REALIDADES Y
FICCIONES
—Revista
Literaria—
Nº 65 – Marzo
de 2025 – Año XVII
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral
![]() |
| Edición de 1894. |
• Verdades y mentiras del señor Martín Fierro. (Fernando Sorrentino)
• “Aunque nada nunca suture”, de Diego Filloy (Luis Benítez)
• No se lo pierdan. “¿Te acuerdas cuando nos acordábamos? Recuerdos mundialmente zapopanos de Zapopan” de Ángel Cervantes Fuentes (El Gelos). (Anna Rossell)
• Juan-Jacobo Bajarlía: un permanente vanguardista, (Antonio Las Heras)
• Mujeres precursoras de nuestra literatura infantil juvenil. (Zulma Esther Prina)
• Vida bidimensional. (Gustavo Appignanesi)
• Tabita Peralta Lugones y Pirí en la escritura. La hija como protagonista. Parte II. (Valeria Badano)
Nuevo colaborador:
Gustavo Appignanesi, Bahía Blanca (Provincia de Buenos Aires), Argentina
VERDADES Y MENTIRAS DEL SEÑOR MARTÍN FIERRO
Fernando Sorrentino ©
Aunque en ningún momento se especifica el dónde, resultará obvio —según lo revela el desarrollo ulterior— que
el principio de La vuelta de Martín
Fierro (1879) está situado en una pulpería. Comienza directamente, a la
manera de una obra teatral, con el discurso del héroe, [1] que se
extiende, a lo largo de 1.706 versos, hasta el canto XI inclusive.En este ya no se emplean las prevalecientes sextinas sino que la narración se constituye en versos de romance [2] con asonancia en éo. Cuando Hernández compuso El gaucho Martín Fierro (1872), ni siquiera imaginaría que, seis o siete años más tarde, iba a escribir La vuelta de Martín Fierro: ahora —ya que no puede volver atrás para modificar nada— necesita redactar el canto XI: en él regresa al tiempo presente de la narración, recapitula episodios anteriores, precisa hechos y lapsos, pone orden en la estructura narrativa del Poema [3] y termina anunciando la presencia, en la pulpería, de dos de sus hijos (que, a continuación, narrarán sus respectivas historias). Pero, por añadidura, enriquece psicológicamente a su personaje, mostrándolo, no como un inverosímil semidiós virtuoso, sino como hombre en quien confluyen miedos, contradicciones, deseos de obtener aprobación...
![]() |
| José Hernández (1834-1886 |
El protagonista se da a la tarea de reconstruir y sintetizar los
episodios centrales de su vida, narrados en El
gaucho Martín Fierro. [4] Acaba de volver de tierra de indios,
donde pasó los últimos cinco años. Gracias a las informaciones que le brindó un
amigo, está enterado de las novedades producidas durante su ausencia.
Pero no sólo reconstruye y sintetiza, sino que —rasgo muy humano— tiende
a justificarse y a minimizar su parte de culpa en los sucesos en que derramó
sangre. Estos, cronológicamente, son tres: la pelea con el negro, la pelea con
el terne [5] (es decir, el bravucón) y la pelea con la partida de la
policía.
Empecemos por analizar este último episodio. Consta en el canto IX de El gaucho Martín Fierro. El amigo le
había dicho
de cuando con la partida
llegué a tener el encuentro.
Y, naturalmente, alega sus razones:
Esa vez me defendí
como estaba en mi derecho,
porque fueron a prenderme
de noche y en campo abierto.
Es verdad: en El gaucho Martín
Fierro se nos dijo:
contemplando las estrellas.
Ahora, cinco años más tarde, Martín Fierro evoca la llegada de los
policías:
y, sin darme voz de preso,
me amenazaron a gritos
de un modo que daba miedo,
que iban a arreglar mis cuentas,
tratándome de matrero:
y no era el jefe el que hablaba
sino un cualquiera de entre ellos,
Todo lo que consigna es rigurosamente cierto, como podemos verificarlo
al consultar El gaucho Martín Fierro
(IX):
dijo uno, haciendosé el güeno.
“Vos matastes un moreno
y otro en una pulpería,
y aquí está la polecía
que viene a ajustar tus cuentas;
te va a alzar por las cuarenta
si te resistís hoy día”.
Martín Fierro juzga el episodio ocurrido un
lustro atrás y comenta:
no es modo de hacer arreglos,
ni con el que es inocente,
ni con el culpable menos.
Por lo cual, y tal como lo manifestó antes,
como estaba en mi derecho,
porque fueron a prenderme
de noche y en campo abierto.
De manera que, en este caso, Martín Fierro se
ha ajustado a la verdad.
*
Pero, ¿qué ocurre con los dos episodios anteriores, ambos acaecidos, no cinco, sino siete años atrás?
El amigo le había dicho
que ya nadie se acordabade la muerte del moreno.
La gente, reunida alrededor de Martín Fierro,
lo escucha con atención: ¿qué mejor momento, entonces, para explicarse,
justificarse y tratar de obtener aprobación?:
mucha culpa tuvo el negro.
Estuve un poco imprudente,
puede ser, yo lo confieso,
pero él me precipitó,
porque me cortó primero,
y a más me cortó en la cara,
que es un asunto muy serio.
Ocho versos para rememorar y mitigar sus culpas. Dijo:
aunque si yo lo maté
mucha culpa tuvo el negro.
¿Mucha culpa tuvo el negro...? Más bien parecería
que el único culpable de haber desencadenado la pelea no es otro que el mismo
Martín Fierro. Porque, tal como lo cuenta en El gaucho Martín Fierro (VII),
por peliar me dio la tranca,
y la emprendí con un negro
que trujo una negra en ancas.
Al ver llegar la morena,
que no hacia [6] caso de naides,
le dije con la mamúa:
“Va... ca... yendo gente al baile”.
La negra entendió la cosa
y no tardó en contestarme,
mirándome como a perro:
“Más vaca será su madre”.
Y dentró al baile muy tiesa,
con más cola que una zorra,
haciendo blanquiar los dientes
lo mesmo que mazamorra.
“¡Negra linda!”, dije yo.
“Me gusta... pa la carona”,
y me puse a talariar
esta coplita fregona:
“A los blancos hizo Dios,
a los mulatos san Pedro,
a los negros hizo el diablo
para tizón del infierno”.
Habia estao juntando rabia
el moreno dende ajuera;
en lo escuro le brillaban
los ojos como linterna.
Lo conocí retobao,
me acerqué y le dije presto:
“Por... rudo que un hombre sea
nunca se enoja por esto”.
Corcovió el de los tamangos
y, creyéndose muy fijo,
“¡Más porrudo serás vos,
gaucho rotoso!”, [7] me dijo.
Siendo esto así, ¿qué culpa le puede caber al
negro, que no hace otra cosa que reaccionar ante la serie de agravios que
Martín Fierro les dirige a él y a su mujer?
Algo de esto admite Martín Fierro:
Estuve un poco imprudente,puede ser, yo lo confieso.
¿Sólo un poco imprudente...? Más bien estuvo
todo lo imprudente que se pudo haber estado, pero es cosa sabida que el hombre
tiende a empequeñecer sus culpas y a proyectarlas sobre los demás:
porque me cortó primero,
y a más me cortó en la cara,
que es un asunto muy serio.
Que el negro lo cortó en la cara, que era un
asunto muy serio porque significaba una cicatriz visible, es cierto. Pero es
falso que lo haya cortado primero, pues, antes de que el negro lo hiriese con
el cuchillo, ya Martín Fierro lo había golpeado dos veces (una, con el porrón
de ginebra; la otra, con la cara de la hoja del facón):
con el porrón de giñebra.
Unos segundos más tarde:
un planazo le asenté.
Como consecuencia:
con la sangre de la herida.
O sea que, de los dos contendientes, el primero
que es herido y que pierde sangre es el negro y no Martín Fierro. Por lo tanto,
este busca, por medio de una mentira, atenuar su culpa.
En ese canto VII de El gaucho Martín Fierro hay otras circunstancias penosas, que vuelven más reprobable la acción del héroe. Los negros han concurrido al baile con la idea de pasar un rato agradable y, lejos de eso, a los pocos minutos de llegar se vieron envueltos en la inimaginable tragedia que le costó la vida al hombre y sin duda destrozó la existencia futura de la mujer. Por otra parte, la negra es impotente espectadora de la pelea y de la muerte de su marido, a la que asiste en medio de lágrimas, tal como lo puntualiza Martín Fierro:
En esto la negra vino
con los ojos como ají
y empezó la pobre allí
a bramar como una loba.
a ver si la hacia callar.
Por fortuna, una pizca de lucidez lo disuade y
permite que la situación sea un poco menos atroz:
que era malo en aquel punto,
y por respeto al dijunto
no la quise castigar.
No cabe duda de que —pese a la indulgencia que
muestra hacia sí mismo— no podríamos, en este caso, liberar de culpa alguna a
Martín Fierro, quien, por otra parte, ha expuesto más mentiras que verdades.
b)
Pelea con el terne
Martín Fierro evoca así este episodio:
Me asiguró el mesmo amigo
que ya no habia ni el recuerdo
de aquel que en la pulpería
lo dejé mostrando el sebo. [8]
Él, de engreido, me buscó:
yo ninguna culpa tengo;
él mismo vino a peliarme
La situación es, por lo menos, dudosa. El
episodio se relata en El gaucho Martín Fierro (VIII). Recordemos que el terne
en cuestión, a diferencia del negro del canto VII, ya era conocido —y
detestado— por Martín Fierro, que lo describe sólo con rasgos negativos:
cayó un gaucho que hacia alarde
de guapo y de peliador;
a la llegada metió
el pingo hasta la ramada.
[...]
Era un terne de aquel pago
que naides lo reprendía,
que sus enriedos tenía
con el señor comendante;
y, como era protegido,
andaba muy entonao
y a cualquiera desgraciao
lo llevaba por delante.
Es evidente que experimenta hacia el terne un aborrecimiento feroz. Y, como viene de padecer una sucesión de terribles desdichas, no es extraño que esté predispuesto a la cólera y a la suspicacia. Más aún en este caso, ante la presencia de un individuo, para él, abominable. Quizás está deseando y esperando el menor pretexto para poder pelearse con el bravucón.
diciendo: “Beba, cuñao”.
Tal vez el terne, utilizando el tratamiento afectuoso y familiar de cuñao, quiso francamente convidar con un trago a Martín Fierro. Si fue así o no, lo ignoramos: muchas veces una misma expresión puede conllevar significados muy distintos para diversos receptores. Pero sí es indudable que Martín Fierro responde, apoyándose en la relación que implica el término cuñado, con un irritante ataque verbal:
“¿de qué pago será criollo?
Lo andará buscando el hoyo,
deberá tener güen cuero,
pero ande bala este toro
no bala ningún ternero”.
De inmediato se produce la pelea que Hernández, con su habitual destreza literaria, relata en sólo una sextina y sin mayores detalles: decisión perfectamente sensata, ya que en el canto anterior había descripto con pormenores la lucha con el negro y sería de torpeza narrativa reiterar, muy cercanos, episodios parecidos.
Acaso el terne, con sus actitudes ampulosas al
entrar en el boliche y con sus antecedentes, haya exacerbado la ira de Martín
Fierro. Sin embargo, parecería que, de nuevo en este caso, no pudiéramos
liberar de toda culpa a Martín Fierro. Probablemente ha interpretado de manera
errónea las palabras del otro gaucho, atribuyéndoles una intención mordaz que,
en verdad, no existía.
Notas
[1] Empleo el término héroe no con la acepción de “varón ilustre y famoso por sus hazañas
o virtudes”, sino con la más modesta de “personaje principal de un poema o
relato en que se representa una acción”.
[2] Hernández comparte aquí la misma idea de Lope
de Vega: “las relaciones piden los romances” (Arte nuevo de hacer comedias, 309).
[3] La acción novelística de El gaucho Martín
Fierro dura diez años: “tres años en la frontera, / dos como gaucho matrero / y
cinco allá entre los indios” (II:1589-1591).
[4] Así como en la segunda parte (1615) del Quijote aparecen referencias a la
primera (1605), también en La vuelta de
Martín Fierro (1879) hay quienes han leído (o escuchado leer) El gaucho Martín Fierro (1872): “No
faltaba, ya se entiende, / en aquel gauchaje inmenso / muchos que ya conocían /
la historia de Martín Fierro” (II:1657-1660).
[5] El DRAE registra este término: “(Del caló terno, joven). 1. adj. coloq. Que se
jacta de valiente o de guapo”.
[6] Formas que, en la lengua culta general, se
silabean con hiato, aparecen con sinéresis en Martín Fierro, pero sólo cuando se hallan en el interior del verso;
en los pasajes transcriptos encontramos hacia,
habia, engreido, mia. En cambio, cuando están al final del verso, siguen la
norma general: pulpería, polecía, día,
reprendía, tenía.
[7] Este adjetivo rotoso no es gratuito ni
intercambiable con cualquier otro: es coherente con lo que había declarado
Martín Fierro antes de dirigirse al baile: “No tenia una prenda güena / ni un
peso en el tirador”.
[8] Cosa curiosa, repite literalmente el mismo
verso utilizado en El gaucho Martín
Fierro: “lo dejé mostrando el sebo / de un revés con el facón” (1305-1306).
“AUNQUE NADA NUNCA SUTURE”, DE
DIEGO FILLOY
Luis Benítez ©
Aunque nunca suture [1]
ofrece al probable lector un trasluz del sostenido trabajo realizado por el
autor cordobés para el logro de esta depurada secuencia de piezas, donde se
advierte el esfuerzo por alcanzar una síntesis lo más lograda posible entre los
núcleos de sentido que se desea manifestar y la forma de hacerlo, apelando a la
plasticidad de nuestra lengua y sus múltiples posibilidades expresivas. Aquello
que por momentos parece ser un discurso muy sencillo —inclusive la apariencia
de tal remarcada por el empleo de coloquialismos y referencias explícitas a lo
cotidiano— a poco de fijar más detenidamente nuestra atención se descubre como
terreno adrede más “accidentado”: irrumpen citas cultas, referencias a iconos
culturales impregnantes, tales como el poeta argentino Roberto Juarroz
(1925-1995); el poeta, dramaturgo, teórico y crítico de arte naturalizado
francés Guillaume Apollinaire (Wilhelm
Albert Włodzimierz Aleksander Apolinary Kostrowicki, 1880-1918); el poeta,
periodista y político brasileño Carlos Drummond de Andrade (1902-1987) y el
cantautor, actor, productor y diseñador británico David Bowie (David Robert Jones, 1947-2016); así como
personajes de ficción como el shakesperiano Hamlet o el mítico Narciso, que, si
bien en un inicio parecen enrarecer la atmósfera antes lograda, rápidamente en
el decurso de la lectura vienen a actuar como elementos amplificadores del
sentido general de la pieza donde fueron ingresados.
Mediante este dispositivo que
dispara Filloy sobre las infinitas opciones que ofrece la factura de un poema,
logra que piezas que comienzan por referirse como “tema” —el supuesto tema, en
poesía, es siempre una coartada del género muy útil para que este se refiera a
lo único que le interesa, o sea, él mismo— al amor, el aislamiento, el mundo de
lo natural o lo laboral, el pretérito, etcétera, se extiendan hasta confines no
por muy amplios difusos, sino bien abarcativos de un sentido general y muy rico
en connotaciones que sobrepasan largamente la tópica primera. Es el trabajo
arduo y sostenido sobre la expresión poética lo que hace —en los momentos más
felices de Aunque nada nunca suture—
que el conjunto de este breve poemario —corto pero hondo— alcance la verdadera
dimensión que lo habita.
Cuando la labor del poeta se
pone tan de manifiesto como en esta obra, ello se aprecia y mucho. Sin duda,
este logro del autor cordobés radicado en Buenos Aires es el resultado de un
empeño muy sostenido detrás de un objetivo tan difícil como ambicioso, pero es
muy de destacar que Filloy arribó a lo que se proponía con Aunque nada nunca suture, y que, tratándose de un segundo poemario —aunque
distanciado su lanzamiento más de una década del correspondiente a la edición
inaugural del poeta— el asunto es bien cosa de celebrar.
Más que recomendable novedad
la deparada por la coedición concretada por estas dos editoriales argentinas.
Diego Filloy nació en Villa Huidobro, provincia argentina de Córdoba, en
1978. Con anterioridad al título que nos ocupa se editó de su autoría el
poemario titulado Poemas en línea de
fuego (Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2013).
NOTA:
[1] Ediciones La Yunta y Cartografías
Ediciones, ISBN 978-987-3800-63-4, 60 pp., Buenos Aires, 2025.
NO SE LO PIERDAN
Anna Rossell ©
Por favor, no se lo pierdan. No les va a resultar fácil encontrarlo,
pero sin duda pueden seguir la pista del libro a través de la página web de la Hostería del Ángel o de la Fonda Doña Gavina Escolástica, ambas
ubicadas en Zapopan, México. Es un método poco habitual de búsqueda para un
libro, pero seguramente el más efectivo.
![]() |
| Ángel Cervantes Fuentes |
Porque su autor, Ángel Cervantes Fuentes, es restaurador supremo, pero
también escribe. Y este libro de cuentos, o quizás más bien de anécdotas, es
impagable.
Quien
recuerda cuando se acordaban es también más que notable en las artes literarias.
Porque sus intensas vivencias, llenas de historia y de emoción no tienen
desperdicio. No duden tampoco en visitarlo si andan cerca de Zapopan, porque
conocer su gastronomía y conocerlo a él personalmente es también un privilegio
inolvidable.
Ángel Cervantes Fuentes nos regala un libro que es un placer para los
espíritus sensibles. En estos treinta y dos relatos-cuentos-anécdotas se recrea
una vida plena y auténtica de intensa, humilde pero más que feliz infancia de
una época irrecobrable, pero aún cercana al lector de hoy de todas partes, que
les hará revivir, aprender y disfrutar con creces. Cervantes Fuentes es la vez
persona de extrema sensibilidad, buen escritor y experimentador de mundos, y,
si bien sus historias remiten sobre todo a su infancia, también nos hace
partícipes de sus aventuras de adolescencia en Barcelona, en España o en EUA,
así como de sus reencuentros con estos escenarios.
Ángel Cervantes tiene el poder
de una escritura madura llana, directa, potente emocionalmente, un registro que
suscita la empatía que intensifica el placer de la lectura al máximo. Sus
relatos, plagados de picaresca, son un deleite sin igual.
Como les decía, no se lo
pierdan.
JUAN-JACOBO BAJARLÍA: UN
PERMANENTE VANGUARDISTA
Antonio Las Heras ©
Nació un 5 de octubre en la ciudad de Buenos Aires; de 1912 o 1914. Su partida
de nacimiento afirma lo primero, pero él aseguraba lo segundo y que la diferencia
había sido producto de un error. Falleció también en la ciudad de Buenos Aires
el 22 de julio de 2005.
Fue un verdadero enamorado de
su ciudad, a la que conocía —por haberla recorrido desde temprana edad— hasta
en los detalles de los menos frecuentados barrios.
¿Cómo evocar a ese eterno
vanguardista que fue Juan-Jacobo Bajarlía?
“De niño vendí medias en los bares. El secundario lo cursé durante la noche. Trabajaba durante el día. Quise ser médico y fui abogado. Me incliné hacia la criminología. Dejé pasar turnos de exámenes por leer la Divina Comedia. Odié los títulos universitarios. Polemicé. Perdí posiciones por decir lo que pienso. Lo seguiré haciendo. Escribí varios libros de poesía: ‘Canto a la destrucción’ lo dediqué a los poetas que descendieron del futuro. Nací un 5 de octubre, el Día del Camino. Aún busco la puerta de ese camino que conduce a la poesía”.
![]() |
| Juan-Jacobo Bajarlía (1914-2005) |
Bajarlía fue uno de los introductores del vanguardismo en la Argentina.
Entre 1948 y 1956 dirigió la revista Contemporánea.
Formó parte (1944) del Movimiento de Arte
Concreto-Invención junto con Gyula Kosice, Edgar Bayley, Carmelo Arden Quin
y Tomás Maldonado. Los lugares de reunión del grupo fueron los bodegones de la
avenida Leandro N. Alem, el restaurant El Tropezón adonde se daban cita, sobre
todo en invierno, para compartir un puchero y seguir la sobremesa hasta muy
pasada la medianoche o, en las tardes, el chocolate con churros de La Guiralda,
sobre avenida Corrientes.
Sus primeros libros fueron “Prohombres de la Argentinidad” y “Romances de la guerra”, escritos en los
años cuarenta. Su libro “La Gorgona”
(1953) fue traducido al alemán por Ilse Lustig; con esa base Esteban Eitler compuso
Música Dodecafónica, estrenada en
Bruselas (1954).
Leopoldo Marechal lo llamó “zoólogo de la monstruosidad”.
“…el
género de lo fantástico se convierte —afirmó Bajarlía— en una dimensión de lo ineludible ya que prepara
al hombre para su impostergable transformación”.
Antonio de Undurraga —muchos
años presidente del Pen Club chileno— consideró que su dimensión metafísica
introducía en el cuento fantástico una línea más allá de “lo metafísico, lo fantástico y la ciencia-ficción”. No vaciló en
sentenciar: “El cuento fantástico está
hoy en manos de Bajarlía”.
En teatro escribió y estrenó “La
Esfinge”, 1955; “Pierrot”, 1956; “Las troyanas”, inspirado en el clásico
texto de Eurípides, 1956; “La billetera
del Diablo”, 1969.
Su drama “Monteagudo” (1962) obtuvo cuatro distinciones: Selección Municipal para
las Jornadas de Teatro Leído, Premio Municipal a la mejor obra no representada,
el del Fondo Nacional de las Artes, y la Faja de Honor de la Sociedad Argentina
de Escritores (SADE). La polémica “Reverdy-Huidobro,
El origen del ultraísmo” (1964) fue publicada previamente en francés por el
Centre International d’ Etudes Poétiques (Bruselas, 1962) con prólogo de
Fernanad Verhesen; y “Existencialismo y
abstracción de César Vallejo” (1967), se publicó en Córdoba.
Corrían los difíciles años
setenta. Varias veces amenazado —por teléfono, por anónimos escritos pasados
bajo la puerta de su estudio de abogado que mantuvo hasta el día de su muerte
en un viejo y majestuoso edificio de la calle Cerrito, frente al Obelisco—. Nada
consiguió que “Jean-Jacques”, como los amigos lo llamaban cariñosamente y a él
tanto le gustaba escucharlo, se exiliara como se le aconsejaba. Recuerdo que
más de una vez le escuché afirmar mientras lo acompañábamos en su habitual café
frente al edificio de Tribunales: “Si yo
me voy, quienes confiaron en mí para defenderlos, ¿qué van a hacer?”
Permanecía, luego, en silencio con la mirada fija en el movimiento de los autos
por la calle Lavalle para, escuetamente, afirmar con nítido dejo lastimero: “Alguno se tiene que quedar”, y nos
miraba rato largo en silencio como esperando consentimiento. Otras veces,
cuando el clima no permitía aprovechar las mesas de la vereda, y entrábamos al
bar, Jean-Jacques se colocaba en una silla que le permitiera mirar todo el
tiempo la puerta de ingreso al bar. Bajarlía no fue un suicida, ni un alocado.
Claro que tenía miedo; como toda persona sana. Tanto miedo como claridad de
cuál es la actitud que corresponde a un intelectual frente al compromiso
asumido.
Bajarlía fue el abogado de
Antonio di Benedetto durante todo el tiempo que el escritor y periodista
mendocino pasó detenido. Y fue él mismo quien lo acompañó hasta el avión para
asegurarse que hubiera dejado —sin ningún impedimento— la Argentina.
Precisamente fue gracias a Jean-Jacques que quien esto escribe conoció y pudo
compartir con Di Benedetto los días previos a iniciar su exilio en España.
Uno de sus poemas más
recordados de nuestro vanguardista porteño es el que le dedicó al escritor
Haroldo Conti, raptado y desaparecido durante la dictadura: “Un día entraron/ eran cinco aparecidos
llegados del infierno/ con el olvido a cuestas y la voz en los puños./ Las
paredes se humedecían de llanto/ de finas garras de sangre/ de flores negras
que brotaban impregnadas de fuego./ Las tinieblas jugaban al destino en la
cabeza/ de los cinco aparecidos./ ¿Por qué me llevan?”
Defender colegas perseguidos
no era nuevo para Bajarlía. Ya lo había hecho hasta las últimas consecuencias
legales posibles cuando en 1967 el novelista Renato Pellegrini fuera denunciado
por su obra “Asfalto” que abordaba el
tema de la homosexualidad, calificada de obscena.
Con la democracia y el
gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín, Bajarlía usó la tribuna que le fuera ofrecida
en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires para exponer su idea del
“exilio interior”; aquel que fuera sufrido por quienes no salieron del país
pudiendo hacerlo a pesar de haber tenido persecuciones y censuras, como fue su
situación. En ese primer momento el criterio de “exilio interior” no fue bien
recibido por sus colegas.
Dentro de su obra poética
merecen recordarse los “Robotpoemas” —hoy
inhallable— escritos en aquellos años. Un feroz grito hacia lo que se
convertiría en la banalización humana que impera en la actualidad. “Telésfora” (1972) y “Nuevos límites del Infierno” se publica
en Madrid (1973) por ediciones MasterFer. “Sigo
sosteniendo —afirma allí Bajarlía— que
no hay poesía sin imagen. Y que no hay imagen sin invención. Sigo pensando que
la analogía está desterrada de un mundo en que el principio de indeterminación
y no el de causalidad es el que rige la física atómica y las relaciones
mortales del hombre. No amo al hombre sabio: me conmueve la investigación que
es otra forma de la poesía”.
Bajarlía fue designado socio
honorario y más tarde electo vicepresidente (1998 y 2000) de la Sociedad
Argentina de Escritores (SADE); obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las
Artes (1962); el Premio Municipal de Teatro (1962), el Premio del Instituto del
Nuevo Mundo de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de
Córdoba (1963) dirigido por Juan Larrea; el Mystery Magazine Ellery Queen's
(1964); Premio Municipal de Narrativa (1969), Premio Leopoldo Alas (“Clarín”) (1971),
el Konex de Platino (1984) y Premio Boris Vian (1996).
Realizó numerosas traducciones
del francés, italiano e inglés, incluyendo autores como el Aretino, el marqués
de Sade, Kandinsky y Jean Tardieu, entre otros.
Bajarlía incursionó en la Parapsicología, disciplina científica de la
que llegó a ser profesor en varias instituciones, presidir congresos y jornadas
y alcanzar la vicepresidencia del Grupo de Estudios e Investigaciones en
Parapsicología (GUEIP) fundado en 1981. “El
que busca la eternidad —escribió—
sólo halla el estallido del tiempo”. “El mito puede crear la realidad. La
humanidad es un puñal en la apertura del futuro. El mundo no existe y sólo eres
un poco de tiempo en una eternidad desconocida. Un signo que gira en los espacios
orbitales”.
Escribió novelas policiales
con el seudónimo de John J. Batherly, entre las que se encuentran “Los números de la muerte” (1972) y “El endemoniado Sr. Rosetti”.
Horas duraban las reuniones en el café situado en la planta baja del edificio donde Bajarlía tenía su estudio de abogado penalista y criminólogo. Acompañándole allí recordamos —siempre callado, concentrado en sus labores también de abogado— a su hermano Samuel. En torno a las cinco de la tarde, Jean-Jacques “bajaba” al café. Allí ya podía estar alguno de nosotros esperándolo. El encuentro —salvo que el autor de “Drácula, el Vampirismo y Bram Stoker” tuviera que dar una conferencia, participar en una mesa redonda o un curso— duraba hasta poco antes de las veintiuna, momento en que partía a la frugal cena hecha por Enriqueta Mayo, su mujer que lo esperaba en casa. En esa mesa solía estar Héctor Lastra ya consagrado novelista que también había conocido los problemas de la censura en 1973 cuando publicó “La boca de la ballena”, que fue prohibida por el gobierno municipal de entonces y simultáneamente galardonada con el Tercer Premio Municipal; el periodista, crítico y escritor Juan Carlos Licastro quien por entonces conducía el programa Informe sobre Buenos Aires en la entonces Radio Municipal, el tapicista Humberto Funes Martínez, Jorge Asís —quien vendía libros personalmente en quioscos y librerías—, Federico Andahazi por entonces inédito y dedicado a la Psicología y que luego escribiera su segunda novela “Las piadosas”, basada en ciertas investigaciones sobrenaturales realizadas por Jean-Jacques; el escritor y periodista Otto Carlos Miller; Jorge Zicolillo periodista que por entonces escribía cuentos y que dedicaría a Bajarlía una de sus novelas más exitosas: “Damasita Boedo y el enigma de la muerte de Lavalle” y el entonces juez Tibor Chaminaud con quien, en 1983, Bajarlía dirigió el único número publicado de la revista Referente/El Ojo que mira, título de claras influencias lacanianas. Porque si bien había sido un ávido lector de las obras completas de Sigmund Freud en la prolija y completa edición realizada por la porteña empresa Santiago Rueda Editor así como también de “Psicología y Alquimia”, “La interpretación de la Naturaleza y la Psique” y otros textos de Carl G. Jung; Juan-Jacobo abrevó ni bien pudo en Jacques Lacan (el parisino relector del Psicoanálisis freudiano y expulsado de la Asociación Psicoanalítica Francesa) encontrándolo ‘esclarecedor y fascinante’ para usar sus propias palabras.”
“Fijman: poeta entre dos vidas” (1992) y “Alejandra Pizarnik. Anatomía de un recuerdo” (1998) son dos ensayos producto de sus experiencias personales con el poeta Jacobo Fijman que por décadas permaneció internado en un hospicio. “…quizás —señala Bajarlía sobre Fijman— era el más grande poeta de la generación del 22; mucho más que todos los que en aquella época estaban promocionados por todos los medios. El más grande, pero estaba en el manicomio, donde padeció durante 29 años el olvido y el desprecio de los que alguna vez lo habían glorificado”.
Alejandra la joven a quien Bajarlía ayudó y cobijó —romance incluido—
durante el lapso de su breve y encendida vida.
En el libro reitera lo que sus
amigos le habíamos escuchado cada vez que alguien preguntaba. Que Pizarnik no
se suicidó y que jamás tuvo deseos de semejante cosa. “Ocurrió —afirmaba enfáticamente— que Alejandra tomaba píldoras por los dolores corporales que sentía.
Pero era olvidadiza. Estoy seguro que la sobredosis fue producto de haber
ingerido el medicamento varias veces pensando que no lo había hecho”.
En 1997 volvió a ser eje de
otra polémica literaria. Desde las columnas del suplemento dominical de cultura
del matutino porteño La Nación,
publicó una serie de artículos buscando demostrar que Jorge Luís Borges sí había
escrito una novela. Se trataba de la obra titulada “El enigma de la calle Arcos” firmada por el seudónimo Sauli Lostal
y que fuera publicada —por capítulos— en el diario Crítica (1932) y en forma de libro un año después. El escándalo generado
se mantuvo encendido por tiempo prolongado.
Fue colaborador del diario Clarín ejerciendo, inclusive, como
director interino de su suplemento literario. Publicó en los diarios La Nación y La Prensa, de Buenos Aires; en La
Gaceta (Tucumán), Los Andes
(Mendoza), La Capital (Mar del Plata)
y en las revistas Umbral: Tiempo Futuro;
Magazine, Apofántica, Lilith, Gaceta de
Parapsicología, La Semana y Noticias.
Uno de los últimos artículos
que envió a revista Noticias —que no
fue publicado— trataba sobre la movida “ciber punk.” Exacta muestra que ni aún
con más de 90 años y enfermo, abandonaba la vanguardia. A más abundamiento,
tenemos que recordar que en ese tiempo escribía usando una notebook, la que
había aprendido a utilizar rápido y con gran maestría.
Hay dos documentales sobre su
vida. Bajarlía, desandando el tiempo
(2003) y Bajarlía (2005), un
mediometraje que refleja la otra faceta del escritor, sumergiéndose en aquellos
lugares poco visitados de su extensa obra literaria. Este film dirigido por
Roberto Benemio con guion de Diego Arandojo una pincelada oscura y tenue sobre
el pasado, presente y futuro de la literatura.
El 25 de setiembre de 2007,
con el Auditorio Jorge Luís Borges de la Biblioteca Nacional colmado de público
—especialmente muchos jóvenes— sus colegas Liliana Heer, Víctor Redondo, Noé
Jitrik y Federico Andahazi presentaron “El
placer de matar” libro póstumo de Bajarlía. Aún muerto, el autor demostró seguir
vivo: “… la palabra se esconde en lo más
profundo del corazón y para hallarla es necesario que la sangre suene en el
canto de los pájaros.”
NOTA: Antonio Las Heras es doctor
en Psicología Social, filósofo, escritor e historiador. email: alasheras@hotmail.com.
Más referencias sobre este escritor en Colaboradores al pie de esta revista.
MUJERES PRECURSORAS DE NUESTRA
LITERATURA INFANTIL JUVENIL
Zulma Esther Prina ©
En este breve capítulo, evocaremos los comienzos de un camino que, a
través de la historia tomó un gran impulso. Hablamos de los inicios de la
literatura infantil juvenil en la Argentina. No podemos dejar de homenajear a
las precursoras. Cuatro mujeres importantes en la historia de la cultura
argentina, pueden ser mencionadas como precursoras de esta literatura. Ellas
son: Ada María Elflein, Eduarda Damasia Mansilla, Juana Paula Manso y Juana Manuela
Gorriti. Mujeres valientes, arriesgadas, en una época en donde el rol femenino
no tenía cabida en la sociedad, sino como mujer de la casa y dentro del ámbito
familiar.
1. Ada María Elflein
Nació en la ciudad de Buenos Aires el 22 de febrero de 1880. Poco se
sabe, especialmente de su obra literaria, pues no fue guardada ni recopilada,
aunque hubo publicaciones de notas y artículos en el diario La Prensa.
Cursó sus estudios secundarios y se recibió de maestra y de bachiller.
Se desempeñó como docente y periodista, además de desarrollar una actividad
como escritora.
Si bien, como dijimos, no quedó mucho de su obra, sabemos que su
inclinación por la literatura infantil se despertó en su tarea de maestra, en
contacto con los niños. Fue maestra de los hijos de Vicente Fidel López, a
quienes parece que les escribía algunas narraciones y poemas.
Dice Julieta Gómez Paz: [1]
A los 12 años escribió a escondidas en alemán un cuento de hadas titulado “El nacimiento de la rosa”. La profesora le recomendó, que sería mejor que estudiara matemáticas. Pero le proporcionó la más grande alegría la aprobación de sus padres: “nunca después, en mi carrera de escritora, fecunda en satisfacciones, volví a experimentar ese triunfo. Mi vida estaba orientada”.
Dice Cynthia Cordi:
Elflein publicó esta selección de cuentos y leyendas referidos a episodios de la historia latinoamericana y argentina ordenados cronológicamente en 1906 anticipándose al Centenario, (cuando publicaría “Del Pasado”), luego de trabajar para La Prensa desde 1904, y teniendo ya un grupo definido de lectores. [2]
Esto nos permite decir que su afición por la historia la lleva a trabajar con un sentido de rigor de estudio. Por otra parte, es interesante señalar que ya tiene seguidores, lectores interesados por su producción.
Podemos leer en el prólogo a esta obra, el homenaje a la patria. Expresa Elflein:
Con esta colección de mis primeros cuentos y leyendas, presento un homenaje a las glorias de la patria y a los anhelos de alta educación moral que siento vibrar en esta tierra, en la que fundaron su hogar mis padres hijos de otro pueblo glorioso que también venero.
Falleció a los 39 años. Su muy corta vida nos dejó como regalo un camino
abierto a la literatura para niños, a través de los cuentos y leyendas. Heredamos
ese amor por la literatura folklórica, fundamental para el crecimiento y amor a
las raíces.
2. El nombre completo de
Mansilla es Eduarda Damasia Mansilla
Ortiz de Rozas de García
Nació en Buenos Aires el 11 de diciembre de 1834. Se destacó como
escritora. Su obra trascendió hacia el exterior del país. Fue traducida a
varios idiomas.
Fue considerada la primera novelista argentina, ya que su primera obra “El médico de San Luis” fue editada en
Buenos Aires en 1860. Ella firmó esta novela con el seudónimo de “Daniel”. Allí
describe con justeza costumbres de la vida de provincia en los alrededores de
1860. Sigue un tiempo usando el seudónimo de Daniel. Luego publica otra novela:
“Lucía Miranda”, que fue elogiada en
el exterior.
Importa destacar que se trata de una pionera en el género cuentos infantiles. Se dedicó a escribir
especialmente para niños. Lo tomó como uno de sus objetivos en el desarrollo de
su profesión. Publica en 1880 por academias de literatura en Argentina. El
libro Cuentos contiene siete cuentos,
un relato supuestamente biográfico —Tío
Antonio— y un artículo de costumbres —Pascua—
sobre los festejos navideños en Estados Unidos y París.
Mansilla pidió que a su muerte no se reeditara su obra. Por suerte no se
cumplieron sus deseos. De ese modo, pudimos conocer y apreciar su talento
literario.
Falleció en Buenos Aires, a los cincuenta y ocho años de edad, el 20 de
diciembre de 1892. Ella fue una de las primeras mujeres argentinas que logra un
nombre y una gran consideración por su labor literaria.
3. Juana Paula Manso
Nació en 1819. Educadora, escritora y militante, está considerada la primera
mujer argentina que luchó por el reconocimiento de la mujer. Militó en las
calles y escribió en 1864 “Mujeres
Ilustres de la América del Sud” en el semanario “Flor del Aire”. Allí rescató la vida de mujeres que lucharon por
la independencia y la libertad. Se dedicó a la novela histórica. Su temática es
sobre la infancia, la mujer y la situación de pobreza que atraviesa en su
momento el país. Tanto sus discursos como sus escritos apuntan a denunciar las
acciones de la política argentina y latinoamericana.
Domingo Faustino Sarmiento la nombró directora de una escuela para niños
y niñas. A partir de allí se dedicó de lleno a la educación. Tuvo una actividad
intensa en todos los ámbitos. Redactó y llevó a cabo proyectos, impulsó la
escuela de nivel inicial, creó bibliotecas y escribió el primer libro de
lectura de historia argentina para escuelas: el Compendio de la historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Dice María Florencia Buret. [3]
En este artículo puede apreciarse la trayectoria de esta mujer
argentina. “Presencia femenina
indiscutible en la educación y en la cultura argentina del siglo XIX, con
proyección americana” [4]. Expresa:
La educación en los Jardines
de Infantes y en el nivel Primario constituye el eje de sus estudios y
desempeño docente profesional, para ello escribió artículos pedagógicos, en los
cuales analiza y hace recomendaciones sobre todos los aspectos referidos a la
educación, desde las líneas políticas hasta las consideraciones didácticas y
psicológicas para desarrollar la enseñanza sobre bases científicas. La autora
demuestra poseer una clara conciencia histórica de su tiempo, por ello, a
través de sus obras se pueden establecer las relaciones.
Falleció a los 55 años. Juana Manuela Gorriti acompañó sus restos.
4. Juana Manuela Gorriti
Zuviria
Nació en Horcones, Rosario de la Frontera, Provincia de Salta, en 1818.
Más allá de su vida azarosa, se destacó como escritora.
Como escritora desarrolla una intensa actividad, ya que escribe y publica
varios cuentos y novelas. Fueron muy bien acogidos por el público, tanto que se
difundió su obra en Chile, Colombia, Venezuela, Madrid y París.
En tanto, Belzú siguió luchando hasta que en 1865 logró que un
levantamiento popular tomara la ciudad de La Paz y declarara depuesto al
dictador Mariano Melgarejo y proclamara a Belzú como presidente.
Melgarejo ingresó al Palacio y ultimó de un disparo a Belzú, tomó el
cadáver ensangrentado y lo presentó a la multitud. Narciso Campero en sus
memorias describe que luego de este hecho, el cadáver de Belzú fue ultrajado y
abandonado en el Palacio, hasta que su esposa Juana Manuela Gorriti se presentó
para reclamarlo. Ella lo llevó a la casa, lo velo, a pesar de haber abandonado
a su familia, y le dio sepultura.
Años más tarde se estableció en Buenos Aires, donde se dedica a
recopilar e imprimir su producción literaria. Escribe el libro titulado Lo íntimo. Este es editado después de su
muerte en Buenos Aires, en 1892.
Su muerte cierra una etapa de la novela argentina, la de los
precursores.
Juana Manuela Gorriti fue un
ejemplo de fortaleza en medio de un mundo hostil. Sus restos descansan en la
catedral de la ciudad de Salta.
NOTAS:
[1] Gómez Paz, Julieta; 1961. En la
Selección, estudio preliminar y bibliografía del libro De tierra adentro (Buenos Aires, Hachette).
[2] Cordi, Cyntia. En https://adamariaelflein.blogspot.com/
[3] Buret, María Florencia. En su
análisis sobre Cuentos (UNLP) florencia.buret@gmail.com
[4] Grupo de Investigación Hisula elipagli@ciudad.com.ar. Recepción:
28/03/2011 Evaluación: 09/05/2011.
VIDA BIDIMENSIONAL
Gustavo Appignanesi ©
La era del doble desarraigo
¿Es posible estar en todas partes y, al mismo tiempo, no estar en ningún lado? Este ensayo explora el doble desarraigo de nuestra época —espacial y temporal— y propone una pausa: una mirada sobre la hondura, el presente y el calor humano en un mundo cada vez más plano y acelerado.
Nunca parecimos estar tan
conectados como ahora, cuando latitud y longitud han sucumbido a la velocidad.
La paradoja es que, a pesar de ello, nuestra existencia parece deslizarse hacia
una creciente bidimensionalidad: plana, sin hondura y profundamente
extemporánea. Pues, por un lado, aunque podamos acceder a cualquier punto del
globo casi al instante, nuestros contactos suelen rozar apenas la superficie,
acercando cáscaras que nos desarraigan de los demás y del mundo. Por otro lado,
padecemos un desarraigo similar respecto del tiempo: no sólo damos la espalda a
la sabiduría del pasado, sino que idolatramos una velocidad que nos hace saltar
de un instante insustancial a otro, incapaces de habitar el presente. Así, cuando
ilusoriamente creemos haber acortado todas las distancias, parece necesario
volver a arraigar en lo profundo y en lo perenne, para recobrar el tiempo, la
proximidad y el calor que nos hace humanos.
El desarraigo espacial: la
conexión sin proximidad
Los avances tecnológicos han comprimido el mundo, tornando a la
distancia en una mera anécdota. Sin embargo, una mirada menos apresurada revela
que este acercamiento es, en gran medida, ilusorio. Pues si bien nos hemos
aproximado en las coordenadas del mapa, simultáneamente nos hemos empobrecido
en aquella coordenada esencial de la existencia: la hondura. Nuestros vínculos,
numerosos y efímeros, suelen quedarse en la periferia, sin ir más allá del mero
contacto entre nuestras “corazas”.
Así, carentes de una cercanía que permita el florecimiento de la ternura
y la empatía —maestras silenciosas de saberes esenciales—, la vasta red social
en la que hoy estamos inmersos es predominantemente superficial y cuantitativa.
Sentimos más estímulos, pero de un modo más diluido, lo que fatalmente conduce
a sentir menos.
Este contacto epidérmico es hijo del reduccionismo, gesto dominante de
nuestra época que suplanta la riqueza inconmensurable del mundo por etiquetas
pobres y estáticas. Al reducir a las personas, a la naturaleza e incluso a
nosotros mismos a meras construcciones operativas, nos despojamos de la
posibilidad de relacionarnos en profundidad. Los demás se nos vuelven ajenos;
el mundo natural —del que provenimos, pues humanidad remite al humus, a la
tierra— se retira; y nos encerramos en una representación limitada de nuestro
propio ser.
Como señala la llamada filosofía perenne, las diversas tradiciones de la
humanidad coinciden en reconocer una base sagrada, inmanente y trascendente,
que constituye a cada porción de la realidad, dotándola de una belleza y una
profundidad insondables. Perder el contacto con este fundamento común no es una
cuestión menor: no sólo atenta contra nuestra evolución espiritual, sino que
también socava nuestra supervivencia como especie. El desarraigo espacial
siembra egoísmo, apatía y superficialidad, germen de muchos de los grandes
males contemporáneos.
El desarraigo temporal: la
fuga hacia adelante
De un modo paralelo a la pérdida de hondura, un desarraigo similar se
verifica respecto de la coordenada no espacial: el tiempo. Por una parte,
vivimos en una suerte de amnesia colectiva que desprecia el pasado y las
sabidurías acumuladas por generaciones. Hoy todo debe ser nuevo, construido
desde cero, en un culto a lo instantáneo que nos condena a repetir errores al
ignorar la experiencia.
Por otra parte, el desarraigo temporal se manifiesta de manera aún más
insidiosa en nuestra incapacidad de instalarnos en el presente. Vivimos
envueltos en una devoción injustificada por la velocidad —tiempo sobre espacio—
como valor en sí mismo. Todo es fugaz y efímero: un culto de lo instantáneo,
pero no del instante propiamente dicho, sino de lo inmediatamente accesible.
Las tecnologías digitales han llevado esta lógica al vértigo, tornándonos
crecientemente extemporáneos.
Las redes sociales no sólo nos saturan de información, en gran medida
banal, sino que nos entrenan para saltar de estímulo en estímulo,
convirtiéndonos en seres predominantemente reactivos, gobernados por
recompensas neuroquímicas inmediatas. Este ritmo febril, que en todo nos impide
detenernos y pondera una rapidez sin dirección, empobrece nuestra mirada al
punto de impedirnos ver. Como si no fuéramos conscientes de que, desde la
ventanilla de un tren de alta velocidad, los árboles no se perciben sino como
burdos bastones en fuga.
Esta aversión a la quietud nos priva de lo más valioso: el tiempo que
requiere la reflexión, la meditación y la contemplación. Y también,
crucialmente, el tiempo que requiere el amor. La ternura es hija del tiempo. A
diferencia del golpe, instantáneo y violento, la caricia es lenta y suave;
inscribe amorosamente su curva en la duración. El odio, en cambio, prospera en
la rapidez y en la reacción impulsiva que no da lugar a la sensibilidad, razón
por la cual no resulta casual que una sociedad hiperacelerada evidencie una
violencia creciente.
Hemos llegado a creer que el presente no está para habitarlo, sino para
consumirlo, vaciándolo de significado. Esta actitud transforma al momento en un
instante irrelevante, negando al tiempo bajo la ilusión de dominarlo. Pero tal
negación no es sino una forma de esclavitud, motorizada por un horror vacui que
nos empuja a tapar cualquier silencio con ruido e irrelevancia.
Paradójicamente, es en ese vacío donde buscan enraizar el místico y el amante,
quienes aprenden a habitar la quietud para contactar con un fundamento sagrado
que yace fuera del tiempo.
El falso aleph: el espejismo de la totalidad
En este contexto, pareciera que Internet hubiera materializado aquel
Aleph imaginado por Borges: esa pequeña esfera en la que convergían todos los
puntos del tiempo y del espacio sin superposición ni transparencia. Sin
embargo, la red digital no es más que un falso aleph de unos y ceros. Su “cero”
no es silencio cargado de potencial, sino mera ausencia del “uno”.
Todo es información: discreta, medible, cuantificable. Pero no hay un
bit para la hondura, porque la hondura es una cualidad, no una cantidad. Así se
consuma el desarraigo del espacio: intercambiamos profundidad por conectividad
plana. Y, en un movimiento gemelo, se consuma el desarraigo del tiempo, pues la
velocidad digital lo anula cuando todo se yuxtapone, cuando la sucesión colapsa
y las respuestas se tornan instantáneas.
Tenemos la ilusión de poseerlo todo al unísono en la palma de la mano,
como en el Aleph borgeano. Pero se trata de un espejismo: superponemos cáscaras
binarias, un frío esqueleto que no expone más que datos. Así, en nuestro afán
por trascender el tiempo, nos hemos convertido en sus más perfectos esclavos. Cuando
todo fue, es y será aquí y ahora, la paradoja se revela con crudeza: nunca
habíamos estado tan lejos del infinito y de la eternidad. Ni aquí, ni ahora.
Volver a arraigar en el centro
y en el ahora
Frente a este doble desarraigo, la tradición ofrece una brújula
condensada en dos metáforas inmemoriales que, en el fondo, son una sola. La
primera es la de la esfera mística: “Dios es una esfera cuyo centro está en
todas partes y su circunferencia en ninguna”. El universo sería entonces todo
centro: un centro sagrado y ubicuo que constituye a cada punto, a cada
criatura.
Desde esta perspectiva, moverse de modo bidimensional resulta ilusorio y
banal, pues el único desplazamiento relevante es en hondura: advertir el centro
—ese centro que está tanto en uno como en los otros—. Según la esfera mística,
sólo habría una forma genuina de moverse: del centro al centro. En tal
escenario, la separación aparece como un abismo ilusorio, ya que cada punto es,
en sentido profundo, los demás.
La segunda metáfora sugiere que, así como ese centro eterno se proyectó
en la creación sin agotarse en ella, en ese mismo acto nos habría sido donado
el tiempo. Lo sucesivo emergería de lo intemporal como una dádiva que nos
permite aprehender lo inconmensurable por medio de experiencias secuenciales.
Platón y Blake lo expresaron al decir que el tiempo es la imagen móvil de lo
eterno: la posibilidad de ir bebiendo, de a pequeños sorbos, aquello que no
podríamos soportar de una sola vez.
Desde este horizonte, la intuición del centro habilita una trascendencia
del tiempo que no lo niega, sino que permite instalarse en el ahora, en toda su
abundancia. Reconectar con ese fondo sagrado —inabarcable e inasible desde lo
conceptual— es reconectar con aquello que nos constituye, con ese vacío que, lejos
de empobrecernos, nos llena.
Conclusión: recuperar el calor
humano
Mucho se teme hoy que la tecnología reemplace nuestras manos o incluso
nuestro cerebro, cuando lo más peligroso es, en realidad, que sustituya nuestro
espíritu. Al extrapolar la potencia de la máquina más allá de lo operativo,
extremamos el reduccionismo y volvemos a las personas cada vez más ajenas,
transformadas en meros “contactos” o “seguidores”, sin cercanía, sin piel, sin
calor. El mundo mismo se compacta en una pantalla que absorbe crecientes
porciones de nuestra atención, mientras algoritmos moldean criterios, deseos y
consumos, con el riesgo incluso de volvernos más susceptibles al control
tecnocrático.
Sin embargo, el problema no reside en la tecnología en sí, sino en el
lugar que le otorgamos. La técnica empobrece cuando pretende sustituir la
experiencia, pero puede volverse fecunda cuando la amplifica. Puesta al
servicio del encuentro, puede devolvernos tiempo, proximidad y voz. El desafío
no consiste, entonces, en renegar de la tecnología —capaz de brindarnos
herramientas y potencialidades inmensamente valiosas—, sino en recuperar el
protagonismo de lo humano y subordinar la técnica a aquello que no puede ser
codificado: la ternura, la presencia, el calor del vínculo. Porque si bien es
evidente que no hay algoritmo capaz de producir una caricia, sí puede haberlos
para propiciar el tiempo y el espacio necesarios para que una emoción se
materialice.
Así, cuando nuestras relaciones pierden hondura y el tiempo se nos
escurre como un fugitivo, se vuelve visible una tarea colectiva: amasar
vínculos comprometidos con la hermandad de todo lo existente y atrevernos a
habitar el instante. La respuesta, como siempre, está en el calor humano. Y este
se alimenta de dos ingredientes principales: tiempo y proximidad.
TABITA PERALTA LUGONES Y PIRÍ
EN LA ESCRITURA.
LA HIJA COMO PROTAGONISTA
Valeria Badano ©
SEGUNDA PARTE:
Representaciones-figuración de
la madre
![]() |
| Tabita Peralta Lugones |
De este modo, el cuerpo de la
mujer unido a un destino socialmente previsto parece dar cuenta de una
identidad en la que el espacio privado resulta ser el adecuado para la función
maternal. Quedan establecidas las diferencias entre lo público y lo privado que
determinan en el juicio social las desigualdades de los comportamientos de
quienes constituyen esos espacios y valoran las acciones que allí se realizan.
Para Fraser es el espacio público el que expulsa a las mujeres de cualquier
participación social y política que pueda considerarlas como ciudadanas.
Según Paterman, el concepto de
ciudadanía está sexualmente diferenciado; es por eso que postula necesario
“…que [se] reconozca a las mujeres como mujeres, con sus cuerpos y todo lo que
ellos simbolizan…” (1993: 11). Paternan [7] entiende que el pacto
social se crea en la esfera pública y que, como derecho político es un signo
patriarcal que habla del poder que los varones ejercen sobre las mujeres. Pero,
¿qué sucede con ese derecho civil en la esfera privada?, según Paterman, las
mujeres quedan excluidas del pacto social aunque reconoce que se establece un
pacto sexual que es por el que se mantienen las desigualdades. De modo que la
participación en la sociedad civil no garantiza el aumento de la ciudadanía de
las mujeres.
Pirí Lugones, ajena a las
cristalizaciones socio-sexuales que constituyen el espacio doméstico propio de las
mujeres, integra el grupo Montoneros. Con quienes realiza trabajo barrial, de
prensa e inteligencia motivo por los cuales resulta desaparecida, y finalmente
asesinada en 1978 por las fuerzas militares de Argentina. Su participación
activa en política pone en evidencia principios de ciudadanía que pretende
imponer a partir de la igualdad de derechos y obligaciones. Aunque, por otra
parte, la organización interna de los grupos guerrilleros revela las
desigualdades de género persistentes dentro de los mismos replicando la
jerarquía patriarcal que en el contexto social de la década del setenta existe.
Dice Marta Vasallo en “Militancia y transgresión”:
Las organizaciones de pertenencia de estas
militantes no implementaron medios para garantizar la proclamada igualdad,
porque la discriminación sexual no figuraba en su campo visual y, si figuraba,
era en el mejor de los casos uno de los tantos aspectos secundarios de la vida
que se resolverían solos una vez lograda la revolución […] Se resistieron a
abordar su condición de mujeres como cuestión específica, o bien, conscientes
de su discriminación, no tuvieron espacio para plantearla como cuestión
política. Ello no impidió que sus vidas dramáticas, y en muchos casos
vertiginosamente breves, operaran a un alto costo personal rupturas drásticas
con la educación recibida y con los roles que la familia y la sociedad les
asignaban. (2009: 30)
De este modo parece ser que en la noción de
ciudadanía se sustituye el cuerpo real de los sujetos por el cuerpo político de
los ciudadanos. Sin embargo, como propone Alejandra Ciriza en Sobre genealogías feministas y memoria
es preciso recuperar la impronta de los cuerpos de las mujeres como individuos
y no como una categoría genérica que singulariza en el espacio público para
poder reconocer aquello que marca el cuerpo femenino, dice que es preciso el
“…esfuerzo por reescribir la historia produciendo en el espacio público marcas
de nuestro tránsito individual y colectivo, colocadas entre y ante nosotras
mismas…” (2008: 11).
La militancia de Pirí es ‘dicha’ en la
autobiografía de su hija. La palabra de la hija ‘inscribe’ a la madre en dos
tipos de discurso. Por un lado, el discurso directo por medio del cual Tabita
Peralta Lugones, la hija, ‘reproduce’ las cartas que su madre le envió, y por
otro, la versión de la hija ante la muerte y desaparición de la madre. En las
dos ocasiones, no obstante, la participación política de la madre siempre es
referida desde su consecuencia; es decir, a partir de la ausencia del cuerpo
materno y de la necesidad de ‘reencontrarlo en el reflejo —representación
especular— del cuerpo de la hija. Sin embargo, en el texto de Peralta Lugones
puede revisarse la noción de militancia y construcción de la ciudadanía que se
realiza tangencialmente [8] en la reflexión que la hija de una
desaparecida realiza treinta años después, instalada en España.
En el primer capítulo de Ciudadanía y derechos de las mujeres, María José Billorou y Mónica
Adriana Morales hablan acerca de la relación entre la memoria y el género en la
Argentina en los años setenta. Allí afirman que la memoria tiene una impronta
muy importante en la configuración de la subjetividad femenina. Desde esta
perspectiva se vuelve a cuestionar la división entre ‘público’ y ‘privado’
donde el patriarcado lleva adelante el control de los cuerpos; tanto que esos espacios
también definen los lugares de la memoria ya que lo que vale la pena contar, es
decir, recordar, está marcado por la mirada masculinizante. Así solo es digna
de ser recordada la historia política, la de los héroes nacionales, la que
constituye el ámbito público. Sin embargo, se precisa también que para pensar
en la memoria se deben tener en cuenta las distintas operaciones tales como el
silencio, la nostalgia, la emergencia de mitos. Son estas operaciones
constitutivas de la memoria las que permiten poner en evidencia cómo la memoria
familiar se configura como un laboratorio de identidad. En Argentina, el
rescate de lo familiar se visibiliza en la acción de Madres de Plaza de Mayo
quienes ‘abandonan’ el espacio doméstico que como madres ‘deben’ ocupar para
tener una participación política, pública, decisiva. Así es que, en Argentina
gracias al cultivo de la memoria se logra el empoderamiento ciudadano de las
mujeres. Dice Maier:
las madres de desaparecidos parecieron hablar
de tú a tú con los padres autoritarios de la patria, interrogándolos como si
fueran figuras arquetípicas de una tragedia griega que de maneras sutiles e
inesperadas desdibujaron el propio drama de género con la fuerza de su
empoderamiento, amparadas desde algún rincón del inconsciente colectivo
masculino por el intenso poder materno primordial […] la transgresión del
encierro privado de la maternidad tradicional perturbaba la reproducción del
control sociopolítico del propio autoritarismo. (2006: 37-38)
Si el accionar de las madres de Plaza de Mayo
significó un revés al modelo de familia y Estado que se proponía, la escritura
de Tabita vuelve a imponer un desvío porque es la hija, que está presente y con
poder de decir, la que busca, en su propia escritura a la madre desaparecida y
simboliza la realidad que aquella vivió. El cuerpo torturado, la desaparición y
la muerte son figuraciones de las representaciones de la violencia [9]
en la sociedad argentina.
El texto de Tabita Peralta Lugones expone a la
madre como desaparecida y le da la voz que intentaron silenciar, se invierte la
experiencia nueva de las madres saliendo de su función habitual para exponerse
en la vida pública porque ahora es la hija la que ‘busca’ a la madre, la hija
reescribe —inventa— a esa madre.
Así, las figuras madre e hija se confunden —se
funden— porque en la búsqueda, la hija se transforma en madre y porque la madre
está visibilizada en varios pasajes del texto como una niña. Al ser la madre
una desaparecida, la hija deja de serlo y se constituye en madre, de modo que
se cambia el sentido y lo que se instaura a partir de él.
Asimismo, esa madre es separada de todas las
metáforas de la maternidad que ha cultivado el occidente cristiano. Pirí como
madre está sexuada, su cuerpo está determinado por las marcas de su diferencia.
Es renga, es bella, es joven, es niña seductora, es amante. Son estas
diferencias las que determinan el cuerpo de Pirí como un cuerpo ajeno a la
maternidad preconcebida en Occidente. La mujer (personaje que representa a la
autora) reconstruye una figuración de la maternidad: “…mamá era la mujer más
hermosa e inteligente del mundo […] Las desdichas a veces se acumulan en una
sola persona. Ella es el personaje. ¡Y qué personaje! […] Mi madre no tuvo
tiempo para contarme cuentos. Teniendo la madremadre, sobreprotectora y loba,
me sentí huérfana desde pequeña…” (2009: 25).
La primera ola del feminismo se ocupa de poner
en agenda las cuestiones políticas y legales de las mujeres que habían estado
invisibilizadas, entre ellas “la ciudadanización femenina”, dice Maier (2006:
29); esta se corresponde, en primer lugar, con el derecho al voto y a la
educación formal y puede ser considerada también como el derecho a vivir y
construir(se) en la ciudad como en un espacio propio capaz de generar “nuevas
representaciones de lo femenino en el imaginario colectivo, abriendo la
posibilidad de resignificar los papeles tradicionales de madre y ama de casa…”
(Maier 2006: 29).
Pirí Lugones actuando en el contexto de las
dictaduras militares de Argentina y de la segunda ola feminista que propone que
‘lo personal es político’ [10] puede ser considerada como una mujer
que rompe con la representación de la maternidad en tanto que ‘abre’ el espacio
doméstico y ‘democratiza’ las relaciones de la familia al no imponer, como en el
texto de Tabita se pone de manifiesto, las normas vigentes en las familias de
los sesenta y setenta. Al respecto cuenta Tabita Peralta Lugones en una
entrevista en ADN Cultura del 5 de septiembre de 2009 que:
Cuando era adolescente, a veces intentaba imitar
a mis amigas y le preguntaba a qué hora tenía que volver de alguna fiesta. Ella
me miraba como si hubiese enloquecido y contestaba: "Yo qué sé a qué hora
tenés que volver. Volvé a la hora que te dé la gana". Y seguía con sus
cosas. Al colegio, por ejemplo, íbamos cuando queríamos o íbamos cuando se nos
daba la gana. Yo siempre tenía 23 faltas y media. Me echaban de los colegios. Y
ella decía: "Ahora te buscarás otro colegio". Las mujeres de mi
familia fueron todas muy particulares. La parte femenina de mi familia fue muy
pesada y muy densa. Su madre, mi abuela Carmen, también era un personaje.
Y por otro lado, la representación de Pirí sale
de lo familiar para alcanzar visibilidad en el ámbito cultural del país, siendo
reconocida como una de las mujeres promotoras culturales más importantes de ese
momento.
En esta línea, desde la que se observa que la
ciudadanía de las mujeres no logra ‘imponerlas’ como cuerpos de mujeres
individuales, Mouffe señala que el lugar del sujeto es el de la carencia; y lo
explica a través de la consideración de Wittgenstein para quien el sujeto no
puede ser fuente del significado lingüístico porque en los juegos del lenguaje
es que el mundo se despliega ante nosotros (1993: 5) y de allí la multiplicidad
en el concepto de identidad. Es posible considerar la identidad femenina como
una construcción móvil, fluctuante, nunca terminada. En Sujetos nómades Rosi
Braidotti señala que la identidad femenina es nómade en tanto que su identidad
no está fija en estereotipos y afirma que “…la relocalización estratégica que
permite rescatar lo que necesitamos del pasado a fin de trazar senderos de
transformación de nuestras vidas aquí y ahora…” (2000: 33) [11].
Para Paterman y también para Young, la
ciudadanía es, como ya se ha dicho, una categoría patriarcal en tanto que
sostiene las diferencias entre lo público y lo privado. Tal distinción mantiene
las diferencias sexuales que son tomadas como el elemento que valida la
jerarquía entre varones y mujeres. Sin embargo, es posible pensar en esas experiencias
femeninas radicadas en las experiencias corporales. Por ellas, la ciudadanía
basada en la experiencia de las mujeres puede asumir una postura
‘maternalista’: la experiencia de la maternidad da cuenta de un cuerpo
diferenciado que pone de manifiesto determinados poderes femeninos (según lo
plantea Rich en Nacida de mujer) ya que no se reconoce la maternidad como el
elemento desencadenante y esencial de la feminidad sino que la maternidad se
constituye en el eje de la autoridad femenina surgida del reconocimiento -sin
imposición- de una mujer sobre otra, autoridad que es concedida por las demás
mujeres.
En la consideración de las identidades nómades,
entonces, se observa la necesaria anulación de los esencialismos tan caros al
patriarcado. De modo que las mujeres deben ser consideradas ciudadanas porque
son mujeres que viven la experiencia de la ciudadanía en tanto que sujetos
femeninos. Para dar cuenta de esa experiencia de una identidad no arraigada a
un territorio único, Peralta Lugones comenta en la charla informal que
mantuvimos a propósito de su ida a Europa que “A estas alturas no lo considero
ni siquiera un viaje. Quizás una manera de vivir. ¿Nomadismo? En absoluto. Al
contrario, aunque estuviera, en los años setenta, tres días en un hotel o en un
apartamento prestado, ponía afiches y me instalaba. He vivido veintitrés años
en París en el mismo apartamento, acumulando cuadernos escolares de los niños y
dibujitos. Nada más lejos del nomadismo que mi vida, llena de libros y, eso si,
nunca compramos una casa, ni un coche ni nada de lo que te fija a los lugares.
Curiosa pregunta que me hace pensar. ¿Exilio? Tampoco. No me fui de Argentina
por ninguna razón específica.
Me fui. Y de alguna manera cambié mis intereses
poco a poco. Mis muchos hijos en las escuelas hicieron que me fascinara la
ocupación militante en la escuela republicana francesa, donde también había
muchas cosas por cambiar. Los amigos se hicieron catalanes y franceses y luego
me fui quedando, al ritmo de conseguir trabajo, dinero, gente … y me quedé… y
me quedé muchos años en Barcelona y luego muchos años en París. Y ahora vivo
delante del mar, en un pueblo a 50 k de Barcelona, y siempre dejo atrás gente
que quiero y encuentro otra nueva para querer”.
Sin embargo, dice en su texto: “… ¿Cómo
explicar en otro lenguaje los olores, los dolores extranjeros […] Y ni siquiera
le encuentro alguna lógica a que los países tengan un nombre […] Y no supimos
encontrar un lugar donde dejar de ser extranjeros. No supimos encontrar un
lugar sin patriotas y con múltiples lenguas […] La única separación verdadera o
posible es el océano…” (2009: 158-163).
Y entonces, Peralta Lugones recupera la
simbología del agua y la observa, por un lado, como el elemento que mantiene la
idea de igualdad en tanto que metáfora del espejo. Por eso es utilizada en
relación con los espacios: Barcelona, Buenos Aires y París son el mismo lugar,
igualdad cifrada en el reflejo en el agua.
Pero por otro lado, el agua es también, en
términos de Bachelard, violenta cuando “el agua recibe fácilmente todos los
caracteres psicológicos de un tipo de cólera” (Bachelard 1978: 29). Y entonces
la narración vuelve sobre la figuración textual de la representación de la
maternidad. Cuenta en el texto:
Lo metieron en un avión, pegotearon bien el
cemento entre los dos pies, introdujeron en las venas una solución
tranquilizante, despegaron y volaron, volaron sobre esa agua marrón que es el
Río de la Plata, abrieron las escotillas… Y expulsaron en el aire a esos
muertos vivientes, ni muertos ni vivos, y miraron caer en el agua esos cuerpos,
y los deben haber visto hundirse con una ligera salpicadura. (2009: 121)
El agua, así, se vuelve masculina, abusiva,
detentadora de poder sobre los cuerpos, poderosa.
Genealogía femenina:
recolectar lo disperso
Tabita Peralta Lugones interpela tales cristalizaciones y se empodera de
tal forma de la capacidad simbólica que puede subvertir en historia familiar
esa representación del cuerpo femenino pronunciándose, en primer término, como
creadora de una estirpe de mujeres. Dice La mujer de la novela: “…Un mundo de
transmite de madre a hija. De ninguna otra manera […] Un espejo deformado, pero
gran espejo que permitirá aceptar la vejez, la muerte, el viaje. En el espejo,
tus carcajadas…” (2009: 176). Consecuentemente con esto y asumiendo el poder
logrado, Tabita Peralta Lugones ha dicho en una charla informal realizada a
mediados de 2013:
Mi historia es la historia de la suma de las
mujeres de mi familia. Y sí. Es más, ahora sigue con la historia de mis hijas.
Como muñecas rusas, unas salen de otras y así sucesivamente, a pesar de que con
la muerte se acaba la sabiduría del que se muere yo creo que hay cosas
profundas que pasan de abuelas a hijas, de madres a hijas, y luego de esas
hijas que son madres a sus propias hijas y luego –hasta aquí llego- me pasa
ahora que intento que algo de mi madre o de mi abuela, lleguen hasta Luna, la
hija de mi hija, que ya tiene 11 años. Pero no creo que ese lazo se desplace a
la escritura. Son otras cosas, más intangibles o todo lo contrario,
absolutamente físicas, como la mermelada, un cierto sentido del humor, o las
formas con las que creo que hay que construir la vida.
Por eso, Tabita Peralta Lugones echa mano a las
metáforas del agua ya no para recrear sino crear la idea de madre como
figuración, lejos definitivamente de las representaciones establecidas.
Dice el texto: “…Mar-madre imposible
separarlos. Mi retorno anual a esta humedad compartida entre el agua y el sol
[…] Y el mar a mediodía, plateado como un espejo. Hasta hace daño mirarlo. Pero
hay que mirarlo hasta el crepúsculo […porque] poder organizar la propia muerte
es poder mirarse en el espejo…” (2009: 151 y ss.).
Se representa así a la
madre como el agua (representación femenina por excelencia); y por ella se
subraya la metáfora del espejo; de modo que la madre ‘es’ la narradora. Y por
eso mismo, ambas pueden ser la mujer, la protagonista y la escritura. Se
realiza la figuración y por ella la madre es, a la vez, un cuerpo sexuado,
simbólico, torturado, marcado, muerto, desaparecido. Siempre presentado, como
la figuración generada por la palabra de la hija, por la existencia que la hija
crea de la madre y que funciona en oposición a las imposiciones del
patriarcado.
La Librería de las Mujeres
de Milán promueve la necesidad de rescatar las huellas de las mujeres que han
pretendido ser borradas por el patriarcado. Explica Alejandra Ciriza que en la
Modernidad, a pesar de que el orden de privilegio de los siglos anteriores se
instala el de igualdad, la ‘loi de famille’ sigue vigente, de modo que los
asuntos de las mujeres continúan siendo considerados irrelevantes.
La bisnieta de Lugones e hija
de Susana, a través del texto literario que crea, reconstruye la genealogía
femenina de su familia y recoge en la figuración del texto, las representaciones
de la maternidad/feminidad porque interpela al patriarcado encarnado en la
figura de Leopoldo Lugones en tanto que representante de la cultura letrada,
por un lado, y del ideario político por otro. (Ciriza dice que “…las
generaciones muertas pesan como una pesadilla sobre el cerebro de los vivos…”
(2008: 15) [12]. Pero sobre todo, porque cuestiona el poder que el
patriarcado en sus diferentes formas (geografía, política, violencia, sexo,
ley, escritura) impone en las representaciones del padre como ‘propietario’ del
cuerpo femenino.
Así se puede observar la idea
de propiedad del cuerpo que de Pirí tienen su padre y su padrastro: “…Mamá pasa
los veranos con su padre. A los seis años se enferma de tuberculosis y el
bacilo le limará los huesos de la pelvis, para siempre. Leopoldo decide
entonces que esta chica tendrá que estudiar, qué remedio, la maternidad, se lo
dice, no estará a su alcance. Y tanto lo dice, que lo repetirá a todos los
hombres que se le acerquen… (2009: 72).
Una sexualidad prematura de la
madre es descripta en el texto; sin embargo, al mismo tiempo en que la presenta
como un sujeto sexuado, la identifica con una mujer presa de las conductas del
patriarcado: “…Mi madre, entonces, solo tenía doce años. Trato de imaginar de qué
manera, esa primera vez, Marcos entró en la habitación de mi madre […] Ella
debía presentirlo: tenía que suceder […] Él, embebido de su poder de seductor
de las mujeres de esta familia…” (2009: 76).
Esas determinaciones
masculinas sobre el cuerpo femenino terminan por imponer según lo dice el texto
de Tabita, las desobediencias de Pirí, la renga. Porque a pesar de la
prohibición de la maternidad, ella engendra y pare tres hijos. Y entonces, esa
cojera, que marca la inversión –figuración- del cuerpo femenino en tanto que
determinado por el poder masculino, es postulada como signo de la diferencia,
no solo es una marca expresionista de la subversión de esa mujer sino aquello
que ‘marca’ la diferencia, es la tachadura significante de la que habla Roland
Barthes en S/Z porque esa, su cojera en lugar de invisibilizarla, subraya su
cuerpo, es “la herida de la carencia […] la barra de la censura, la superficie
especular, el muro de la alucinación, el filo de la antítesis, la abstracción
del límite, la oblicuidad del significante…” (1986: 89). [13].
Luego, a Pirí Lugones le
ligan las trompas y así, haciendo uso de ese cuerpo, se le niega la posibilidad
de tener más hijos, anulándola como mujer (si se entiende que el rol
fundamental para la sociedad patriarcal es la maternidad). Ante la imperiosa
necesidad de anular la casta maldita de los Lugones, se pretende eliminar la
proyección en los hijos, sin embargo, no se logra porque queda la escritura.
Escritura donde Pirí, primero, y Tabita, después, ponen en juego la libertad
tanto discursiva como sexual de sus identidades femeninas.
Tabita Peralta Lugones pone en
discurso su intención en tanto que mujer escritora de subvertir la idea de que
lo privado, en tanto que femenino, es carente de interés para la ‘cosa pública’
y para ello toma como paradigma la historia familiar que es conocida por la
sociedad en tanto que algunos de sus protagonistas participan activamente de la
vida civil de Argentina [14]. Tanto Leopoldo Lugones (1974-1938)
como su madre Susana Pirí Lugones (1925-1978), son sujetos cuya participación
civil los ubica en el espacio público. Desde el lugar de potestad de la palabra
que representa la voz paterna de Lugones se impone un borramiento de la labor
escritural de su nieta y de su bisnieta. La escritura de Tabita Peralta Lugones
difiere en lo coyuntural de la hora de la escritura del padre de la poesía
argentina y de su madre.
Si Susana ‘Pirí’ Lugones,
nieta del poeta nacional, hija del comisario se rebela a la representación del
poder masculino, provoca un quiebre y es la voz de la hija, Tabita la que la
recupera en la historia familiar donde esos varones ya no son porque se ha
fundado por el deseo femenino, una genealogía de mujeres. Dice el texto:
Entre nosotras dos habremos jugado dentro del
castillo de Drácula, en ríos de pena, de amores, del amor que nos dieron
nuestras madres, nosotras arremetedoras, frágiles, duras, pero sobre todo
amadas por nuestras madres, hijas primogénitas las dos, y madres a la vez, de
camadas / cachorros / soportados / amantes madres de hijas e hijas de madres,
amadas, amantes. (2009: 165)
Se ha dicho que con esta novela, Tabita
comienza —llega— a la escritura propia pero, a la vez, clausura las escrituras
familiares (la de Leopoldo, la de Ale, la de Pirí). En esta operación de doble
sentido, la madre, la mujer, la narradora, la hija, la protagonista, la
escritura son idénticas, todas imágenes de un mismo espejo que no devuelve las
representaciones corporales sino figuraciones inscriptas en la metáfora del agua.
En la última parte (“La manifestación de la vejez”) se aclara que solo habla la
protagonista, es decir la escritura y ella, ya se sabe, es la propia voz de la
narradora. Juega con la metáfora del espejo y el vacío de referencia del
pronombre personal femenino, dice: “…Ella bebe un vaso de agua de mar. Azul,
con la espuma blanca. Una cerveza azul del mar. Y mientras bebe, comienza una
historia.
O más bien, yo la termino…” (2009: 186).
Y entonces vuelve a replegarse la historia
sobre sí; y los personajes se reencuentran, se duplican, se repiten: “…Algún
día las ausencias serán nuestras ausencias y se encontrarán con el teléfono en
la mano y el número de tus propias casas olvidado. Así como yo no puedo
recordar el número de teléfono de la casa de mi madre…” (2009: 52) Y entonces,
es imprescindible el regreso al útero materno, a su intimidad:
Cuando entra en su casa, su pertenencia, cierra
la puerta y suspira. ¿Sueño, pesadilla, previsión, inteligencia, intuición,
realidad o locura? […] Finalmente, está en su habitación […] Esta mujer abre la
puerta del armario. No hay nadie. Vacío. Gira la cabeza y ve que su cama está
llena de viejas. Entra en el armario, sin permitirse ni una mirada en el
espejo. Ya no entiende nada.
Cierra la puerta del armario. Sentada, dentro,
en la oscuridad total. (2009: 198)
Retrato
de familia se construye a partir de la voz en primera persona de una mujer, la
escritora Tabita Peralta Lugones y así se da lugar a la bisnieta, y a la nieta,
y a la hija, y a la madre. Todas las voces —la voz— interpelan los estereotipos
genéricos inscriptos en las representaciones del poder del varón encarnadas en
su bisabuelo, el escritor Leopoldo Lugones y en el abuelo policía
(representaciones del poder masculino letrado y del poder masculino
institucional); pero logra refundar la genealogía familiar. Y por otro lado,
plantea la idea de la maternidad subvertida –encarnada en su madre desaparecida
y muerta durante la dictadura argentina- que es reescrita y resignificada
gracias a la producción literaria de la hija. La escritura de Tabita Peralta
Lugones, más allá del rastreo histórico sobre su familia, se detiene en los
cuerpos (des)conocidos: suicidados, torturados, maltrechos, desaparecidos,
muertos, rescritos; cuerpos reconocibles en su materialidad y como centro de las
identidades.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Nuevo colaborador
GUSTAVO ADRIÁN APPIGNANESI
Nació en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 8 de junio de 1969. Está casado y es padre de dos hijos. Licenciado y Doctor en Química por la Universidad Nacional del Sur (UNS), realizó estudios de postgrado en la Universidad Nacional de La Plata y fue Postdoctoral Fellow en la Universidad de Chicago. Su tesis doctoral fue distinguida a nivel nacional con el Premio Schumacher (Fisicoquímica) y con Mención Especial en el Premio Giambiagi (Física Teórica). Actualmente, es Profesor de Fisicoquímica en el Departamento de Química de la UNS, vicedirector e Investigador en el Instituto de Química del Sur del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Bahía Blanca), donde dirige proyectos de investigación que han recibido subsidios de Fundación Antorchas, SeCyT, SeCyT-ECOS (Argentina-Francia), SeCyT-MAE (Argentina-Italia) y CONICET.
Es autor de varias publicaciones en revistas internacionales
prestigiosas en temas de física, biofísica y fisicoquímica, ha realizado
visitas de investigación y dictado conferencias y seminarios en distintos
centros académicos del país y del exterior. Los aspectos vinculados al desarrollo
de una visión, postura o forma de relación profunda con el mundo y, por
consiguiente, la educación, son cuestiones por las cuales siempre se ha
interesado, habiéndolas ya abordado en un ensayo titulado: Sobre la condición de amante y la libertad, una mirada al mirar (EdiUNS,
Editorial de la Universidad Nacional del Sur). En cuanto a la novela Terra Incommensurabile, fue editada por Niram Art, España y por El Aleph,
Buenos Aires.
https://www.youtube.com/watch?v=2mmQ_1yi5Ug
appignan@criba.edu.ar
—Revista Literaria—
Nº 65 – Marzo de 2026 – Año XVII
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral
RL-2026-07590861-APN-DNDA#MJ del 21/1/2026, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina.
Propietario y director: Héctor Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
zab_he@hotmail.com
http://hector-zabala.blogspot.com/
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 40:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2019/12/realidades-y-ficciones-revista.html
Colaboradores
Corrección general:
Noelia Natalia Barchuk Löwer
Resistencia (Chaco), Argentina
alfana79@hotmail.com
http://noelia-barchuk-literatura.blogspot.com.ar/
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 88:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/12/suplemento-derealidades-y-ficciones-n.html
Ilustración de emblema:
Mónica Villarreal
Scottsdale (Arizona), Estados Unidos
Monterrey (Nuevo León), México
monvillarreal@hotmail.com
@mon_villarreal
https://www.facebook.com/monvillarreal22
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 17:
http://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com.ar/2014/06/
Currículo en Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 65:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/03/realidades-y-ficciones-revista.html
• Valeria Badano, Luján (Provincia de Buenos Aires), Argentina
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 61:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2023/12/realidades-y-ficciones-revista.html
valeriabadano@gmail.com
• Noelia Natalia Barchuk, Resistencia (Chaco), Argentina
• Luis Benítez, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 64:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com.ar/2015/03/suplemento-64-realidades-y-ficciones-en.html
lb20032003@gmail.com
• Antonio Las Heras, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 45:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2021/03/blog-post.html
alasheras@hotmail.com
• Zulma Esther Prina
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 43:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2020/09/realidades-y-ficciones-revista.html
zulmaprina@gmail.com
• Anna Rossell, Barcelona (Cataluña), España
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 11:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2012/12/blog-post.html
https://ca.wikipedia.org/wiki/Anna_Rossell_Ibern
https://www.annarossell.com/
https://es.wikipedia.org/wiki/Anna_Rossell_Ibern
http://www.annarossell.com/tags/curriculum-catala
http://www.annarossell.com/tags/curriculum-espanol
https://twitter.com/Raboliut
https://www.facebook.com/annarossellliteratura
arossellib@gmail.com
• Fernando Sorrentino, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 20:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2015/03/revista-20-realidades-y-ficciones-en.html
y en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 75:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2017/12/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html
http://www.fernandosorrentino.com.ar/
fersorrentino@gmail.com
• Héctor Zabala, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
REVISTA: https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/
@RyFRevLiteraria
SUPLEMENTO: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
@RyF_Supl_Letras
Las opiniones vertidas en los artículos de esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor pertinente.
“Realidades y Ficciones” Mónica Villarreal (2014) acrílico y óleo sobre papel-lienzo, 30 cm x 30 cm |
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
%20(5x5).jpg)

.jpg)


.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)






