conoceremos al padre, también él representante de toda una generación de “postpadres”: es él quien se manifiesta, es él el decepcionado y es él, en definitiva, quien nos hace testigos de su desencuentro, de sus momentáneas dudas educacionales. Consciente de que lo que le hiere y lo enoja puede ser precisamente el fruto de una educación conscientemente aplicada por principio, antiautoritaria, permisiva y liberal, la voz narradora reflexiona en su impotencia: “¿A quién preferirías encontrarte delante, a alguien que habla una lengua clara pero que no es la suya, o bien a alguien que habla su lengua pero que no entiende qué diablos dice? [...]. Si no ejerzo el poder no es únicamente por pereza [...]. Es sobre todo porque en el poder, tal como está estructurado desde antes de ti y de mí, ya no puedo creer. De modo que no puedo engañarme a mí y así engañarte a ti”.
A modo de colofón de los largos monólogos que conforman los capítulos, ejerciendo de interludio entre ellos, recorre todo el libro un leitmotiv: el deseo del padre de hacer con el hijo una excursión al Cerro de la Nasca, una empresa que el primero tiene por el hito significativo de acercamiento entre los dos y que se propone como objetivo de su vida. El logro final de este hito otorga el premio deseado a los esfuerzos de un padre que no renuncia a su modelo educativo, a pesar de los conflictos que este conlleva.
Formalmente el texto rezuma la frescura de una voz narradora que se expresa con la dosis de humor necesaria para contemplar su problema con la distancia suficiente para no desesperar y mantener viva la ilusión de que un día el entendimiento generacional, la comunicación, será posible. El obstinado soliloquio del narrador —sustituto de la añorada conversación con el hijo— se interrumpe en algunos momentos con la intercalación de la narración de la “Gran Guerra Final” —la que libra en la imaginación del padre el ejército de los Viejos contra el ejército de los Jóvenes—, un ingenioso recurso del autor para romper la uniformidad estilística. A menudo reproduciendo con intención crítica el lenguaje del hijo, otras veces por un gesto de propensión cariñosa hacia el criticado, el yo narrador se deja contaminar por el registro lingüístico del hijo consiguiendo un resultado simpático que hace del libro una lectura atractiva tanto para hijos como para padres.

Currículo de Anna Rossell en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 11:


  
“OPERACIÓN MADAGASCAR”, X PREMIO TRISTANA DE NOVELA FANTÁSTICA
Luis Benítez ©

Imponiéndose sobre casi trescientas novelas presentadas a concurso, Operación Madagascar, del escritor argentino Esteban Lozano, se hizo acreedora recientemente al prestigioso galardón destinado cada año por el Ayuntamiento de Santander, España, a premiar la mejor obra del subgénero. En esta décima edición, el jurado del Tristana estuvo conformado por el académico José María Merino; el novelista y ex director del Instituto Cervantes de Londres, Juan Pedro Aparicio; la directora de “El Cultural” y reciente premio nacional de periodismo cultural, Blanca Berasategui; el escritor Juan Manuel de Prada y José Ángel Zapatero, quien es el director de la editorial Menoscuarto. Este sello se hizo cargo de la cuidada edición del primer premio (Colección Cuadrante Nueve, 216 páginas, ISBN Nro. 978-84-15740-55-1), lanzamiento que se suma a los seis mil euros con los que está dotado el certamen.

El autor
Esteban Lozano
El ya multipremiado narrador y dramaturgo argentino publicó con anterioridad las novelas Las crónicas madacasianas; El clan del Homo Lumpen, Las aventuras del Dr.Infante, Procurar antes perecer (1990, Premio Novela Argentina, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina) y Las reglas de la supervivencia (2015, finalista del Primer Premio La Trama-Aragón Negro). Asimismo, Esteban Lozano recibió en 2014 el Primer Premio Monteluna por su obra teatral Los amantes de Shakespeare (2014, ya traducida al alemán como Die Liebhaber Shakespeares, 2015, Ed. Abrazos). Por otra parte, gracias a su relato titulado En el nombre del padre, Lozano recibió en el corriente año el XX Premio “Villa de Colindres”, organizado por el municipio de esa localidad española.

La obra
Una característica presente en toda la narrativa de Lozano es la extrema precisión de su relato, que sabe combinar lo verosímil con lo fantástico, lo horroroso con el humor irónico y hasta corrosivo, en proporciones tan ajustadas que el conjunto resulta intocable: es imposible, en cualquiera de sus obras, quitar una sola oración sin que el todo se reduzca.
Esta capacidad donde interviene la síntesis como potenciadora de la imaginación, sumándose a la exactitud histórica al servicio de provocar un marcado efecto de realidad, alcanza una de sus cumbres en “Operación Madagascar”, donde tres famosos desquiciados: el oficial Adolf Eichmann, la realizadora cinematográfica Leni Riefenstahl y el atroz médico Joseph Mengele, hacen confluir sus delirios —para mayor horror de la humanidad— en la remota isla del Océano Índico. Eichmann, nombrado gobernador de esta, tiene por misión recluir en ella a miles de judíos cautivos, deportados a Madagascar por el Tercer Reich, para lograr su progresiva extinción tras esterilizar a las mujeres. En su espantoso disparate, Eichmann supone que esta variante de la “solución final” le granjeará el reconocimiento del Premio Nobel de la Paz, al evitar así el Holocausto. Por su parte, Riefenstahl tiene por misión documentar las principales instancias de todo el proceso, mientras que el monstruoso Mengele monta un laboratorio gigantesco para experimentar con seres humanos, aprovechando la abundancia de prisioneros.
Para sumar un delirio más a todo el conjunto, Eichmann logra que Hitler apruebe otra de sus alucinantes iniciativas: destruir un monumento natural único en el mundo, dándole la forma de una colosal svástica que pueda verse desde el espacio, para mayor gloria de su terrorífico régimen.
Estas son apenas algunas de las instancias de lo imaginado por Lozano, quien toma un camino paralelo al de la historia real, pero no menos estremecedor.
La capacidad del autor para hacer encarnar a sus personajes, dotándolos de una retorcida humanidad, refuerza página tras página la monstruosidad de estos y obliga a seguir recorriéndolas hasta el final, mientras los hábiles recursos narrativos de Lozano van haciendo su cuidadoso trabajo sobre el lector, tan premeditada y minuciosamente como un afilado bisturí que nos va mostrando cuán aterradora puede ser la condición humana, llevada al extremo de la locura, si está dotada de un poder absoluto sobre los hombres y las cosas.
Un volumen imprescindible en una biblioteca de literatura fantástica, llamado a destacarse en el estante.

Currículo de Luis Benítez en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 64:



SOBRE LOS NOMBRES DE LAS LETRAS CASTELLANAS
Héctor Zabala ©

Alguien dirá ¡pero qué tontería! Sin embargo conviene siempre revisar los cimientos del edificio para evitar grietas en las paredes. Así que empecemos por los elementos del idioma.
Aclaremos. De las veintisiete letras que componen el abecedario español, todos los hispanohablantes, de este y del otro lado del charco atlántico, estamos de acuerdo en dar un nombre único a casi todas. Bien mirado, no deja de ser un logro, dadas las enormes distancias y las muchas chifladuras de poco más o menos quinientos millones de tipos que intentamos hablar castellano medianamente.
Pero con unas pocas criaturitas, que no llegan al 15% (B, V, W, Y), andamos bastante a las patadas y creo que nunca nos pondremos de acuerdo en un bautismo único.
Pero antes de entrar en tema, conviene dedicar unos segundos a lo siguiente:

DOS NOMBRES SOLUCIONADOS
La Real Academia Española (RAE) ha recomendado llamar zeta a la Z. Alguien se preguntará qué sentido tiene esto. Pues bien, ocurre que la Z hasta hace un tiempo mantenía otros nombres, a saber ceta, zeda y ceda. Nombres en desuso a los que ya se les aplicó la caducidad definitiva.
El otro asunto es el de la R, indeciso hasta hace poco entre llamarla ere o erre, aunque exija aplicarle su sonido fuerte (erre) en buena parte de los casos. Sea como fuere, la RAE optó juiciosamente por unificar su nombre como erre.

Ahora volvamos a las cuatro criaturitas que insisten en llamarse con más de uno: B, V, W, Y:

SOBRE EL TRAUMA DE LA TÍMIDA Y
Voy a empezar al revés, con la letra de nombre menos conflictivo: la Y. Que todo el mundo llama i griega, pese a que allá por las Españas, recién tan tardíamente como a fines del siglo XIX, a alguien se le ocurrió llamarla ye para que emparejara con be, ce, de, ge, pe, te, y ve siguiendo la fórmula “oficial”: nombre de consonante debe ser igual a la consonante respectiva más la segunda vocal.
Por supuesto, dicha fórmula olvidaba que otras tantas consonantes empiezan con e (vgr. efe, ele, eme, ene, eñe, erre, ese), y que las demás (hache, jota, ka, cu, equis, zeta) lejos están de seguir regla alguna.
Y ya es suficiente para este asunto menor pues, le pese o no a la RAE, el número de individuos que llaman ye a la Y, debe de ser infinitesimal. Todo el mundo le seguirá llamando i griega, como manda la tradición.

Ergo, el dilema más espinoso en la nomenclatura del abecedario nace con la letra V. Esto se extiende como consecuencia a la W, y de paso afecta a la B.

SOBRE EL TRAUMA DE LA ABARCADORA B Y LA RESIGNADA V
En tanto que los peninsulares llaman uniformemente be a la B, nosotros los hispanoamericanos no damos brazo a torcer y la bautizamos be larga para diferenciarla de la ve corta, nombre que asignamos a la V. El problema es que nadie en el mundo hispano (salvo alguna vieja y querida maestra de mi escuela primaria, ya fallecida) pronunció la ve aplicando los dientes de la mandíbula superior sobre el labio inferior. Recuerdo, incluso, que aquella mi maestra le decía ve labio-dental.
Eso jamás. Nones. A las chicas, si usaran los dientes para cada ve que pronuncian, se les deterioraría el rouge (pintalabios, como prefiere la RAE) y tendrían que volver a repasar su labial a cada rato. Quizá por este cosmético detalle, la V se pronuncie be en todos lados, aunque esto no explica su no uso por la otra mitad de la población, la masculina.
Hablo del no uso de la ve fricativa, no del no uso del rouge. Es decir la B y la V se pronuncian de manera idéntica, como labial y no fricativa. Una profe de matemáticas inventaría la ecuación V = B. Luego, miraría el pizarrón y descubriría que su recíproca quizá no andaría fonéticamente correcta, así que mejor no nos metamos en honduras. Que las profes de matemáticas y de lógica no intenten formalizarnos el idioma.
Lo malo es que tampoco pueden formalizar este asunto de los nombres los mismísimos académicos de la lengua. Porque la tozudez americanista (no nos van a ganar los de la Península así como así) es inmensa. Algunos de nuestros hermanos de este lado del Mare Terribilis —como los que viven en Cuba, Ecuador, Honduras, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay— parece que llaman a la ve corta con otros nombres también. Es probable que esto sea solo parcial, no extendido a todos sus territorios, pero que existe, existe. La propia RAE lo reconoce en su diccionario, pues malicia que alguna gente de esos países la llaman ve chica, ve chiquita, ve baja y ve pequeña, más allá del extendido nombre común de ve corta, casi monolítico por toda América.
Y no nos molesten más porque somos capaces de llamarla ve pequeñita, ve bajita, ve diminuta, ve enana o ve liliputiense. Porque para inventar somos mandados a hacer. Y no olviden que la Península Ibérica cuenta con 48 millones de hablantes hispanos (allí se supone que todos lo hablan, salvo andorranos y portugueses, ¿o acaso no es así?) y la diferencia con 500 millones del resto del mundo castellano no es para obviar. Más cuando casi todo el resto (apenas un 90%) estamos de este lado de las aguas. Dejémoslo ahí, mejor no despertar al monstruo de occidente.
Porque lo interesante es que a los españoles se les dio por llamar uve a lo que nosotros llamamos ceremoniosamente ve corta desde que Colón llegó por estos lares o poco menos. Es cierto que sería una letra corta de nombre largo, pero qué otro remedio nos queda. Si le dijésemos uve, también ese nombre sería más largo que el de la B, de llamarla solo be a esta. Más allá de esta paradoja, algo me suena raro. ¿Desde qué siglo la llaman uve? No lo encontré en ningún lado. Alguien me dirá con razón que la V derivó de la U, pero no sé si la niñita adoptiva ya venía bautizada desde la cuna. Quizá antes de este lío de nombres, todos hablaban como mi maestra del primario apretando los dientes contra el labio inferior, sin importar el rouge mancillado, y había diferencia categórica entre ve y be. Vaya uno a saberlo.
Como consecuencia de este lío (más allá de que el Papa insista en que hay que promover tal cosa) y como dignos partidarios del americanísimo nombre de ve corta, llamamos be larga a la B. Porque eso sí, somos coherentes. Mi vieja maestra nunca la llamó be labial-labial ni nada de eso, no hacía falta. Pero al parecer algunos díscolos del Nuevo Mundo la llamamos también be alta, y hasta be grande. Vuelvo a advertir, conozco a mis compatriotas de la patria ampliada: son bien capaces de llamarla be altísima, be gigante. Y hasta be de Brobdingnag para ser congruentes con la ve de Liliput. Algún fanático de Jonathan Swift, no tengo dudas, estaría más que dispuesto.

SOBRE EL TRAUMA DE LA CASI FORÁNEA W
Mas el lío no termina ahí. Como bien dije, esto influyó en el nombre de la pobrecita W. Y aquí la cosa no parece ser tan clara. En España hay muchos que la llaman doble uve, esto sería perfecto si no fuera que otros de por allá la llaman también uve doble. Este último nombre es el recomendado por la RAE, pues está con eso de que conviene poner los adjetivos detrás, antes que delante, del sustantivo. Cosa que es correcta en general, pero no justamente con el adjetivo doble.
Imagínense que empecemos a decir arma de filo doble, en lugar de arma de doble filo, que es lo más natural desde que el mundo hispano usa armamento. O bien, permutar expresiones como doble barra, doble curiosidad, doble fila de dientes o doble vidriera por sus inversas. Y ni hablemos para un golfista si en lugar de hacer un doble boggie —aunque ya se castellanizó como boguey (?)— lo obliguen a expresarlo al revés. Es capaz hasta de largar el golf.
¿Tanto lío es dejar que la gente le siga diciendo doble ve o doble uve, según estén de este lado o del otro del Atlántico? ¿Hay necesidad de insistir que se diga ve doble o uve doble cuando deben ser cuatro, quizá cinco, las muchas personas que la llaman así?

CONCLUSIÓN
Demos gracias al cielo que desde Alfonso el Sabio hasta estos días, a nadie se le ocurrió inventar la letra bb y su mayúscula BB, como contrapartida de la w, W, porque entonces estaríamos en el horno.
En fin… bautismos son bautismos, y confirmaciones, confirmaciones...

Currículo de Héctor Zabala en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 75:



Nuevos colaboradores

ROSARIO CURIEL

Nació en Lleida, España, en 1964. Es doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona, catedrática de Lengua Castellana y Literatura de enseñanza secundaria y diplomada en Canto Solista por el Conservatorio del Liceo de Barcelona. Ha estudiado Dramaturgia con José Sanchis Sinisterra en el Institut del Teatre de Barcelona y Escritura Creativa en la Escuela de Letras de Madrid. Trabajó como periodista de cultura en radio y prensa escrita. Ejerce la docencia en el ámbito de la enseñanza secundaria y universitaria en áreas que abarcan la filología, la escritura creativa y las artes escénicas. Actualmente es profesora de la Escola d’Escriptura de Lleida y del Instituto Màrius Torres, situado en la misma ciudad.
En el ámbito de la Filología, fue becaria predoctoral y llevó a cabo investigaciones sobre Literatura Latinoamericana en España y en Cuba. Fue distinguida con el Premio Extraordinario de Licenciatura y su Tesis Doctoral (Alejo Carpentier: El Arte de la Historia) obtuvo la calificación de Apto cum laude por unanimidad del tribunal. Ha seguido cursos de especialización en la Universidad de La Habana, en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad de Salamanca, en la UNED y en la UIMP de Santander. En el campo de la investigación filológica ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas, ha impartido cursos y ha participado como ponente en diversos congresos. En 2009 coordinó la elaboración de un manual de literatura española para la Universitat Oberta de Catalunya, del que también es autora.
En el ámbito de la enseñanza se distingue por sus aportaciones pedagógicas. Ha creado e impartido asignaturas pioneras y transdisciplinares en la Universidad de Lleida: una, de orientación humanística, para estudiantes de Ingeniería Industrial, bajo el título Monstruos y Robots, y otra para estudiantes de Educación Musical, titulada Psico-Filo-Sociología de la Música. Como profesora de Lengua Castellana y Literatura, adapta regularmente los contenidos de la asignatura para canalizarlos a través de la creación literaria: en este sentido, cabe destacar su trabajo como coordinadora de la elaboración del cuento ilustrado Las Aventuras de Facundo Guacamole (editado por el IES Ronda – Departament d’Ensenyament en el año 2002- y escrito por sus alumnos de primer curso de Secundaria), y la coordinación de la obra teatral Partituras Para Un Minuto de Silencio, basada en textos y canciones de Federico García Lorca, representada por sus alumnos de secundaria y bachillerato durante el curso 1998-1999 en el Teatro Municipal de l’Escorxador de Lleida para el público de dicha ciudad.  Como profesora de Lengua Castellana y Literatura, adapta regularmente los contenidos de la asignatura para canalizarlos a través de la creación literaria. A menudo tutoriza trabajos creativos. Varios de sus alumnos de investigación han recibido galardones por la creación de novelas: el último de ellos ha sido el Premio Anaya a la Creatividad Literaria. Ella misma ha recibido, también, el Premio Nacional Anaya a la Creatividad Literaria como Profesora Orientadora de dicho trabajo.
Impartió talleres de teatro de texto en el marco del Curso de Experto / Especialista Universitario en Pedagogía de las Artes Escénicas que se desarrolló en la Universitat de Lleida y en cursos de verano de la misma universidad. Ha sido Consultora de Pensamiento Creativo en la Universitat Oberta de Catalunya y coach literario en la editorial Playa de Ákaba.
Tiene seis novelas publicadas: El Secreto de mi Nombre (Ed. Milenio, 1997), Sobrehumanos y Cebollas (Ed. Milenio, 1999), Antes del Gran Silencio (ed. Milenio, 2003 —coautoría—), El Ojo de Blaqueloc (plataforma literaria de Random House Mondadori, 2010), Memorias de la Salamandra (Ediciones de La Discreta, 2012) y Subway Placebo (Editorial Playa de Ákaba, 2014). El Secreto de mi Nombre fue una de las obras finalistas en el Premio de Novela Fernando Lara 1996. Memorias de la Salamandra se situó entre las novelas finalistas en el Premio Nadal 2006. Subway Placebo ha sido señalada por la crítica como distopía de referencia.
Aunque se define básicamente como novelista, cultiva también la poesía, el relato, el ensayo y el género escénico. Tiene cuatro poemarios publicados: Serie B (Revista 3D3, 2010), Kairós (Revista 3D3, 2011), Don menor (en la revista Matemáticas y poesía, 2011) y Cartografía del dolor (Revista 3D3, 2013). Es autora del libreto de la primera ópera del compositor Albert Guinovart: Azar. Esta obra fue representada en 1998 en Barcelona, Lleida y Santiago de Compostela y reestrenada en 2011 en Bogotá. En 2008 se estrenó en Lleida su obra teatral Manual de Destrucciones, dirigida por Jaume Belló.
En el ámbito de la narrativa breve, participó en Dones i literatura a Lleida (Ed. Ajuntament de Lleida, 1997) y en Relatos en rojo y negro (Ed. Faunos, 2007). Ha colaborado en seis volúmenes colectivos publicados por la Editorial Playa de Ákaba: Nueva carta para el comercio de libros (2014), El enemigo interior (2014), Generación Subway (Vol. I) (2014), Generación Subway (Vol. II) (2015), Donde el mar se hace carbón y otros relatos sobre Carboneras (2015) y Generación Subway (Vol. III) (2016). Es uno de los miembros fundadores de la Generación Subway. Participa en la antología de azar literario Ventura (Ediciones Rascayú), de la que se han publicado ya dos números: El gigante extremeño (2015) y El hombre de musgo (2016).



FRANCISCO ESTUPIÑÁN BETHENCOURT

(Las Palmas de Gran Canaria, 1961) es doctor en Ciencias de la Información y licenciado en Filología Hispánica y su carrera profesional ha estado vinculada al periodismo y la literatura.
Colaborador de diversas publicaciones culturales, su primera incursión editorial fue la obra de no ficción La isla redimida (Cabildo de Fuerteventura, 2005). Con su primera novela, El corsario de Lanzarote (CajaCanarias, 2012), obtuvo el prestigioso Premio Benito Pérez Armas 2011. En 2015, MAR Editor publicó su segunda novela histórica, de título Negro Juan.
También ha publicado diversos trabajos de investigación, entre ellos La escritura entre líneas (Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Laguna).



REALIDADES Y FICCIONES
—Revista Literaria—
Nº 35 – Diciembre de 2018 – Año IX
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral
Exp. RL-2018-52429319-APN-DNDA#MJ del 18/10/2018, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina.

Propietario y Director: Héctor Zabala
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Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 75:


Colaboradores


Corrección general:
Noelia Natalia Barchuk Löwer
Resistencia (Chaco), Argentina
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Ilustración de carátula y emblema:
Mónica Villarreal
Scottsdale (Arizona), Estados Unidos
Monterrey (Nuevo León), México
 @mon_villarreal
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 17:


COLABORARON EN ESTE NÚMERO:
• Rosario Curiel, Leida (Cataluña), España
• Noelia Barchuk, Resistencia (Chaco), Argentina
• Francisco Estupiñán, Las Palmas de Gran Canaria, España
• Anna Rossell, Barcelona (Cataluña), España
• Luis Benítez, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
• Héctor Zabala, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
• Mónica Villarreal, Scottsdale (Arizona), Estados Unidos – Monterrey (Nuevo León), México
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