—Revista Literaria—
Nº 67 – Septiembre de 2026 – Año XVII
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral
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| Sor Juana Inés de la Cruz Escritora mexicana, 12/11/1648 o 1651 - 17/4/1695 (óleo de Miguel Cabrera, circa 1750) Selección: Alanís Ahmed |
Sumario
• Entrevista a Noelia Barchuk en el programa radial Chaco en Redes. (Liliana Sepúlveda y Mara Viñuela)
• Un paseante inesperado (“El ángel contemporáneo” de Alberto Boco). (Eugenia Cabral)
• Sobre los ángeles, y sobre el Ángel contemporáneo de Alberto Boco. (Susana Santos)
• La mirada del otro. “Adiós, Tánger” de Salma El Moumni. (Anna Rossell)
• “Asepsia y otras obsesiones” de Alejandra Ferrazza. (Luis Benítez)
• Las mujeres de la familia en el teatro de Patricia Zangaro - Parte II. (Valeria Badano)
• “El arriero va” de Atahualpa Yupanqui. Biografía del autor. (Héctor Zabala)
• Nuevas colaboradoras:
Eugenia Cabral, Córdoba (Provincia de Córdoba), Argentina
Susana Santos, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Liliana Sepúlveda, Resistencia (Provincia del Chaco), Argentina
Mara Viñuela, Resistencia (Provincia del Chaco), Argentina
ENTREVISTA A NOELIA BARCHUK EN
EL PROGRAMA RADIAL CHACO EN REDES
Liliana Sepúlveda © y Mara Viñuela ©
Vamos con este compromiso con la literatura y la cultura, escribir, leer y compartir. Del libro a la promoción literaria es una trayectoria dedicada a la literatura.
• Vamos a estar en contacto y dar la bienvenida justamente a la escritora Noelia Barchuk. Bienvenida a Chaco en Redes, Norte Grande Federal y Cadena Federal. ¿Qué tal? Muy buenos días.
• Noelia Barchuk: Muchísimas
gracias por esta cordial invitación. Muy agradecida.
• Noelia, contanos un poquito cómo es la vida de escritora, cómo surge.
• N.B.: Bueno, ¿cómo no? Es
un gusto siempre poder contar la historia propia en primera persona, como quien
dice. Yo escribo desde los nueve años de edad. Me estrené como escritora con un
poema que titulé El sol dormilón. Y
sí, y ahí arranqué. Y descubrí que era una pasión que tenía desde niña, porque
había sido ya también una niña lectora. Quiero resaltar justamente cómo estos
estos dos hábitos se complementan, la de leer y la de escribir. Y de ahí
arranqué y no paré.
• N.B.: Por supuesto. Yo
afirmo y reafirmo esta teoría: que el estar en contacto con los libros abre la
imaginación, refuerza el vocabulario, hace que la mente se expanda y no
solamente la mente, sino el corazón. Y hasta puedo decir que cada partecita del
cuerpo vibra distinto cuando uno se sumerge en la lectura. Y se lo debo a mi
tía materna, Mirta Löwer, que es como mi mamá. Y realmente leía, ella me leía
antes que yo supiera leer, por supuesto, Cuentos
de la selva de Horacio Quiroga, por ejemplo. Hay un cuento en particular
que es Las medias de los flamencos,
que me quedó en la mente grabado desde aquel tiempo tan tierno de mi edad y
realmente siempre recomiendo que no le tengan miedo a las lecturas, que se las
acerquen a los niños, que los niños sí entienden y lo que no entienden lo
perciben y lo absorben de una manera especial, que a veces los adultos no lo
notan a primera vista.
• Noelia, ¿cómo hacés tu promoción literaria? O sea, ¿vas a algunas
instituciones, arman algún tipo de taller para que los chicos tengan este
contacto (o la gente en general)? Como vos bien decís, lo importante es el
contacto con el libro desde temprana edad. Porque sabemos que trabajan
distintos factores, la creatividad, la imaginación, el habla. Todo esto nos
produce la lectura, ¿no? Más allá que estamos atravesados por la tecnología,
pero el libro de papel siempre ocupa el primer lugar. ¿Dónde se puede encontrar
la gente para justamente hacer difusión de estos talleres?
• N.B.: Bien, yo me manejo
mucho con redes sociales. Inicialmente fue Facebook hace tantos años atrás… Hoy
en día es el Instagram el que gana protagonismo y después también es muy
importante lo que llamamos el boca a boca. Hay gente que me sorprende
comunicándose conmigo y diciéndome “Mi amiga me contó que te escuchó en tal
escuela y yo quiero invitarte a la mía para que tengan contacto mis alumnos con
un escritor local”. Y realmente a mí me llena de alegría recibir ese tipo de
invitación. Justamente este año visité el colegio San Roque. Realmente
trabajaron un cuento mío titulado Un
verano. Todos los cuartos grados del turno mañana y del turno tarde lo
trabajaron. Pero no solamente lo leyeron, sino que lo intervinieron. Se nota
ahí también el buen talante del docente como guía y que pudieran sacar
conclusiones, hacer preguntas, hicieron dibujos, una pequeña representación
teatral… ¿no estuvieron divinos? Entonces una se siente como regocijada, decir,
¡buh, qué capo! Esto fue un disparador para estos niños de nueve años,
casualmente la edad en la que yo empecé a escribir y, mirá, no gano plata
justamente con mis libros. Esa, realmente, es la parte ingrata, digamos, el
lado malo de ser escritor, al menos en mi experiencia, pero lo gano en estos
hechos de alegría y de compartir mi obra con gente de distintas edades, no
solamente los niños, también jóvenes, adultos e, incluso, hago mucho hincapié
con adultos mayores.
• Bueno, eso que estás diciendo, porque generalmente sí, cuando hablamos
de lectura hacemos hincapié en lo que es la infancia o la adolescencia, pero
también es importante hacer hincapié y dar un espacio a la gente adulta. Hay
bibliotecas que tienen club de lectores que justamente trabajan con la tercera
edad. Esto es muy importante. Sabemos que también al cerebro le hace bien
aprender nuevas cosas en distintas edades.
• N.B.: Por supuesto, tuve la
grata experiencia de trabajar en dos centros de días de adultos mayores y es
una experiencia personal que me llevo y que enriquece obviamente la vida de
uno. Ver cómo se acaba. Uno siempre dice “La vida se acaba para los 40, para
los 50 y no tenemos muchas vidas por encontrar en esta”. Y la lectura es una
forma de estimular justamente la mente. Y hay muchas personas que, incluso con
cierto deterioro cognitivo, la lectura los despierta a salir un poco de esa
somnolencia en la que a veces, lamentablemente, algunas personas de este grupo
etario se encuentran.
• ¿Nos podrías contar o compartir alguna anécdota, así como contaste que
te iniciaste a los nueve años?, ¿alguna anécdota que te haya quedado de algún
taller, de alguna vivencia como escritora?
• N.B.: Sí, sí. La verdad que
tengo muchas para compartir, pero, bueno, voy a acotarme a una también referida
a la infancia. En la época en la que yo era niña, estaba muy de moda el plan
del diario en las escuelas y tenía mucha fuerza lo que era, no sé si puedo
decirlo al aire, un medio gráfico, El
Escolar Norte de Diario Norte.
• Sí, sí.
• N.B.: Bueno, yo tenía doce
años. Me encantaba escribir, estaba a full
porque en este momento yo percibía mi futuro como escritora full time. Y en ese momento lo que podía
hacer era pedirle a mi tía que me pasara a máquina. Estamos hablando de
principios de los ‘90, no teníamos computadora. Entonces ella me pasaba todo lo
que yo escribía por la máquina de escribir. La tenía de secretaria, pobre, porque
después ella iba hasta el Diario Norte
y se las entregaba para la sección de Carta
de Lectores. Entonces yo veía publicado mi poema, un cuento, una
composición, ¡y yo volaba! Ya estaba chochísima. Encima en la escuela cuando veían
eso, me felicitaba la directora, y me llevaba el cuaderno con toda una
felicitación. Yo estaba, imaginate, para una niña de doce años, feliz. Pero
resulta que me sale al cruce otra niña de otro lugar de nuestro querido Chaco,
porque también había escrito quejándome —el gen argentino de la queja—,
quejándome ya a los doce en este Escolar
Norte, que por qué le daban tanto espacio a escribir sobre la serpiente,
que por qué no nos daban más espacio a escribir de literatura, decía yo. Estaba
abogando por mi rama. Y bien, me sale otra niña al cruce diciéndome que
seguramente vivía yo muy confortable en la ciudad, pero que para el interior
del Chaco, en donde vivía ella, saber de las serpientes era muy importante, tan
importante como la lectura. Y bueno, son esas cosas que a uno le hace
recapacitar, pero es lo lindo de poder tener un alcance, ya sea por papel —hoy
día a través de las redes sociales— con el otro. Entonces, ¿a qué apunto?, que
nuestra, que mi vocación, no termina en escribir, sino en el compartir con el
otro, con esa mirada ajena, que nos lee y que nos juzga para bien o para mal,
pero que ahí también radica justamente la importancia de escribir. Yo no
escribo solamente para mí, sino que escribo para los demás y para que los demás
lo lean, y así compartir.
• Noelia, la verdad que me remonta a recuerdos también a mí.
Exactamente. Sí, sí. La verdad que es muy bueno. Eso es lo que tiene, ¿no?, la
lectura, que te remonta, te recuerda y te lleva, te lleva y te lleva de la mano
a otros lugares muy importantes que son estos por descubrir en ese rincón que
tenemos de la imaginación y que también, como siempre digo, que la imaginación
igual que la motivación son la madre de muchos descubrimientos y en este caso
justamente el tuyo, ¿no? El descubrirte o el descubrir esta carrera que fue
creciendo dentro tuyo, que es el de ser escritora. ¿De dónde surgen las ideas
de tus escritos?
• N.B.: De la vida misma en
algunos casos y en otros de, qué sé yo, sueños, anhelos. El primer libro que
tengo publicado se llama Chaco, relatos
del hoy por hoy, y pueden encontrar, por ejemplo, cuentos que están
ambientados en el hospital Perrando. Que habla de lo que siente una paciente en
una sala de espera que percibe un diagnóstico de cáncer de mama. Cosa muy
fuerte. Tengo otro cuento que se llama Soledad
otra vez, que habla de la violencia de género. Son testimonios, yo siempre
digo que el escritor es testigo de su tiempo, entonces tiene un compromiso, por
lo menos yo lo asumo de tal manera, un compromiso social con su tiempo, de dar
testimonio y dejar plasmado para las generaciones futuras. ¿Qué es lo que yo
estoy viviendo ahora? Como pasó, por ejemplo, con la pandemia, que también
escribí una crónica sobre la esta; uno va tomando las cosas diarias o por lo
menos a mí me gusta darle ese giro a los escritos que presento. Pero también
tengo otros que hablo, por ejemplo, del tango. Y bueno, a lo mejor yo no soy
tanguera o no fui frecuente a lo que es el tango, pero me puse a investigar, me
enganché por un certamen literario que quería participar, participé, y bueno,
siempre uno tiene alguien que le pase el cuento, le paso a un amigo, lo leyó y
me dice “Mmm, no sé, mirá que son señoras, ¿viste? El prejuicio que existe a
veces, con señoras del interior, vos estás utilizando algunas palabritas un
poco malsonantes, no sé si les va a gustar, que me parece que… no sé, no te
quiero desilusionar, pero vamos a ver a un amigo que también escribe”. Al
tiempo que se dan los resultados, me llama el mismo amigo y me dice “Ganaste,
ganaste el primer premio, Noelia. Ganaste el primer premio con Cara cortada y compañía”. El que quiera
leer cualquiera de los cuentos que mencioné, me puede contactar, me puede
escribir por WhatsApp, yo se lo mando con todo gusto y cariño.• Justamente a eso iba a apuntar mi siguiente pregunta. ¿Dónde te pueden
contactar o dónde podemos entrar, ver, pedir justamente, ya sea para leerlos
nosotros o para algún regalo tus obras?
• N.B.: En el Facebook,
seguro, Noelia Barchuk. En Instagram, lo mismo. Y si me dejan, puedo pasar mi
número de teléfono.
• Sí, sí, por favor.
• N.B.: Mi teléfono es 3624
310391. Ahí me gustaría agregar, agregarles algo, chicas. Entre lo que fue 2022
y 2023, yo desarrollé una experiencia comunitaria que titulé Noelia cuenta, y la gente me mandaba
mensajes a mi celular, yo lo agregaba a una lista de difusión y todos los días
era un compromiso mío que por un año iban a recibir todos los días un cuento
distinto en el celular en modo de texto para leer o bien un audio para
escuchar, que estaba vinculado a una plataforma de una radio de Buenos Aires, Hipervínculo Radio. Entonces, un día
recibían un cuento mío, otro día recibían un cuento de un autor famosísimo
internacional. Al otro recibían otro cuento de Pedro Mairal, de quien sea que
en ese momento haya planificado enviar y fue una experiencia hermosa.
• Bueno, la verdad que es un placer conocerte, que nos dejes también
mostrar esto y darle visibilidad a nuestros escritores. Te deseamos el mayor de
los éxitos, por supuesto, y recordamos que en el 3624 310391, ese es su contacto
de WhatsApp. Usted puede encontrarla, ya sea en Facebook o bien en el Instagram
como Noelia Barchuk. Gracias Noelia,
éxitos, por supuesto, y un abrazo de todo el equipo de Chaco en Redes.
• N.B.: Muy agradecida.
Muchísimas gracias. Soy reiterativa, pero realmente creo en la palabra gracias
y me alegraron mucho el día. Así que saludos y abrazos para todos.
• Bueno, todos los éxitos, Noelia. Y seguimos en contacto, por supuesto.
• N.B.: Claro que sí.
Qué lindo. Me encanta. ¡Cómo te llena de energía una escritora! Porque
tiene tantas palabras, uno ya se va imaginando, ya bien la historia, lo que
tiene la riqueza de la lectura de las letras, ¿no?
• Sí sobre todo vamos —mira, ya hemos cortado la llamada—, vamos a
seguir en contacto, pero me gustó la idea de los cuentos cortos que tiene allí.
Justo esta idea de contar estos relatos que tiene. Buenos, Noelia, muchas
gracias y por supuesto superagradecidas por mostrar esta literatura nuestra, la
literatura aquí en el Chaco.
Nota:
La
biografía de Noelia Barchuk se encuentra en el Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 88: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/12/suplemento-derealidades-y-ficciones-n.html
UN PASEANTE
INESPERADO
Eugenia Cabral ©
Cuando me encontré con El Ángel Contemporáneo, me dije andate con cuidado, a lo mejor
tiene ganas de que lo saludés, pero a lo mejor, no. ¿Acaso todos los días uno
se cruza, así, con un vecino que es un ángel? ¿Cómo se saluda a un ángel? Si no fuera, encima,
“contemporáneo”, podría dirigirle palabras de salutación en lenguas arcaicas,
por ejemplo: Ave, ángelos, o Ave, ángelus, pero resulta que el coso es contemporáneo. Y rioplatense, para más
señas. Sin embargo, mi amigo Alberto Boco lo encontró y pudo ir escrutando su
modo de ser, sus preocupaciones, sus limitaciones, sus recuerdos, sus temores.
“y los tiempos presentes que acechan
con los colores del imaginario
el virus de la palabra
y la voz que no se detiene.”
Así las cosas, decidí husmear los rastros de Boco
siguiendo las líneas de sus versos, para espiar a mi vez a este imprevisto
vecino, y descubrí que, si no fuera un ángel, se diría que el sujeto es tan
fallido como cualquiera de nosotros. Por algo será que Boco lo ve
“…dotado de carnadura
sujeto a los tiempos terrenos y a la vista de todos.”
Tampoco está a salvo de adversarios cercanos, pues los “Querubines” resultan no ser buenas piezas, sino
“libélulas de acero y cuervos que desconocenla voz de la ternura”
“hay una sombra en los muros y un chico
que mira con los ojos clavados la mirada
en el ángel sin curiosidad
como si supiera todo lo que hay que saber
y se prepara.”
Es que, en realidad, se trata de un “humano devenido en ángel contemporáneo”, Boco dixit. Estamos en problemas. Entonces nos relata la parte más dolorosa de esta tragedia angélica:
“… y élque detentaba con los de su estirpe
los privilegios del no tiempo
ha descendido y vive ahora su sueño
en clave de pesadilla y maldice
¡No me han advertido!”
¡Ufff! Casi que dan ganas de retroceder y dejar de curiosear porque se supone que, para un ángel, ya fuere arcaico o moderno, la dualidad de los estados de vigilia y sueño, incluyendo pesadillas, sean totalmente ajenos a su esencia transparente. Pero en la bitácora de este antihéroe las pruebas y las pérdidas siguen ocurriendo. Llega hasta a conocer la memoria y la soledad fusionadas “con la música de algún rockanroll”, además de una Pascua nítidamente porteña cuando experimenta
Lo dicho: era porteño el ángel. Alfredo Le Pera lo
intuyó al poetizar “Si arrastré por este
mundo/ la vergüenza de haber sido / y el dolor de ya no ser”, y profetizó
que caería Cuesta abajo. Después, lo
escuchó Astor Piazzolla con sus grandes orejas contemporáneas y compuso para él
la Suite que plañe su muerte
inmortal.
Y ahora que lo pienso es como si en nuestra patria, por un motivo u otro, todos los héroes hubieran sido también antihéroes. A pesar de ser próceres la sombra del ala de un águila opaca de tristeza su retrato. Quizás en su tiempo fueron ángeles contemporáneos y, como este, no estaban del todo hechos para el “Orden terrenal”:
“es que parado en las piedras del planetano está en sus pies la firmeza de la luz
ahora y aquí ya no es el cielo…”
Espiado de cerca por Alberto Boco, el ángel va
internándose en callejones uno más ominoso que el siguiente:
otra y otra vez
como siempre.”
Se encuentra con “un tal Ícaro” y
Luego
y ve que la pesadilla es la vigilia…”
Cruza la esquina y ¡zas!, tropieza con un poeta (no
Boco, uno de los otros):
(…)
son carne del mal seres taimados los poetas…”
Empieza a alejarse pues se ha quedado “sin alas”,
comienza a temer al espejo y esa es su noche; “solo y con los ojos en lo alto”
(como si dijéramos pedes in terra ad
sidera visus) siente que se le van abriendo “Tajos” y quedando “sin la
belleza maligna siquiera del caído”. Así llega su crepúsculo, pero ve que
“Declina el sol y nadie mira la luz hacia el poniente”
Alberto Boco finalmente conjetura que
Ya solo se escucha el bandoneón de Piazzolla, quedo,
muy quedo, tocando las últimas notas de La
Muerte del Ángel.
Julio 2026
SOBRE LOS ÁNGELES, Y SOBRE EL ÁNGEL CONTEMPORÁNEO DE ALBERTO BOCO
Susana Santos ©
El concepto de progreso cabe fundarlo en la idea de catástrofe. Que todo siga 'así' es la catástrofe. Ésta no es lo inminente cada vez, sino que es lo cada vez ya dado. I. Las cuatro citas
Cuatro epígrafes preceden a los 28 poemas de El ángel contemporáneo, el último poemario del escritor argentino
Alberto Boco. Más que ornamento, los cuatro anticipan el territorio del libro:
el encuentro con el ángel es también un encuentro con los autores que Boco
convoca.
1. ¿Quién si yo gritara me escucharía entre la categoría de los ángeles?
Regresamos al 21 de enero de 1912, al término de una noche de insomnio en el
castillo de Duino, cuando Rilke comprende —por revelación— que los ángeles son
seres terribles pero imprescindibles para la poesía. Esa es la piedra
fundacional de las Elegías de Duino.
2. Tal vez un ángel tenga el aspecto de cuántas cosas se nos han olvidado,
verso de John Ashbery en Autorretrato en espejo convexo. ¿Lo olvidado
desaparece o persiste como presencia fantasmática? Acaso el ángel sea una
criatura que no existe ni deja de existir, pero se manifiesta aun en el olvido.
3. Oedipa Maas, la joven
protagonista de La subasta del lote 49
de Thomas Pynchon, atrapada en un mundo de intriga y paranoia, avanza amenazada
por una muerte que pasó en vuelo rasante,
sin arrojar sombra, por los espacios sin hierbas del césped.
4. Los pájaros y el viento / no suenan peor que antes, sino / más
claramente / nos hacen recordar nuestra agonía, / y el modo / en que bailamos.
Y la música. El canto de Un árbol
habla sobre Orfeo de Denise Levertov: un árbol que canta a Orfeo, quien
canta en doble registro en un universo que coexiste con el nuestro.
Los cuatro epígrafes enumeran mundos interiores. Entre ellos, el lenguaje: el medio íntimo que Alberto Boco emplea para interrogar la extraña complejidad de un tiempo en fuga entre la realidad de las ideas y la realidad de las cosas.
El primer poema, Colores (p.
11), abre el pasadizo. La sucesión cromática —metonimia del prisma— crea una
escala de deslizamientos entre el sueño y el vacío del sueño, hasta que
aparece, por primera vez, la figura central:
aunque nunca los vieron los fabulan
La invisibilidad como fuente de poder. Y de esa invisibilidad nace la
justicia del ángel contemporáneo:
y la ley con las armas de su tiempo presente
a sable y grito
en la era de la sinrazón (“El ángel contemporáneo”, p. 12)
II. El ángel contemporáneo
Contra la historia que no termina —y antes de que empezara— son los
ángeles quienes anuncian noticias de otros reinos. La palabra ángel (malach) es simplemente el término hebreo
para mensajero; lo mismo en árabe (malak)
y en griego (angelos). Mensajeros que
proceden desde utopías sin lugar y sin tiempo, que repiten mensajes desde una
eternidad que, como la tierra, sigue prometida.
Los ángeles de Benjamin están a mitad de camino: entre el progreso que
es histórico y el retorno que es eterno. En trance y transición, intentando
saldar los dos principios antinómicos de la felicidad: la eternidad y el de
nuevo otra vez. [2]
En este espacio plural de angelología, Alberto Boco ha inventado su
propio ángel:
sujeto a los tiempos terrenos y a la vista de todos (p.12)
La creación se sostiene en un manejo preciso de las figuras de la
contradicción: silepsis, oxímoron, quiasmos, antítesis, lítotes, paradojas. Con
ellas, Boco introduce la historia de nuestro tiempo en el tiempo particular del
poema. La dimensión mítica aparece desde los epígrafes —ese recurso impide que
el libro sea apenas un merodeo en torno a fábulas y obras de pintores y
escultores—. El poemario instala una pregunta perentoria: ¿qué anuncia el
poeta, qué anuncia el poema, qué anuncia el ángel? [3]
III. Querubines
El ángel no está solo. A su alrededor orbitan querubines que sueñan el
sueño de la caricia en el disfraz del golpe:
dentro de las nieblas del soñar ⌠⌡
sueñan el sueño de la caricia
en el disfraz del golpe ⌠⌡
hay una sombra en los muros y un chico
que mira con los ojos clavados la mirada
en el ángel sin curiosidad
como si supiera todo lo que hay que saber
y se prepara. (“Querubines”, p. 13)
¿Quién sueña a quién? Es una pregunta de renovada recurrencia en la
filosofía, en la mística y en el barroco literario; pregunta que es también
pregunta por el conocimiento, y para cuya respuesta Tomás de Aquino consideró
la intervención de los ángeles como mediación necesaria. [4]
¿Es dios —la ira del dios ninguno (El miedo, p. 15)— o el sueño se sueña a sí mismo? La Verdad del ángel contemporáneo no está más allá de la persona; solo es anunciada, puesta a prueba:
una variedad que algunos conoceny otros llaman La Verdad
es el perfume y la música del ángel contemporáneo
la ejecuta una orquesta de afinación bélica
con la melodía del encanta miento. (“La verdad” p. 14)
IV. Destellos
el brillo postrero en los ojos de la mujer de Lot?
volver la mirada tiene muchos matices
y el riesgo de no poder ignorar
las erinias de la repetición
por la cercanía del sol arden sin cesar las alas
de todo Ícaro y tal vez la imagen en vuelo
del ángel contemporáneo (“Querubines” p. 13)
El episodio pertenece al Génesis:
dos ángeles enviados por Dios avisaron a Lot y su familia que huyeran de
Sodoma. La esposa desobedeció la orden de no mirar atrás y quedó convertida en
estatua de sal. Ícaro sucumbe por ambición desmedida; y será objeto de escarnio
por parte del Ángel Contemporáneo en Ícaro
revisitado:
fuera del tiempo imagina los chapoteos del caído (p.26)
El Ángel Contemporáneo es quien desobedece la ley. Afirma la necesidad
de volver al mismo punto, de pasar por los mismos caminos, de reiniciar lo que
para él no ha comenzado ni comienza nunca: pertenecer a la sombra de los acontecimientos,
no a su realidad.
V. El soñar, el tiempo, la
memoria y el olvido
Y él
que detentaba con los de su estirpe
los privilegios del no tiempo
ha descendido y vive ahora su sueño
en clave de pesadilla y maldice (“El soñar” p. 17)
El tiempo es aquí presencia insoportable y ausencia a la vez. La
maldición del Ángel Contemporáneo encierra una paradoja: la nueva situación no
puede durar, pero está entregado a lo que dura sin tregua. El tiempo perdido
carece de presente y de presencia.
con verba y verbos enigmáticos y olvida
en el olvidar del apuro que su olvido (“El soñar”, p. 17)
Si el recuerdo es la libertad del pasado, lo que existe sin presente no
acepta el presente de un recuerdo. El recuerdo dice del acontecimiento: esto
fue una vez, y ahora nunca más.
que nada espera en su adelante
ni en la pena del penar en el transcurso (“El soñar”, p.17 )
El tiempo de la ausencia de tiempo no es dialéctico. Lo que aparece es
que nada aparece: el ser en el fondo de la ausencia de ser. Y sin embargo
vuelve; no se lo conoce, pero se lo reconoce, y ese reconocimiento arruina la
posibilidad de conocer.
VI. Mitologías en orden
terreno
Él desconoce algunas cosas
el palabreo musical de los poetas
o las muecas del tahúr
el susurro en los huesos del que hablan
a escondidas aquellos que meditan (“Orden Terrenal”, p. 21)
entonces ordena que sus querubines
vuelen en manada y paren el bramido
que se extingan también los aparatos
del aire acondicionado (“Orden terrenal”, p.21)
se aleja en harapos rodeado de perros
lleva una lámpara y ríe con fuerza
tira su escudilla y se pierde
por entre las luces del día
su carcajada es un puñal de la oscuridad
que retumba en la vigilia (“Huéspedes inhóspitos”, p.23)
tampoco entiende sólo que su condición terrenal
sí ha comenzado a comprender
(mil veces mil mil veces mil repite)
mal venido seas y bienvenido al reino de la angustia (“Voces”, p.25)
VII. Visita, encuentro y
tropiezo
En Tracia, el Ángel visita a Ares, dios de la guerra:
sin pudor tiembla y admira de pie
a un inmortal de toda otra naturaleza
ha visto nunca jamás ojos así
ni tanta impiedad junto a tanta belleza,
“Entre todos los dioses que habitan el Olimpo, eres el que más me
desagrada”, dice Zeus a Ares en la Ilíada
(Canto V). El Ángel Contemporáneo, en cambio, guarda para sí las palabras del
dios de la guerra:
aquellos a quienes amas
que crezca en ellos un odio bien macerado
ese sin olvido ni perdón (“Ares una visita”, p.27)
Aleccionado por Ares, el ángel se encuentra con el bárbaro. Su identidad
no se revela, solo se insinúa. Bárbaro es el extranjero: el que no comparte la
historia, el idioma, los usos y costumbres. [6]
que han trazado vértigos distintos porque
la vida se cobra el peso de los actos
por las muescas de dolor en el cuerpo de los otros
el ángel contemporáneo es la boca del desprecio
y el bárbaro la pura soberbia que avasalla. (“Encuentro con el bárbaro”, p. 29)
Sin estar prevenido, tropieza con el poeta, un animal de la palabra:
le han advertido al ángel contemporáneoque tenga cuidado que no se confíe
son carne del mal seres taimados los poetas
pueden disparar en medio de los ojos
la bala mortal de un cuartilla
el fatídico puñal de un verso libre (“Tropiezo con el poeta”, p. 30)
Los taimados poetas perpetran
crímenes de papel que parecen no significar mucho, pero entienden la situación
revolucionaria que Barthes describió: el lenguaje no solo como medio de
comunicar, sino como vía para imponer un más allá del lenguaje que es "la
historia y la posición que se tome frente a ella". [7]
¿Y si el poder fuera plural? ¿Y si en esa pluralidad la palabra poética
tuviera un lugar privilegiado?
memoria que se urde con la hebra del tiempo
Esa voz resiste ante los usos y abusos del poder encarnado en el Ángel
Contemporáneo, protagonista de una desleída
tragedia donde lo humano es otra cosa (La
noche, p. 37):
que sólo su voz ha de ser la voz
que su voluntad impulse al derrotero
que su sólo destino señale. (“Verbo angelar”, p.36)
VIII. No cabe la posibilidad
de un buen final
Con todo, la palabra poética acumulada en las conjeturas críticas de
Alberto Boco suspende y revoca esa reproducción perfecta. Más aún: la deroga.
Acaso esa sea la razón —si es que la razón existe— por la que no cabe la
posibilidad de un buen final.
alcanzar la talla humana (p. 41)
¿Qué queda en pie después de semejante disolución? Hemos leído:
a ligereza que abruma sin poderlo evitar
y campea por lo nuevo de sí un viento
el vientre
los huesos
los fluidos de la finitud (“Asuntos de la memoria”, p.18).
el ángel contemporáneo se arrebuja en la fronda
torpe manipula en la prisa y orina
contra las estrellas como un perro de Orión (“Mitologías angelares” p.19)
Antes del fin, lo impuro: metáforas corporales y fisiológicas que son la nueva condición del Ángel Contemporáneo y también la nuestra. El vientre, los huesos, los fluidos de la finitud, las lágrimas, la orina, la biología. Un ángel carnal y doliente: si la realidad fue la encarnación, el cuerpo humano es el lenguaje último.
Y gracias a eso entendemos que El
ángel contemporáneo anuncia preocupaciones mayores: la sustitución del
recuerdo por el registro; la verdad como versión; la asimilación de la ficción por
la historia; la imposibilidad del testimonio, porque se tolera tanto la memoria
como su profanación en la era de la sinrazón.
En esa expectativa, la lectura avanza por un espacio de cruce, umbral
entre mundos: ni aéreo ni terrestre, ni visible ni invisible, entre el silencio
y la palabra. El ángel contemporáneo anuncia. Dice lo que pasa: algo que ocurre
pero que dejará de ocurrir. Pasó un ángel. Su figura en fuga repara apenas el
pasaje —un tiempo entre dos tiempos, dos espacios— atravesando una gran ciudad:
como signo o conjuro contra la historia, que parte de la nada y va
camino hacia la nada, transitada por hombres que
desandan el sendero solos, sólo son entre otros, uno con todos (p. 41)
Notas:
[1] Block de Behar, Lisa (1994). Una palabra propiamente dicha. Buenos
Aires, Siglo XXI, p. 142.
[2] Benjamin, Walter (1982). Das Passagen-Werk [Libro de los Pasajes]. Frankfurt: Suhrkamp. Ed. en español: Madridm
Akal, 2005. Parque Central es uno de
los cuadernos del volumen.
[3] Es lo que Walter Benjamin llama
"imagen dialéctica": ni novedad absoluta ni retorno a las fuentes. La
obra moderna vive en esa tensión.
[4] Scribano, Emanuela (2014). Angeli e beati. Modelli di conoscenza da
Tommaso a Spinoza. Roma, Laterza.
[5] Blanchot, Maurice (1976). La risa de los dioses. Madrid, Taurus,
p. 225.
[6] Kitto, H.D.F. (1951). The Greeks. Londres, Penguin. Trad.
española: Los griegos. Buenos Aires:
Eudeba, 1963.
[7] Barthes, Roland ([1953] 1998). El grado cero de la escritura. México,
Siglo XXI, p. 4.
LA MIRADA DEL OTRO
Anna Rossell ©
Ganadora del
Premio France Culture des étudiants y finalista del Premio Médicis, esta
primera novela de El Moumni plantea el desasosiego del descubrimiento del
propio cuerpo a través de la mirada del otro. Desasosiego, sí, porque la mirada
del otro es masculina y deformada hasta la enfermedad por la cultura patriarcal
que nos envuelve.
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| Salma El Moumni |
Porque, como
sucede en tantas novelas, lo que leemos está ficcionado, pero no es ficción.
Salma El Moumni (*Marruecos, 1999) sabe demasiado bien de lo que habla. Y aunque el grueso de la acción transcurre en el país de nacimiento de la autora,
en las ciudades de Tánger y Casablanca, y más adelante también en Lyon, bien
podría suceder en muchos otros países. También en el nuestro (pregunten a sus
abuelas, a sus madres o quizás recuerden ustedes mismas).
Así la existencia
de la joven se verá doblemente discriminada: como mujer y como marroquí, pues
ya en su instituto de Tánger convive con otro de los personajes, Quentin,
francés, de quien ella se enamora, cuya otra mirada tampoco la libera. Alia se
sentirá vista como extranjera y como mujer-posible-presa-de-lascivia tanto en
su país como más adelante en Francia, en Lyon, a donde marchará para huir de la
prisión a que en Marruecos la condena el artículo 483 del código penal del país
por «atentar contra la moral», a causa de unas fotos que Quentin ha publicado
en Internet. También en Lyon la perseguirá la idea de que este la encuentre y
se verá sometida por tantos otros a los prejuicios de los franceses hacia los
ciudadanos de sus ex colonias. El lugar de Alia es pues el no-lugar. Dejar
Francia, donde no se encuentra a gusto, y regresar a Marruecos no le plantea en
ningún momento una salida: allí la espera el artículo 483, morir a manos de su
padre o el suicidio.
El libro documenta
hasta qué punto es larga, intensa, duradera, injusta y destructiva la sombra de
la colonización en general y muestra, en carne viva de una joven mujer, las
terribles consecuencias de la cultura patriarcal, en su país más exacerbada
aún, que para Alia y tantas otras mujeres del planeta Tierra convierte la vida
en un infierno, una tortura continuada por ser mujer —sin escapatoria—: «En las
fotos, tu piel parecía suave y tus muslos firmes ya no estaban surcados los
cinturonazos, volvían a ser tuyos; el vientre y los pechos, que te pellizcaba
una tía en la adolescencia, te pertenecían otra vez. Sentías cómo se te cerraba
la vulva cuando te amenazaban con echarle pimienta, tal y como se castigaba a
las chicas que no obedecían».
¿Cabe añadir más?
“ASEPSIA Y OTRAS OBSESIONES”, DE ALEJANDRA FERRAZZA
Luis Benítez ©
El destacado sello estadounidense Nagari Ediciones publicó un nuevo título, un libro de cuentos de la argentina Alejandra Ferrazza, radicada en Miami y de muy activa participación en la vida cultural de ese país.
Treinta y dos historias
componen la sólida estructura de Asepsia
y otras obsesiones [1], un vibrante volumen donde la escritora
argentina nos lleva a leer hasta perder el aliento. Sus diversas tramas,
complejas y muy elaboradas, pese a ello resultan de fácil y rápida lectura, ya
que el estilo narrativo de la Ferrazza induce con vehemencia a seguir adelante,
cautivando la atención del lector desde las primeras líneas hasta el final.
La clave posible del
magnetismo que suscita Asepsia y otras
obsesiones la encontramos en la misma introducción que hace Alejandra
Ferrazza a su colección de relatos, cuando explicita: “Este libro fue escrito a
lo largo de varios años, entre ciudades, estaciones y estados de ánimo
diferentes. Aunque los cuentos nacieron en momentos aislados, con el tiempo
comenzaron a reconocerse entre sí, a formar un mapa secreto de obsesiones,
voces y umbrales que se repiten y se transforman. Lo que parecía disperso
empezó a latir con un mismo pulso, como si desde el principio hubieran estado
buscando encontrarse. Muchos de estos relatos nacieron en Buenos Aires, por eso
llevan el ritmo, el acento y la nostalgia de Argentina, otros se gestaron en Miami
y resistieron esa nostalgia. En su mezcla se dibuja una constelación de temas
que se repiten, se transforman y se responden unos a otros. Algunos se
disfrazaron de memoria, otros de sueño, otros todavía no sé de qué”.
Dividida
en cinco secciones, a saber: Umbral, Pulso, Fractura, Eco y Ficción, esta
colección de relatos de variada extensión ofrece un abanico de apelaciones
donde la intriga, la angustia, el desasosiego, la breve felicidad y la
intensidad de los conflictos interpersonales no son obstáculo para que la
ironía y los oscuros rincones de lo ominoso sean iluminados por la pluma segura
de Ferrazza con veloz y eficiente trazo.
La
confesión personalísima, la piedad hacia el destino de los otros y la mirada
implacable acerca de la injusta amenaza que surge desde lo que revestía hasta
momentos antes la apariencia engañosa de lo cotidiano y previsible, animan
estas páginas donde la escritora nacida en Buenos Aires arriesga y gana al
llegar a un punto donde, quien lee su obra, no puede menos que identificarse muy
estrechamente con la experiencia de vida y las conjeturas que párrafo a párrafo
dispara Asepsia y otras obsesiones.
De
todos modos, y ello es otra prueba más de la madurez autoral de quien nos
ofrece este volumen, Ferrazza deja amplio margen al lector para que concrete
sin problemas la necesaria tarea de traducción a sus propios y muy subjetivos
códigos de cuanto le transmiten sus cuentos. Esta es otra llave y acierto del
volumen, ya que Ferrazza no se encierra en su unívoca interpretación de
conflictos, situaciones ni choques de sentido; antes bien, lo que hace es
liberar el camino para quien accede a cuanto contiene Asepsia y otras obsesiones.
Sus
personajes, que son muchos y diversos —tanto en la condición de protagonistas
como de caracteres secundarios y terciarios— están magistralmente delineados,
sin fisuras ni altibajos, sin posibilidad alguna de confundirse unos con otros.
Cada sujeto actuante brinda una sorprendente condición vital, donde lo
verosímil se encuentra a la orden del día. Ferrazza logra que, por dilatados
momentos de nuestra lectura, sintamos no estar leyendo, sino viviendo junto a
sus personajes la misma escena, el mismo conflicto, similar dolor, parecida
desazón. Establece “un estar allí” que se infiltra en nuestra imaginación
primero, para volverse casi experiencia personal poco después.
En
suma, se trata de una muy recomendable lectura que nos depara horas de honda
reflexión una vez llegada la última página y que continuará vibrando en nuestra
sensibilidad al cerrar Asepsia y otras
obsesiones.
La autora
Nota:
[1] Ediciones Nagari, Colección Holarasca, ISBN:
979-8-218-72774-1, 142 pp., Miami, Estados Unidos de Norteamérica, 2025.
LAS MUJERES DE LA FAMILIA EN
EL TEATRO DE PATRICIA ZANGARO
Valeria Badano ©
(Viene del número anterior
de Realidades y Ficciones)
SEGUNDA PARTE
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| Patricia Zangaro |
Ellas no son mujeres
emparentadas por vía sanguínea sino legal: se trata de la nuera y la suegra y
se enfrentan. Resultan enfrentadas por el varón ausente (el marido de la nuera
y el hijo de la suegra; y por el padre de la nuera) y el poder que estos
encarnan a la hora de representarlas a ellas.
Por lo tanto, en este texto, los personajes con
cuerpos y voces en escena se reducen a dos: Mujer vieja y Mujer joven (así
están nombradas en ‘dramatis personae’). De la denominación se hace legible la
intención de definir el sexo y sus connotaciones femeninas dentro del ámbito de
una sociedad patriarcal donde no hay un reconocimiento de la mujer como
individuo sino por la función predeterminada por su sexo y sostenida por las
metáforas que se construyen en torno de esa función. Zangaro en Desmontajes
reflexiona acerca de la situación de esas dos mujeres a partir de la cual se
puede vislumbrar la figuración:
[…] Dos mujeres, una vieja y una joven, a las
que el azar ha convertido en parientes, intentan con la palabra construir un
mundo allí donde un mundo se borra bajo la lluvia […] En la corriente verbal de
esas mujeres, que hacen presente lo ausente allí donde lo real se borra, me
parece intuir un sentido, al menos provisorio, de mi escritura. Una especie de resistencia
al vacío, una batalla minúscula y privada, contra el triunfo epocal de la Nada.
[…] (2008: 53).
La mujer joven y la mujer vieja son los únicos cuerpos presentes y se
inscriben tanto por sus discursos como por los signos kinésicos que las
vinculan y que las identifican con los determinantes del género; ellas bordan,
leen, se ríen, cocinan, tienen frío, hablan, esperan.
La situación dramática se
polariza y así se instala el conflicto dramático. Por un lado, la Mujer vieja y
la Mujer joven (respectivamente madre y esposa del hombre ausente; suegra y
nuera entre sí) establecen un diálogo en el que se observan las tensiones
pasionales y la lucha por el poder puestas de manifiesto en las acciones que
realizan en tanto que se consideran buenas mujeres y que son las que subrayan
esas distintas posiciones respecto del poder que detentan. Una, que sabe
cocinar, representa a la buena mujer (mujer joven); la suegra (mujer vieja), en
cambio, impone la trasgresión respecto del género porque no hace ninguna de las
actividades previstas como propias de las mujeres. Ella, en cambio, conoce,
posee, ve.
Por otro lado, el ambiente
signado por una lluvia interminable se señala como el clima propicio donde el
poder humano está vulnerado y las libertades restringidas. En la primera
didascalia se indica el espacio dramático:
“El portal de una casa, al
borde del río” (2008: 137).
Los términos ‘portal’ y ‘borde’ dan cuenta de un territorio fronterizo
y, por otra parte, revelan una espacialidad considerada limen en tanto que situación
límite y allí, es ese espacio, están los cuerpos.
Para las mujeres no hay movimiento posible.
Ambas están atrapadas en su espacio y conocen el límite; sin embargo, quedan
expuestas a sus deseos no permitidos antes de esa lluvia que las tiene cautivas.
Dice Diana Sperling que el deseo es saber del límite:
“[…] La lógica misma del deseo supone que se
trata de no agotarse nunca […] no puedo dejar de leer este deseo como
metonímico: algo de lo simbólico se ausenta […]” (2001: 174).
La nuera permanece en la casa de la suegra donde sus sentidos están
expuestos a la imposibilidad de una expresión completa de la identidad
establecida porque el agua no solo limita su capacidad de andar, de moverse y
de volver a la casa con el marido (así se anula su representación de esposa)
sino que tampoco puede ver. El agua va cubriendo la realidad hasta ocultarlo
todo. La lluvia, además, va borrando la capacidad de recordar. (Frazer en La rama dorada refiere una creencia de
la tribu Ba Pedi donde explica que cuando alguna mujer ha permitido que su
sangre fluya (La sangre, y sobre todo la femenina, es considerada tabú), la
lluvia ya no cae y el país no está bien. Entonces comienzan a desarrollarse las
acciones pertinentes para que la lluvia regrese y así limpie la sangre impura y
purifique la tierra. Para el cumplimiento de estos ritos se envían niños y
niñas “que aún no conozcan nada de los asuntos femeninos ni hayan tenido aún
relaciones con hombres” (1980: 252) y dicen:
“¡Lluvia, lluvia! Así nosotros neutralizamos la
desgracia que las mujeres nos han traído sobre los caminos y la lluvia está en
condiciones de llegar. El país está purificado” (1980: 252).
Es posible considerar entonces una relación entre la fluidez del agua (y
su vinculación con la sangre femenina, según planteos antropológicos) y las
mujeres de Zangaro. Y en esa relación es posible observar el proceso que
conduce de la representación a la figuración.
Tiempo
de aguas determina una categoría temporal diferente, regida por la liquidez
transparente y anuladora del agua, no está presenta lo que transcurre sino que
el tiempo se detiene, así es que ambas mujeres son una nueva —otra— encarnación
de la cautiva que: “[…] vivía detenida en el tiempo del olvido y del trueno, de
lo infinito velado y del momento en que estalla la revelación […]” (Kristeva,
2001: 26). La Mujer vieja y la Mujer joven están inscriptas en el tiempo de
agua que todo lo borra, motivo por el cual no hay un avance del tiempo sino que
se reconocen momentos en los cuales se presupone que el tiempo ha pasado,
aunque ni el espacio ni la circunstancia contextual (el portal, la lluvia y el
río) se hayan modificado. Solo las inscripciones en las didascalias son las que
permiten entender que el tiempo transcurre.
Las dos mujeres resultan atrapadas en una
realidad diferente a la que han vivido hasta entonces y tienen que compartir
ese nuevo espacio que ellas fundan. Ellas también son cautivas del fluido —en
este caso el agua, como en Última luna
es la sangre— que todo lo limpia o transforma. Ese lugar ajeno es la expresión
de la abyección en la que se encuentran. Sin los hombres, no hay una
inscripción simbólica de las funciones familiares de esas dos mujeres, no hay
representación de esas mujeres en tanto el género que las define dentro de la
familia. Y entonces, la Mujer vieja deja de ser la madre; la Mujer joven deja
de ser la esposa y deja de ser la hija, para ser lo que justamente Zangaro
identifica con el nombre, es decir, mujeres, joven y vieja; es decir que sus
identidades se desarrollan a partir de una relación entre ellas y sus cuerpos y
así crean un mundo femenino. Zangaro, como el agua de la lluvia, borra las
representaciones sociosexuales reforzadas por y en la familia y muestra a las
mujeres como sujetos que se reconocen y fundan en la relación especular pero
sobre todo (y he aquí la nueva ruptura) como signos pasionales –en tensión
entre ellas y el poder falogocéntrico- de un deseo: escribir. Dice el texto:
[…] Mujer joven: ¿Habrá lápiz y papel?
Mujer vieja: En algún rincón… ¿Qué vas a hacer?
Mujer joven: He sentido deseos de escribir…
Mujer vieja: ¿Y tu padre?
Mujer joven: No… Ahora mi padre se ha ido bajo
el agua……] (2008: 159).
La escritura es la forma de recuperar, de reconstruir aquello que el
agua borró. Entre esas cosas, la representación del poder patriarcal indicada
en la presencia del padre. Así se fortalece el otro signo que, en tanto que un
ausente, es la explicitación del deseo.
Es posible pensar que las rupturas que estas
mujeres pretenden se encuentran en el poder que ellas manifiestan. Una, la
mujer vieja, tiene el poder de la escritura y con ella, el resguardo de la
memoria:
[…] Mujer joven: Usted, que sabe escribirlo
todo, puede hacerlo cruzar el valle de nuevo hasta nosotras […]
Mujer vieja: ¿Qué podría escribir que detuviera
la lluvia? Mi letra no tiene poder sobre la naturaleza […]
Mujer joven: Enséñeme a escribirlo. Ayúdeme a
apresarlo entero en las palabras.
Mujer vieja: ¡De qué estás hablando! Aunque
escribas el Universo, nunca tendrás el Universo…
Mujer joven: Cuando pueda escribir desde la
punta de sus cabellos hasta las uñas de sus pies, y desde la piel hasta sus
entrañas […] ¡entonces tendré de nuevo a su hijo!
Mujer vieja: ¡Entonces no habrás escrito nada!
[...] Solo habrás hecho magia […] (2008: 152).
La otra, la mujer joven, tiene el poder de su deseo ubicado en su cuerpo
y en el cuerpo ausente de su marido:
[…] Mujer joven: ¡El agua está borrando el olor
de su hijo!
(La mujer vieja calla).
Mujer joven: Antes lo sentía en la nariz, y en
la lengua. Ahora solo en la punta de mis dedos. Cuando el olor se termine no
podré recordar a su hijo.
Mujer vieja: ¿A mi hijo?
Mujer joven: Él vuelve a abrazarme cada vez que
lo recuerdo […]
Mujer vieja: ¿Mi hijo, o tu esposo?
Mujer joven: Cuando lo recuerdo, se desliza en
mi cama […]
Mujer vieja: No. Ni mi hijo ni tu esposo están
en tu cama, puedo asegurarlo. Los dos están al otro lado del valle.
(La mujer joven mira a la mujer vieja, y se
echa a reír).
Mujer vieja: Se ve tu agujero.
Mujer joven: No importa. Con mi padre nunca me
río […] (2008: 149-150).
Pero a la vez, esos sujetos femeninos se definen por su aspecto
relacional tanto entre ellas (lo que en un primer momento significa el poder de
la mayor sobre la menor) como por las relaciones con el género masculino (esas
mujeres son madre, esposa e hija de varones). Estas relaciones, a la vez que
las empodera y las enfrenta en tanto que mujeres. Porque esos varones ausentes,
se hacen presentes desde una perspectiva determinada por sus ausencias que son
igualmente poderosas en tanto que representaciones del poder patriarcal porque
crean ‘presencias’ a partir de lo que evocan los cuerpos de esas mujeres.
En consecuencia, esos cuerpos
masculinos ausentes están evocados a partir de las representaciones genéricas
que los determinan. Al hijo, así llamado por la Mujer vieja que es su madre
pero también por la Mujer joven, que es su esposa, se lo evoca como cuerpo de
varón joven, pura sensualidad, expresión del deseo de las mujeres. El padre de
la Mujer joven es evocado como la Ley, representación del patriarcado, motivo
por el cual establece una relación de temor con la hija.
[…] (La mujer joven ha desplegado una sábana
ante los ojos de la mujer vieja.)
Mujer joven: Bordé la zeta con hilos de todos
los colores, porque es la última. ¿Está bien?
Mujer vieja […] ¿Por qué bordaste el alfabeto?
Mujer joven: Para no olvidarlo […] La lluvia
puede borrar la tierra, y el papel, y la tinta… pero no puede borrar el hilo
trenzado en la tela […] (2008: 150).
Con la persistencia de la lluvia se construye la metáfora del olvido y
con él la posibilidad de que todo resulte olvidado, incluso las propias
identidades: “[…] El agua lo está borrando todo, hasta nuestro propio rostro
[…] Todo es agua ahora […]” (2008: 156-157).
Sin embargo, las mujeres resisten a ese olvido, y es en el sueño, es
decir en esa posibilidad de penetrar en un universo propio, íntimo y ajeno a la
exterioridad signada por los mandatos, que pueden reencontrarse. Y como en
Última Luna, reaparece la figura de la niña (una vez más hay que recordar que
la infancia instala al cuerpo en una instancia presimbólica que permite el
disfrute y el goce de sí mismo), dice el texto:
[…] Mujer vieja:
Soñé que el agua se había llevado al otro lado de la montaña todo lo que yo
había escrito cuando era una niña […] Si cruzaba la montaña, y encontraba esos
escritos, las puertas de un mundo se abrirían para mí […] Una niña que jugaba
en el valle escuchó mis gemidos, y se acercó a curarme las heridas […] Cuando
le conté mi sueño se asombró […] Ella había soñado que cuando fuera vieja un
mundo nuevo le sería revelado al otro lado del valle [...] (2008: 158).
La pertinaz presencia del padre, aunque es un cuerpo ausente, habla de
la fuerza del patriarcado vigilando las conductas femeninas, la mujer joven
insiste: “[…] Todo se borró bajo el agua […] No sé por qué mi padre no
se borra […] ¡El agua no puede borrar a mi padre! ¡Me vigila cada vez que
escribo sobre la tela!” (2008: 154-156).
La mujer joven queda en la ambivalencia entre el temor al padre –el
deseo de Ley- y el deseo propio: “[…] Mujer vieja: No escribas más. Y tu padre
se borrará bajo el agua. “[…] Mujer joven: ¡No quiero borrarlo! […] No […]
tampoco quiero que me castigue […]
[…] Mujer vieja:
Dejará de hacerlo cuando pierdas el miedo […]” (2008: 156-157).
Finalmente, la mujer joven dice:
[…] He sentido deseos de
escribir […]
Mujer vieja: ¿Y tu padre?
Mujer joven: No […] Ahora mi
padre se ha ido bajo el agua […]” (2008: 159).
Explica Diana Sperling a
propósito de ello que: “[…] el deseo aquí no puede sino ser un deseo articulado
por la ley, la Referencia, el Tercero; es decir, la Ley del Padre.” (2001:
177).
En Tiempo de aguas se expone
en esa figura paterna omnipresente) se caracterizan como cautivas. El ser
cautiva define metafóricamente el lugar desplazado, nómade y marginal pero en
busca de construirse. Este sujeto femenino se sabe predeterminado por los roles
y conductas impuestos por los mandatos de la sociedad; es decir, que sabe que
su identidad está cruzada por las representaciones ajenas y las pretende
transformar. Las mujeres representadas en el texto ‘son’ el desierto y ‘son’ el
deseo; y ello les otorga un poder que resquebraja el lugar de los varones. Ese
signo vacío –fronterizo– que es la mujer, según lo entiende Zangaro, aporta el
silencio y calla la voz de los poderosos.
En el texto hay una voz
recuperada, la de la hija y hay un cuerpo conocido: el de la madre ausente; voz
y cuerpo que en primera instancia no son, pero en ese ‘conocimiento’ del cuerpo
ausente se produce el reconocimiento del propio cuerpo y se proyecta en los
otros cuerpos, en los de sus hijas y nietas. El cuerpo ausente es reconstruido
por signos fragmentados y que remiten al cuerpo perdido y deseado: la sangre,
el olor, las fotos viejas, la narración del recuerdo de los otros. Así, el
personaje hace presente el cuerpo de la madre representado por los signos
fragmentados. El rostro ‘deseado’ de la madre es producto del proceso de la
figuración que se logra a partir de las significaciones que se abren por la
presencia del vestido y esa fisura de identidades que se produce cuando la hija
se prueba el vestido de la madre:
“[…] Yo sólo [sic] miraba el talle, y aquel
ruedo corto. Apenas me lo probé, supe que había sido mi mamá. Qué suerte. Era
bajita, como yo […]” (Zangaro 2008: 213).
Se trata de madre e hija especularmente enfrentadas en el espejo del
vestido.
En Una estirpe de petisas, es la hija la que a partir de un objeto —representación
metonímica de la madre, figuración metafórica de la madre—, elabora el ‘rostro’
de esa madre. Dice Domínguez que: “[…] Entre lo imaginado y su representación
se instala la fuerza de un deseo que puede producir equivalencias o
divergencias […]” (2007: 236) y desde ese deseo por instalar la presencia en la
ausencia; de la hija al objeto (vestido) y de este a la madre, se construye
“[…] la horizontalidad de un legado que se traduce en la escucha de un cliché
que se respeta, en la disposición a relevar a la otra del relato de su
autobiografía o en la voluntad de construir un lugar de autorrepresentación a
partir de la representación de los rostros amados […] es la afirmación
imaginaria y casi utópica de un lugar de madre […]” (Domínguez, 2007: 244).
El vestido no solo es signo de
esa identidad, sino que es eje de las pasiones. Así es que el vestido es el que
neutraliza los polos: petisa/alta; sangre/limpieza; orden/desorden; rostro
(identidad)/carencia de rostros, que permiten reconocer dos ideas de
maternidad, aunque un solo principio de identidad: “[…] Siempre quise ver el
vestido de parto. Pero la mujer alta no tenía ninguno
[…] La mujer alta olía a detergente […] La
mujer no tenía fotos […]” (Zangaro, 2008: 213).
A la sangre le corresponde una serie de metáforas que van desde la
paternidad biológica hasta el linaje simbólico, en todas esas posibilidades,
define y constituye relaciones familiares. El parentesco está definido por las
relaciones y jerarquías impuestas por el patriarcado, sin embargo, a partir de
la figura de la madre como el eje de las relaciones familiares ‘enfocadas’ en
ese cuerpo poderoso, “[…] la maternidad es la relación de parentesco que mejor
expresa la realidad biológica […]” (Moore, 2004: 39). El parentesco, así,
cambia de signo y las relaciones familiares se rigen por el poder que la figura
de la madre desarrolla, porque cuando la sangre se vincula con las mujeres,
ella alcanza nuevas significaciones y plantea otras metáforas; una de ellas es
la fundación de una genealogía de mujeres.
La sangre es considerada
tabú; la sangre de –en- las mujeres es tabú porque “[…] la sangre femenina –y
sobre todo la del parto-, que corre pasivamente, es concebida como peligrosa y
contaminante […]” (Francoise Héritier, 2007: 48). Por eso, la sangre de la
menstruación o del parto ubica a las mujeres en un estado de impureza que
implica el peligro de contaminación que ellas significan para los varones y la
sociedad.
La sangre, también, define
al sujeto femenino como ‘mujer’ en tanto que bascula su antes y su después
–niña y anciana- en su capacidad reproductiva. La sangre, entonces, tiene un
doble sentido: el de la ‘vida’, pero también, el de la ‘muerte’ (de la mujer
respecto de su vida ‘útil’) porque la sangre de la menstruación señala el
ingreso a la vida adulta y, consecuentemente a la vida reproductiva que coloca
a las mujeres en el ‘privilegio’ de su función, pero también, visibiliza con la
pérdida de esa sangre, la anulación de la maternidad y anulación que la mujer
adquiere entonces.
De todas formas, la sangre es
el hilo que enhebra las vidas de todas esas mujeres, son madres, hijas y
abuelas; y, en el ejemplo siguiente puede observarse el modo en el que la
relación familiar se inscribe como texto y figuración.
Zangaro realiza su trabajo
dramatúrgico del mismo modo en que el personaje semiotiza —resignifica— el
objeto. La escritura de este texto como tantos otros que conforman las obras
escritas y reunidas para el proyecto Teatro por la Identidad, tiene un
hipotexto testimonial: el relato de los recuerdos de los protagonistas. Patricia
Zangaro en una entrevista dice que:
[…] Justamente
empezamos a darnos cuenta en los testimonios que aquello que intentábamos
atisbar, de capturar, eran imágenes muy concretas de lo más minúsculo, de lo
más concreto. Entonces era un gesto, un objeto; y esa imagen ‘condensaba’ la
vivencia que justamente es lo que no aparece en los testimonios de las
víctimas. Porque el fin es otro, el testimoniante tiene como finalidad probar
que los crímenes ocurrieron, que la práctica terrorista fue sistemática; lo que
se trata de omitir en el testimonio es la subjetividad.
Y en los monólogos,
a través de esas imágenes, se trataba de ‘restituir’ la subjetividad, esa fue
una vía de acceso a esa dramaturgia posible […] (Badano, 2008: 574).
La memoria es la que confiere identidad al discurso y lo que permite
inscribirlo como texto teatral. Porque así como el recuerdo es testimonio que
posibilita reconstruir la identidad; un objeto es lo que permite recrear
dramáticamente la historia. El vestido crea la memoria, esta recrea la identidad,
funciona como un espejo, establece las relaciones y los tiempos, estructura los
discursos.
Zangaro semiotiza el objeto ‘vestido’, lo carga de sentidos y así,
invierte el tradicional. Para ello, retoma una idea del vestido que la sociedad
patriarcal establece. Dice Lombroso en El alma de la mujer que:
[…] El vestido […]
parte de nuestra persona, de nuestra personalidad. La tradición ratifica este
concepto y la religión lo santifica. Cada solemne ceremonia religiosa o laica,
cada día significativo de nuestra existencia, están señalados en el mundo
femenino por un vestido particular […] constituye […] el ‘blasón’ con que la
mujer indica a las gentes que no la conocen cuáles son su fortuna y su rango
social […] y también una especie de ‘bandera’ que señala la clase en que ella
misma se coloca […] (1945: 53-54).
En este texto no hay otras voces que se escuchan directamente, es un
monólogo que se abre e incluye —parodia— otras voces. Solo la voz de la
memoria, la única voz viva, la de la hija, se deja oír y en ella se acumulan
las voces de todas las mujeres de la familia. El vestido-signo (objeto de
identidad y objeto teatral) desencadena el proceso semiótico por el cual el
cuerpo ausente empieza a decirse y, al hacerlo, se visibiliza. Visible el
cuerpo ‘desaparecido’ de la madre es posible conocer la propia identidad ya que
el vestido-signo es un vestido-espejo. Este ‘dice’ porque inscribe realidad a
lo presupuesto, la referencia se hace presente. Asimismo, el tiempo se
articula. En el texto el tiempo es el presente propio del género teatral, pero
en ese presente se incorporan el pasado y el futuro, todos ayudan a la
emergencia de distintas figuraciones de ese mismo vestido porque es, además,
camisón, bata de parto, reliquia, sangre, en definitiva, metáforas de la madre.
El vestido es el símbolo de la
relación madre-hija y la fundación de una estirpe que se actualiza en el rito.
Este rito, el del ‘re-encuentro’ en y por el vestido puede ser comparado con el
rito en la Antigua Olimpia, dice Mirón Pérez: “[…] Aquí entra en juego el
ritual de las mujeres adultas […] su tejido ritual del nuevo peplo de la diosa
Hera […] el tejido era un tipo de ofrenda típico de las mujeres […] Pero el
tejido era también símbolo de orden y unión. Ya fueran niñas o adultas, el tejido
del vestido de la diosa era un ritual público que simbolizaba el orden y la
unión de la ciudad […] Unión porque suponía hacer una trama, uniendo primero
lana de distintas ovejas y después distintos hilos […] la palabra griega que
designa a la lana (eiros) compart[e]
la misma raíz eir —con el verbo eiro— anudar, entrelazar, pero también hablar,
es decir, entrelazar palabras para hilar un discurso; y en el sustantivo eirene (paz). Reunir, hablar y paz son
tres palabras conectadas, por lo tanto, con la fábrica textil […]” (2002:
61-63).
El vestido no solo aporta el recuerdo, la
recuperación de lo perdido sino que promueve la continuidad de la historia. Sin
madre, sin origen no hay hija y esta, entonces, no tiene futuro:
“[…] Era bajita, como yo. Las manchas son de
sangre. Su sangre. La mía. […] Era bajita. Como yo. Y como la abuela […] Y tal
vez como mis hijas. Y las hijas de mis hijas […]” (Zangaro, 2008: 213-214).
La sangre cambia de sentido en esta familia de mujeres, porque la sangre
no es impureza ni contaminación; tampoco premio o castigo, es identidad.
Nora Domínguez en su libro De dónde vienen los niños plantea que una de las formas de concebir
la relación entre las madres y los hijos es a partir de la elección de los
rostros; estos no solo determinan, como en el reflejo en un espejo, la
concepción de la identidad sino que constituyen el deseo de la maternidad o de
la filialidad que forja el imaginario (y la figuración); dice: “[…] Los rostros
no se heredan ni se portan como una marca corporal inalterable. Se los
construye e inventa […] La mano y la letra que los forjan hacen de ellos
objetos de imaginación y de deseo […]” (2007: 227).
Y, generalmente, son las madres las que
elaboran desde su deseo de maternidad, el rostro del hijo. En Una estirpe de petisas, sin embargo, hay
un proceso inverso, es la hija la que a partir de un objeto —representación
metonímica de la madre, figuración metafórica de la madre—, elabora el ‘rostro’
de esa madre. Dice Domínguez que: “[…] Entre lo imaginado y su representación
se instala la fuerza de un deseo que puede producir equivalencias o
divergencias […]” (2007: 236) y desde ese deseo por instalar la presencia en la
ausencia; de la hija al objeto (vestido) y de este a la madre, se construye
“[…] la horizontalidad de un legado que se traduce en la escucha de un cliché
que se respeta, en la disposición a relevar a la otra del relato de su
autobiografía o en la voluntad de construir un lugar de autorrepresentación a
partir de la representación de los rostros amados […] es la afirmación
imaginaria y casi utópica de un lugar de madre […]” (Domínguez, 2007: 244).
El vestido no solo es signo de esa identidad
sino que es eje de las pasiones. Así es que el vestido es el que neutraliza los
polos: petisa/alta; sangre/limpieza; orden/desorden; rostro
(identidad)/carencia de rostros, que permiten reconocer dos ideas de
maternidad, aunque un solo principio de identidad:
“[…] Siempre quise ver el vestido de parto.
Pero la mujer alta no tenía ninguno […] La mujer alta olía a detergente […] La
mujer no tenía fotos […]” (Zangaro, 2008: 213).
Se funda una genealogía solo de mujeres sostenida por la contundencia
del objeto (vestido) y de las metáforas que se consolidan: lo femenino denotado
en la prenda y la sangre no solo índice del sufrimiento y la tortura sino de
esa genealogía.
Mujeres en escena
Patricia Zangaro resignifica cuerpos y objetos, voces e identidades. La
escritura de Última luna, Tiempo de aguas y Una estirpe de petisas tiene un
hipotexto ideológico que es la búsqueda de la identidad pensada como una
condición de los sujetos, en este caso femeninos, pero, también, como formas de
decir en el quehacer dramático.
La experiencia de ‘nacer
de mujer’ define la condición original del ser humano y da cuenta de la
identidad a partir de una situación relacional: la de ‘ser hijos/as de’ a la
vez que inscribe una circunstancia de carácter simbólico ya que el ser hijos/as
supone la figura de la madre con la que se establecen diversas relaciones
porque, por un lado, implica nuevas relaciones hacia el pasado (la madre tiene
a su vez una madre que para el hijo/a de ésta es la abuela y así sucesivamente
hacia atrás); en paralelo –hacia los costados- porque esa madre es asimismo
madre de otros/as: las hermanas y hermanos. Relación fraternal que supone
nuevas formas de relación con esos y la madre; y, finalmente, hacia el futuro,
porque esa madre es, para los hijos que nazcan, su abuela.
En esas relaciones, los cuerpos de las mujeres pueden reconocerse,
fundarse, crearse y decirse.
Notas:
* En […] Una estirpe de petisas, donde yo trabajé
a partir de un único objeto que la chica apropiada y recuperada había
conservado de su madre, era el vestido que su madre tenía puesto el día del
parto. Y después que ella fue apropiada y su madre desaparecida, las compañeras
de cautiverio conservaron el vestido. A partir de esa imagen aparece el
monólogo porque ella al ver el vestido que todavía tenía las manchas de sangre,
se lo prueba y al probárselo corrobora que no podía ser sino de su mamá porque
era cortito y ella era muy petisita, entonces si era muy petisa era la mamá […]
(Badano, 2008: 575)
** “[…] Una estirpe de
petisas se estrenó en el ciclo Teatro por la identidad 2002, con
interpretación de la actriz Melina Petriella, y la dirección de Daniel Fanego.
Integraba la serie de monólogos que escribieron Gilda Bona, Mariana Eva Pérez y
Malena Tytelman en el taller de dramaturgia de Patricia Zangaro, siguiendo la
modalidad testimonial […]” (Zangaro, 2008: 212).
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“EL ARRIERO VA” DE ATAHUALPA
YUPANQUI
Héctor Zabala ©
Recuerdo que de muy chicos escuchábamos y cantábamos esta zamba en el
colegio primario. Me refiero a los primeros años de la década del ‘50, aunque
el poema —así como la música— es del año 1944. La versión escolar sonaba bastante
mal pues en aquel tiempo los discos aún eran de pasta, lo que exigía un
tocadiscos con púa metálica para ser escuchados. Ergo, el deterioro era sumamente
rápido, lo que provocaba ruidos no deseados, que no les era posible arreglarlos
a las maestras. Aun así, no dejábamos de aprender esta notable obra.
EL ARRIERO VA
Atahualpa
Yupanqui ©
En
las arenas bailan los remolinos
El
sol juega en el brillo del pedregal
Y
prendido a la magia de los caminos
El
arriero va, el arriero va
Es
bandera de niebla su poncho al viento
Lo
saludan las flautas del pajonal
Y
guapeando en la senda por esos cerros
El
arriero va, el arriero va
Las penas y las vaquitas
Se van por la misma senda
Las penas y las vaquitas
Se van por la misma senda
Las penas son de nosotros
Las vaquitas son ajenas
Las penas son de nosotros
Las vaquitas son ajenas
Un
degüello de soles muestra la tarde
Se
han dormido las luces del pedregal
Y
animando a la tropa dale que dale
El
arriero va, el arriero va
Amalaya
la noche traiga recuerdos
Que
hagan menos pesada la soledad
Como
sombra en la sombra por esos cerros
El
arriero va, el arriero va
Las penas y las vaquitas
Se van por la misma senda
Las penas y las vaquitas
Se van por la misma senda
Las penas son de nosotros
Las vaquitas son ajenas
Las penas son de nosotros
Las vaquitas son ajenas
Y
prendido a la magia de los caminos
El
arriero va, el arriero va
Técnica poética
Los ocho versos octosílabos del estribillo se integran bajo la fórmula
AB-AB-CD-CD, y la conexión general corresponde a los versos pares que riman de
manera asonante (senda / ajenas), y sin rima general para los impares (vaquitas
/ nosotros), aunque al repetirse los versos de a pares logran mantener una
notable forma rítmica. Cabe destacar que en el estribillo las sílabas poéticas
se corresponden exactamente con las gramaticales.
En el cuerpo del poema se utiliza la figura literaria de la epifora o
epístrofe con el verso “el arriero va, el
arriero va”, título de la obra, que marca el ritmo general y concluye con
esa misma frase.
Hay varios verbos utilizados de manera especial para incrementar el carácter poético de la obra, recurriendo en algunos casos a la subjetivación o personificación (prosopopeya) de elementos naturales. Amén de interesantes hallazgos como: “es bandera de niebla su poncho al viento”, “se han dormido las luces del pedregal”, “un degüello de soles muestra la tarde”, etc.
La historia del poema y cómo
se inspiró su autor
La historia nos habla de la injusticia social de tener que arriar ganado
ajeno en condiciones demasiado precarias en tanto el arriero sólo consigue
penas y soledad, amén de soportar el frío o el calor, la lluvia (cuando no la
nieve), los accidentes, además de cargar con la responsabilidad de no perder
animales durante su arreo.
Se trata de una pintura probablemente tardía de un oficio rural ya en
franca desaparición a mitad de la década de los años ‘40, oficio que acabaría
tras el uso masivo del tren para transportar ganado y aún más tarde el más
intensivo del camión. El oficio de arriero solamente quedaría en territorios marginales
donde el transporte automotor se hacía imposible por razones geográficas, tal
como lo describe el propio autor en su libro de memorias El canto del viento,
1965.
Atahualpa Yupanqui nos cuenta en dicho libro cual fue el disparador que
lo condujo a crear la letra de esta destacada zamba:
“Fue en esos tiempos que me
tocó ir cazando por los montes boscosos de Anta, en Salta, aunque a mí nunca me
gustó cazar. Sería más o menos hacia el año 44. Comencé el camino en los cerros
de Raco y seguí por el Alto de Anfama hacia Tafí del Valle, tomé el sendero de
los valles y fui a dar en Lumbreras, cerca del río Piedras, doce leguas adentro
de Ruiz de los Llanos. Qué sé yo si era el 44. Hará de esto una temeridad de
años. Se me ocurrió meterme en la estancia de los Matorras, sobre los mismos
cerros de Anta. Allá estaba con mi amigo el ‘Mushinga’ Ruiz Huidobro, asando
una corzuelita recién cazada, cuando pasó un hombre arreando hacienda. Junto a
nosotros había un puestero, cuidador del cerro (en esa clase de estancias, los
cerros tienen cuidadores) al que invitamos a almorzar para que nos disculpara
el hecho de haber cazado en la zona. Estábamos a la orilla de
un río chiquito y pasó un paisano arreando una tropita de veinte vacas. Iba
yendo por la costa de una sendita sin alambre. Punteaba un novillo viejo y los
demás lo seguían, mansos. Se llamaba el arriero Antonio
Fernández. Le decían ‘don Anto’, según lo supe cuando el cuidador del cerro lo
reconoció y lo saludó con sus buenos días.
‘Buenos días, buen provecho’, contestó
el hombre. Nosotros no habíamos comido todavía, así que lo del ‘provecho’ nos
sonó a insinuación. ‘Bájese don Anto’, le dijimos. —No —dijo él. Ya voy a venir
más tarde en todo caso. Voy llevando esta hacienda para la finca. —¿Y por qué
anda tan apurado? —le preguntamos. Encogiéndose de hombros el arriero contestó:
—‘Es que tengo que andar no más. Ajenas culpas pagando y ajenas vacas arreando’.
Se me pegó el refrán y ahí mismo lo anoté en unos papeles que llevaba en las
alforjas. A partir de aquellos versos fui desovillando los otros: ‘Las penas y las vaquitas / se van por
la misma senda / Las penas son de nosotros / las vaquitas son ajenas’. Así nació la canción ‘El arriero’, mientras
casi de contrabando estábamos asando una corzuela”.
Nota:
Análisis métrico de la obra:
En | las | a | re | nas | bai | lan | los | re | mo | li | nos (12 sílabas poéticas)
El | sol | jue | ga~en | el | bri | llo | del | pe | dre | gal2
(ídem)
Y | pren | di | do~a | la | ma | gia | de | los | ca | mi | nos (ídem)
El | a | rrie | ro
| va2, | el | a | rrie | ro | va2 (ídem)
Es | ban | de | ra | de | nie | bla | su | pon | cho~al | vien | to (12 sílabas poéticas)
Lo | sa | lu | dan | las | flau | tas | del | pa | jo | nal2 (ídem)
Y | gua | pe~an | do~en | la | sen | da | por | e | sos | ce | rros (ídem)
El | a | rrie | ro
| va2, | el | a | rrie | ro | va2 (ídem)
Las | pe | nas | y | las | va | qui | tas (8 sílabas poéticas)
Se | van | por | la | mis | ma | sen | da (ídem)
Las | pe | nas | y | las | va | qui | tas (ídem)
Se | van | por | la | mis | ma | sen | da (ídem)
Las | pe | nas | son | de | no | so | tros (ídem)
Las | va | qui | tas | son | a | je | nas (ídem)
Las | pe | nas | son | de | no | so | tros (ídem)
Las | va | qui | tas | son | a | je | nas (ídem)
Un | de | güe | llo | de | so | les | mues | tra | la | tar | de (12 sílabas poéticas)
Se~han | dor | mi
| do | las |
lu | ces | del | pe | dre | gal2 (ídem)
Y~a |
ni | man | do~a | la | tro | pa | da | le | que | da | le (ídem)
El | a | rrie | ro
| va2, | el | a | rrie | ro | va2 (ídem)
A | ma | la | ya |
la | no | che | trai | ga | re | cuer | dos (12 sílabas poéticas)
Que~ha | gan | me
| nos | pe |
sa | da | la | so | le | dad2 (ídem)
Co | mo | som | bra~en | la | som | bra | por | e | sos | ce | rros (ídem)
El | a | rrie | ro
| va2, | el | a | rrie | ro | va2 (ídem)
Y | pren | di | do~a | la | ma | gia | de | los | ca | mi | nos (12 sílabas poéticas)
El | a | rrie | ro
| va2, | el | a | rrie | ro | va2 (ídem)
ATAHUALPA YUPANQUI
• Libros: Piedra sola (1941), Cerro Bayo (1946), Aires
indios (1947), Tierra que anda
(1948), Guitarra (1954), El canto del viento (1965), El payador perseguido (1965), El Sacrificio de Tupac Amaru (1971), Del algarrobo al cerezo (1977), La palabra sagrada (1989), La capataza (1992).
• Canciones: Ha registrado
325. Entre sus mayores éxitos se encuentran: Basta ya, Cachilo dormido, Caminito del indio, Canción del arpa
dormida, Coplas del payador perseguido, Córdoba norte, Cruz del sur, El arriero
va, El poeta, Indiecito dormido, La alabanza, La añera, La milonga perdida, La
pobrecita, Le tengo rabia al silencio,
Los ejes de mi carreta, Los hermanos, Luna tucumana, Milonga del
solitario, Nada más, Piedra y camino, Preguntitas sobre Dios, Sin caballo y en
Montiel, Tierra querida, Tú que puedes, vuélvete, Viene clareando, Zamba del
grillo.
• Discos: Se grabaron casi 70
discos de sus canciones entre los años 1936 y 1961.
• Álbumes: Se grabaron 51 álbumes
de sus canciones entre los años 1954 y 1985, y 11 póstumos entre 1997 y 2004.
NUEVAS COLABORADORAS
EUGENIA CABRAL
Fue colaboradora del matutino La
Voz del Interior. Ha sido asistente literaria del teatro La Cochera, con el
director Paco Giménez. Ha participado en la creación de instituciones
culturales como la Feria del Libro de Córdoba y la biblioteca popular “Libertad,
para la integración latinoamericana”. Ha coordinado talleres literarios
institucionales y privados.
Sus títulos de poesía, ensayo y teatro han recibido distinciones y
premios en Argentina, Asturias (España) y Estado Guárico (Venezuela).
Desde 1988 publica investigaciones históricas y ensayos sobre poesía de
Córdoba, además de rescatar la biografía y la producción del autor español Juan
Larrea, en ediciones aparecidas en Argentina y España.
Más de su trayectoria en https://es.wikipedia.org/wiki/Eugenia_Cabral
SUSANA SANTOS
Ha colaborado en capítulos de libros, entre ellos “Tiempo, figuración,
historia y cultura en el Yo el Supremo.
La novela de Augusto Roa Bastos en su circunstancia rioplatense”, en Augusto Roa Bastos Yo el Supremo (Real
Academia Española. Asociación de las Academias de la Lengua Española - Edición
Conmemorativa Primer Centenario del autor, 2022); “Rubén Darío en Buenos Aires.
La Cosmópolis, el mañana, la Argentina y el poema”, en Rubén Darío, el Modernismo en Buenos Aires (Buenos Aires,
Biblioteca Nacional Mariano Moreno, 2016); “Ite misa est: Casa de cartón de Martín Adán”. Noé Jitrik compilador. “El
despliegue de pasados y futuros en la literatura latinoamericana” (Buenos
Aires: NJ, 2008); “Historias de la historia. Simpatías y diferencias del
proyecto de Capítulo en la
historiografía de la literatura argentina (1917-1979)”, en Centro Editor de América Latina Capítulos para una historia, Mónica
Bueno y Miguel Ángel Taroncher, coords. (Buenos Aires: Siglo XXI, 2006);
“Polémicas de la patria nueva. ¿Peruanizar el marxismo o marxistizar el Perú?”,
en Marcela Croce, compiladora. Polémicas
intelectuales en América Latina. Del meridiano intelectual al caso Padilla
(1927-1971), 2006; “Tálamos alados o el barroco monótono de un escritor
desértico: Zama de Antonio di
Benetto” en Revista de la Facultad de Filosofía, Ciencias de la Educación y
Humanidades, Universidad de Morón, 2007; “Santa Rosa Luxemburgo.
Contemporaneizar el Perú en el programa de Amauta
(1926-1930)”, en Celina Manzoni, comp. Violencia
y silencio (Buenos Aires. Editorial Corregidor, 2005); “Ramón López
Velarde. El edén subversivo de la provincia”, en Noé Jitrik, comp. Sesgos, cesuras y métodos (Buenos Aires:
EUDEBA, 2005); “Canción de otoño en primavera: la imagen del martinfierrismo en
sus claves latinoamericanas” en El
Matadero/ Revista crítica de literatura argentina (Buenos Aires,
Corregidor, 2005); “Juana Lucero, de
Augusto D´ Halmar/ El inicio de la novela chilena de la mala vida", en
Susana Zanetti, comp., La novela
latinoamericana de entre siglos (Buenos Aires: ILH, Facultad de Filosofía y
Letras, UBA, 1997); “Diamela Eltit. La literatura mala", en Noé Jitrik, comp., Atípicos en la literatura latinoamericana (Buenos Aires, Oficina de
Publicaciones del CBC, UBA, 1997); "La verdad de la parodia en La guaracha del macho Camacho de Luis
Rafael Sánchez" en Roberto Ferro, comp., La parodia en la literatura latinoamericana (Argentina, ILH, UBA,
1993).
En países extranjeros publicó “Baile de la historia y danzón macabro. Cecilia Valdés (1839-1892) de Cirilo
Villaverde”, en INTI Revista de
literatura hispánica (Universidad de Connecticut, 2004); “La mejor mujer de
la colonia. Imágenes femeninas de la Villa Imperial de Potosí desde Arzans y
Vela hasta Bruno Morales”, en América sin
nombre (Universidad de Alicante, nº 10, 2010); “Las afinidades electivas y
las relaciones peligrosas entre el uruguayo Emir Rodríguez Monegal y el chileno
Pablo Neruda”, en Revista de la
Biblioteca Nacional, Montevideo, Época 3, Año 13, n.º 18, 2022; “Imágenes
paceñas: el Paraguay de los años 30 a 3600 msnm, o el enemigo ausente de la
Guerra del Chaco, según Felipe Delgado,
novela histórica”, en Felipe Delgado
de Jaime Sáenz (La Paz. Bolivia: Biblioteca del Zorro, Carrera de Literatura,
Universidad Mayor de San Andrés, 2020); “La narración en el ensayo y el
ensayismo en la novela. Los dos ojos de Alcides Arguedas. Estudios Bolivianos 31 (La Paz: Facultad de Humanidades y Ciencias
de la Educación. Universidad Mayor de San Andrés, 2020); “El lugar de la
alegoría: las relaciones cambiantes del espacio en la novelística de los Andes,
desde Yawar Fiesta hasta Bolivia Construcciones”, en Taller de Letras, Santiago de Chile,
Pontificia Universidad Católica de Chile, n.º 45, 2009; “De una ciudad de
tísicos a Lima sin murallas: la modernidad mestiza de Abraham Valdelomar”, en Taller de Letras, Revista de la Facultad
de Letras Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, n.º 38, 2006;
“Literatura y política en dos países latinoamericanos limítrofes: las novelas Un dios cotidiano (1957) de David Viñas
en Argentina y Los deshabitados
(1959) de Marcelo Quiroga Santa Cruz en Bolivia”. El Matadero. Instituto de Literatura Argentina Ricardo Rojas,
Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Buenos Aires, n.º 8. 2014.
Desempeñó la asesoría literaria en el programa El índice de Eudeba. Subsecretaria de Medios de Comunicación del
Rectorado de la Universidad de Buenos Aires, mayo 2000 a noviembre 2001. Ha
publicado crónicas, ensayos y reseñas de crítica literaria en diarios y
revistas (diarioar; Revista Espacios
de la FFyL, UBA; Feminaria, Todavía, La
Náusea, Jallala, entre otras).
REALIDADES Y FICCIONES
—Revista Literaria—
Nº 67 – Septiembre de 2026 – Año XVII
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral
RL-2026-07590861-APN-DNDA#MJ del 21/1/2026, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina.
Propietario y director: Héctor Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
zab_he@hotmail.com
http://hector-zabala.blogspot.com/
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 40:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2019/12/realidades-y-ficciones-revista.html
Colaboradores
Corrección general: Noelia Natalia Barchuk LöwerResistencia (Chaco), Argentina
alfana79@hotmail.com
http://noelia-barchuk-literatura.blogspot.com.ar/
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 88:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/12/suplemento-derealidades-y-ficciones-n.html
Ilustración y selección de carátulas: Alanís Ahmed
Sarandí (Provincia de Buenos Aires), Argentina
alanismiku08@gmail.com
https://ar.pinterest.com/alanismiku08/alanis/
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 66:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html
COLABORARON EN ESTE NÚMERO:
• Alanís Ahmed, Sarandí (Provincia de Buenos Aires), ArgentinaCurrículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 61:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2023/12/realidades-y-ficciones-revista.html
valeriabadano@gmail.com
• Luis Benítez, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 64:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com.ar/2015/03/suplemento-64-realidades-y-ficciones-en.html
lb20032003@gmail.com
• Eugenia Cabral, Córdoba (Provincia de Córdoba), Argentina
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 67:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/09/blog-post.html
ecabral54@yahoo.com.ar
• Anna Rossell, Barcelona (Cataluña), España
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 11:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2012/12/blog-post.html
https://ca.wikipedia.org/wiki/Anna_Rossell_Ibern
https://www.annarossell.com/
https://es.wikipedia.org/wiki/Anna_Rossell_Ibern
http://www.annarossell.com/tags/curriculum-catala
http://www.annarossell.com/tags/curriculum-espanol
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https://www.facebook.com/annarossellliteratura
arossellib@gmail.com
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 67:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/09/blog-post.html
su_santos@yahoo.com
• Liliana Sepúlveda, Resistencia (Provincia del Chaco), Argentina
• Mara Viñuela, Resistencia (Provincia del Chaco), Argentina
• Héctor Zabala, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
El listado completo de colaboradores se encuentra a la derecha del blog bajo el acápite COLABORADORES de Revista REALIDADES Y FICCIONES. A la fecha, comprenden 127 colaboradores desde la fundación de la revista.
@RyFRevLiteraria
SUPLEMENTO: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
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Las opiniones vertidas en los artículos de esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor pertinente.
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