sábado, 6 de junio de 2026

REALIDADES Y FICCIONES
—Revista Literaria—

Nº 66 – Junio de 2026 – Año XVII
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral


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(se le avisará cada nuevo número trimestral,
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Hiponacte de Éfeso
(Poeta yámbrico, s.VII-VI a.C.)
Alanís Ahmed, 2026
(Lápiz sobre papel de acuarela, 25 cm x 35 cm)
En base a lo publicado por Guillaume Rouille
(1518-1589) en Promptuarii Iconum Insigniorum.


Sumario

• “Domus Café. Una Ventana y Tres Miradas”. (Reseña por Luis Elorriaga)
• Deconstruir el arte. “Bestias” de M.J. Escosura. (Anna Rossell)
• “El fuego de los días” de Norberto Barleand. (Luis Benítez)
• Inger Christensen dio alas al alma. (Niels Hav)
• El libro que hacía falta: “En voz alta” de Ricardo Escalante. Análisis crítico de la obra. (Luisa Elena Pinel)
• Las mujeres de la familia en el teatro de Patricia Zangaro - Parte I. (Valeria Badano)
• “Papaíto Piernas Largas” de Jean Webster. (Héctor Zabala)
• Nuevos colaboradores:
        Luis Elorriaga, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
        Niels Hav, Copenhague, Dinamarca
        Luisa Elena Pinel, Caracas, Venezuela
        Alanís Ahmed, Sarandí (Provincia de Buenos Aires), Argentina


“DOMUS CAFÉ, UNA VENTANA Y TRES MIRADAS”

Luis Elorriaga ©

 

Domus café. Una Ventana y Tres miradas
Raúl Angeles, Marta Festa y Jorge Mozzino
Editorial Book Pack, Bella Vista (Bs.As., Argentina), 2026
ISBN 978-631-01-3413-0

Un adolescente enojado con su madre, un celular capturado y un hecho donde las decisiones pesan; el tiempo acecha y desemboca en una conclusión dolorosa e inexorable; un joven geólogo, un accidente y la verdad se convierte en un espejismo. Estas situaciones mutan lo cotidiano en extraordinario.

En DOMUS CAFÉ. Una Ventana y Tres Miradas, los cuentos que nos ofrecen Raúl Ariel Angeles, Marta Lidia Festa y Jorge Oscar Mozzino resultan ser un encuentro bellísimo y azaroso, porque significa acercarse y vivir la ausencia, la frustración, el amor… Es un ida y vuelta entre la realidad y la ficción que se concreta en la creación literaria, donde el lector encontrará el conocimiento profundo del ser humano.

 

Prólogo a Domus Café, de María Luisa Arregui:

Abrir un libro es abrir un mundo. No importa cuántas veces lo hayamos hecho, siempre hay un instante de silencio, casi ritual, en el que la primera palabra nos invita a cruzar un umbral.

Sabemos que escribir es corregir hasta intentar llegar a un texto perfecto, tal como lo habíamos pensado. Eso significa no sólo contar algo sino cómo decirlo. Tarea para nada simple.

En cuanto al título, es un acierto que produce en el lector una conexión con sus recuerdos, con sus sueños, con la soledad, con el dolor, con la realidad que pega.

En DOMUS CAFÉ. Una Ventana y Tres Miradas, diferenciamos cada una de las voces de Raúl Ariel Angeles, Marta Lidia Festa y Jorge Oscar Mozzino y cada una nos hace cómplice de sus mundos de estilos diversos pero unidos por un hilo conductor: la emoción que provocan en quienes los leemos a través de un lenguaje claro, sencillo y cuidado.

Ahora, la palabra queda en nuestras manos.

Que cada cuento nos atrape, nos sacuda y nos acompañe más allá de estas páginas. 

 

A continuación, breve biografía de los AUTORES y un cuento de cada uno de ellos publicado en el libro: 

 

RAÚL ARIEL ANGELES

Nació en 1962 en Campo de Mayo, cerca del Partido de San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Es maestro normal superior con especialización en informática educativa, escritor, artesano, cantante y está enamorado de la impresión 3D. Participó en varias antologías de diferentes editoriales y publicó su libro de cuentos Bolsa de red en 2023; logrando más de dieciséis libros con cuentos y poesías.


LIBRERO

Raúl Ariel Angeles ©

 

Quiso acomodar en el estante el último libro que acabó de encuadernar y uno, colocado a las apuradas le rozó la oreja y terminó en el piso. Lo miró y vio que de entre sus hojas vueltas contra el suelo se habían desparramado unos recortes de viejos diarios amarillentos. Soltó de su mano el que traía, que cayó sobre una mesa y se acuclilló para tomar con suma delicadeza los pequeños trozos de papel. Hacía algún tiempo que no leía esos artículos de las páginas de policiales. Feos, y todavía dolorosos recuerdos, le llegaban, solo por tomarlos y saber de memoria cuál era su contenido, qué era lo que decían, línea a línea, párrafo a párrafo. Se limpió la nariz con la manga de su camisa, a la vez que se le escapaba un pequeño quejido casi inaudible. Levantó el volumen del piso y lentamente, recitó una corta oración; volvió a su lugar los papeles caídos, abrió un espacio y guardó cuidadosamente el libro.

Mientras separaba las partes de la prensa de madera para quitar de ella un nuevo volumen, recordó una de las conversaciones que había tenido con su padre:

¡Yo no voy a mantener vagos! ¿No querés estudiar? Entonces vas a buscar un laburo, de cualquier cosa, no me importa. ¿No querés laburar? Bien. Primero te voy a recagar a palos... y después te vas a estudiar. Esta tarde vamos con el cura que está enseñando oficios o algo de eso. Te dije: no voy a mantener vagos.

No me convencía ninguno de esos oficios, hasta que probé y me metí en el de encuadernación. Con cuero. Estaba fascinado con su textura y con lo fácil de manejar, tan flexible... me di cuenta de que tenía habilidad para trabajarlo. Había aprendido cómo curtirlo y a hacer tapas muy elaboradas que a muchos les habían gustado. Miró por unos momentos hacia el estante de libros.

El curtido, artesanal como él lo hacía, no era difícil pero sí, muy laborioso; llevaba tiempo y un esfuerzo desgastante. Se pagaba bien, o casi, y no hubo que estudiar demasiado, solo memorizar algunas cosas: El salado para secar y que absorba la sangre; el lavado con cal y sulfato; los días del baño de mezcla con tanino y, al fin, la estira y el trabajo con grasa y aceite; darle color y el proceso final con la estira de mármol. Sí... no era sencillo. En muy poco tiempo había logrado hacerse de un terreno donde se armó su pequeña curtiembre. Nunca hubiera pensado lo mucho que la usaría.

Con algo de nostalgia y tristeza, agradeció haberle podido mostrar a su vieja el detalle de una tapa con repujado que había sido su trabajo para aprobar el curso. Allí, junto al viejo, ella le dijo orgullosa: ¡Mi hijo inteligente...! Eso fue una semana antes del robo, ahí... donde los mataron como a perros.

Retiró el tomo de la prensa, dobló y pegó el cuero a las tapas de cartón y lo llevó de nuevo a la presión de las maderas. Se fijó a un costado y aún tenía varios libros para encuadernar.

El cuero no va a alcanzar. —Sonrió y agarró las llaves del auto para ir a su curtiembre.

Manejaba por las últimas cuadras de tierra, mientras recordaba. ¡Motochorros de mierdal... Y la cana nunca los encontró... ¡Tres años!. Y no los encontró.

Abrió la puerta y el olor característico le golpeó el olfato. Pasó, indiferente, por su lado; estaba tirado en el rincón. Embarrado en su mugre. Ya no se quejaba, no podía. Siguió de largo hacia el tambor. Destapó el pozo, sabiendo que lo iba a usar. Los dos cueros estaban casi listos, a uno solo lo tenía que recortar y llevárselo; al otro…

Tiró al pozo los recortes, la parte de la cabeza y las tiras que extrajo con el cúter.

¡Tres años! Con unos pesos y unas bochitas conseguí todos los datos.

Cerró el agujero con la tapa y colgó el cuero que faltaba. Antes de irse, se fijó en la esquina. Él estaba despierto. Lo miraba. Un poco de odio, un poco de resignación, no tenía nada más en sus ojos.

En una semana me llegan más libros para forrar. —Le dijo.

 

Observó su angustia y ese llanto que no era con lágrimas, sino de repetidos bufidos. Su silencio tornado. Sonrió y no pronunció otra palabra.

A la piel recién descolgada y envuelta había que ablandarla un poco. Pensó en la otra —mucho laburo por tan pobre resultado—. Sabía que a esa no le iba a sacar retazos muy grandes, demasiados tatuajes. 

 

MARTA LIDIA FESTA

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1957. Es profesora normal y especial en letras, por la Universidad de Morón, Facultad de Filosofía y Letras. Premio “Gobierno de la Provincia de Buenos Aires”, medalla de oro y diploma acreditante, año 1979. Cursó Licenciatura en Letras con orientación en Literatura Latinoamericana. Es profesora de inglés y de francés. Se desempeñó como docente de nivel secundario y universitario. Coordina desde 2015 el Taller Literario “Domus Café”. Actualmente trabaja en la producción de una novela.

 

LIENZOS

Marta Lidia Festa ©

 

Hacía mucho que quería aprender pintura. En el momento menos pensado surgió una profe, Luly, que tenía su taller cerca de mi casa. Los pocos pinceles que había visto en mi vida eran los que había tenido que usar en la escuela y los únicos colores que conocía eran los primarios y los secundarios. Así que pensé que descubriría un mundo nuevo en este lugar y que afloraría mi creatividad. El óleo y el bastidor en blanco empujan a que nuestras manos y nuestra mente y todo nuestro ser se mueva, se abstraiga y haga cosas que nunca habríamos imaginado.

Durante el primer encuentro, teníamos que pintar solo manchas para ver qué surgía ¡Cuánta libertad! Me lancé con la paleta en la mano —con un delantal sobre mi ropa para no ensuciarme— y soñé que era Frida, una de mis preferidas. Maravilloso!!!  La sensación era indescriptible; inconscientemente, comencé a dejarme llevar... Llegó el final de la clase y observé cómo mi lienzo se había transformado en un manchón de color indefinido y de una textura más indefinida, aún. No fue mi mejor experiencia pero decidí continuar yendo.

Con el tiempo me fui enriqueciendo con las diferentes técnicas aprendidas y fui apreciando las diferentes improntas de las otras alumnas: todas mujeres, para no perder la costumbre. Mientras trabajábamos nos fuimos presentando y relacionamos nuestras personalidades con nombres de colores.

Así fui Rojo porque no tengo paciencia para hacer cosas demasiado elaboradas, toda la que poseo para este metier la utilicé para hacer una reproducción de “La clase de baile” de Degas, que terminó siendo un regalo para mi hija mayor. Ni siquiera hablaba, tan absorta estuve durante su elaboración. Me puse muy contenta porque lo había logrado: Por lo menos se notaba que eran bailarinas y no, “Las meninas” de Velázquez. Gran logro, lo que me valió el “Para la venta” de Azul.

Debo decir que tengo compañeras que son realmente artistas. Pueden hacer cualquier cosa con los pigmentos. Verde por sus perspectivas; Naranja por sus estarcidos; Celeste por la delicadeza de los colores pasteles ¡Oh, my God! Tengo que reconocer que soy la más tronco de todas, cosa que no me viene mal porque esto de no destacarse en algunas cosas es sensacional, baja la autoexigencia.

Con el correr de los meses, las integrantes de este grupo con edades y temperamentos diferentes intimamos un poco más y entre charla y charla empezamos a contar nuestras historias y ahí se cayeron las fachadas de fortaleza que escondían debilidades ante los grandes dolores que habíamos transitado.

Un jueves llegamos a hablar de nuestras pérdidas: la de los hombres que habíamos amado finalmente terminó siendo divertida porque algunas a esta altura ya reíamos de lo que en su momento había sido bastante calamitoso: ¡¡¡¡se nos habían desteñido los Príncipes Azules!!!!; ya podíamos hablar de los ,padres confundidos, de las cuotas alimentarias sin cumplir, de los juicios, etcétera. Algunas habían sido abandonadas por “sus” padres o por “sus” madres. Ahí empecé a ver que los medio hermanos, los hermanastros, las familias ensambladas venían desde hacía mucho tiempo aunque era un tema que yo había conocido recién cuando me separé. Lo que pasa es que si voy ponerme a pensar, eso ocurrió hace 35 años, poco más, poco menos.

Luego aparecieron diferentes pérdidas, las más dolorosas, las que solo el tiempo va acomodando, de las que vamos haciendo los duelos; aquellas que según las resoluciones posteriores, quedan en el alma, en el cuerpo, en la mente... ¿Y de qué hablo? De los abortos espontáneos. La mayoría habíamos tenido abortos espontáneos. Cada una lo recordaba de manera diferente, obviamente. Yo lo sentía —no lo expresé porque no quería desnudarme tanto— como una sensación de impotencia, de no poder retener esa vida que se había gestado en mí. Me acuerdo de que hacía mucha fuerza, pero por entre mis piernas se deslizaba irremediablemente la sangre roja y caliente; de esas contracciones sumamente dolorosas que parecían punzadas intermitentes y, a la vez, circulares... Dios lo había dispuesto así. Me rebelé, pero solo un poco más tarde la vida me compensó con mis dos grandes amores.

Otras, no habían tenido la misma suerte que yo: no habían podido volver a concebir. Todo había sido una sucesión de tratamientos invasivos e inútiles. Finalmente, la decisión de adoptar. Pero en este país la adopción es un proceso eterno si se quieren hacer las cosas legalmente. Y no importa si la pareja no tiene preferencias entre niños más pequeños o niños más grandes. Siempre hay un pero.... Por lo cual la gente termina, a veces, recurriendo a la ilegalidad. Ahí me acordé de algunos casos que habían aparecido en la televisión. No sé si las familias habían regalado sus niños a gente extraña para que los criara o los habían vendido. Pero, cualquiera fuera la circunstancia, por qué no notaba el dolor en esas familias. La angustia de la pérdida, la incertidumbre de la desaparición de ese nene, de esa nena o de ese adolescente. También se me cruzaban por la mente ante esos casos, tan resonantes en los medios de comunicación, el tráfico de órganos, la pedofilia. Tanta miserabilidad humana que no se puede creer. Y cuántos en el anonimato... Allí me acordé de la Hermana Pelloni, una heroína peleando contra todo ese inframundo, contra toda esa mafia; quien humildemente creo que no desapareció —o no la mataron— justamente por su notoriedad después del caso María Soledad ¡Ay qué horror! Cuántas cosas vienen a la mente de uno. Volví al relato de Verde quien finalizó contando que su marido y ella hubieran adoptado dos hermanitos. Fue cuando reapareció alguien de la familia de los niños que pedía sollozante y arrepentido la revinculación con los mismos. Se cansaron y dijeron basta porque el tema de la revinculación es complicado. Esta gente que abandona chicos tiene siempre el poder de reclamar y la facultad de llevarse a los menores. Escuchamos, entonces a Celeste que es muy creyente y acompaña a su nuera a todos lados y por todos los medios: la ciencia, la religión para ver si puede engendrar ese nieto tan querido y tan deseado por todos. El padre José, carismático de Devoto, dice que sí, pero que debe seguir esperando... Y ahí apareció otra faceta de estas pérdidas, la de las que habían quedado embarazadas muy jóvenes. Y por supuesto, a los hombres les había dado un poco de miedo... La mayoría siempre tiene miedo, que no quieren, que bueno, que si los abortos. No vamos a decir que todos son iguales. No soy tan categórica pero en este grupo, las que habían pasado por esa situación habían seguido adelante con la vida, acompañadas o solas. No juzgo, no soy quién, a aquellas que no tienen otra solución...

Y ahí, nuevamente volé hacia el recuerdo de una amiga que era pañuelo celeste (por qué será que los argentinos estamos divididos o por colores, o por ideologías, o por, o por, o por, pero siempre enfrentados). Ella era pro vida porque había sido el producto de un aborto fallido. Su madre se lo machacaba siempre, no sé cómo se procesa esa verdad... ¿Cómo se duela? No quiero ni imaginármelo ¡Dolor, si los hay!

Ese jueves, los lienzos mostraron lágrimas azulinas, manos ensangrentadas de un rojo opaco, palomas blancas volando hacia la inmensidad, fondos oscuros que aunaban el dolor.

Ese jueves, todas las telas fueron conmovedoras...

 

JORGE OSCAR MOZZINO

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1947. Es contador público, egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1971. Formó parte del taller de narración “Jitanjáfora”, que conducía la señora Olga Venditto. Algunos de sus cuentos han sido publicados en: revista Biblios de la Biblioteca Munzón de Bella Vista; libros de la Editorial Dunken de 2013 y 2014; revista literaria Realidades y Ficciones; Antologías Cuentos en Jitanjáfora y Susurros del Cielo y del Infierno del mencionado taller literario; Antología 2018 Poetas y Narradores Contemporáneos de la Editorial de los Cuatro Vientos.

 

 

ESCONDITE

Jorge Oscar Mozzino ©

 

Se arrastraba entre las piedras buscando donde esconderse. El impiadoso sol del desierto todo lo calcinaba. Le dolía mucho el cuerpo. Aunque lo intentó varias veces, se dio cuenta que no podía pararse. Sus ropas se desgarraban con las espinas. Sus manos sangraban.

Tenía que hallar un escondite. Ahí estaría protegido del sol. Como geólogo sabía que la deshidratación ocurre muy rápido y lleva a una muerte inexorable.

No le tenía miedo a la muerte, no. Lo que lo aterraba sobremanera era lo que sobrevenía a la muerte en esas regiones. Una bandada de buitres dejaría sus huesos pelados en unas horas. Sabía que, desde las alturas, ellos exploraban, con su aguda vista, toda la comarca en busca de alimento.

¡Qué asco le producían esas aves, con cabezas y cuellos pelados para no manchar sus plumajes de sangre! ¡Sus picos temibles, capaces de horadar huesos y chupar los tuétanos! Para colmo, siempre atacaban primero los ojos. Con un par de picotazos engullían los globos oculares. ¡Qué horror!

Siguió arrastrándose. Los reflejos del sol le anunciaron la cercanía de agua. Con su cuerpo sangrando llegó hasta el manantial. Se dio cuenta que sólo eran los vidrios rotos de la camioneta que había volcado.

Ahora recordaba. A pesar de las advertencias y normas de la empresa, había salido solo a explorar un paraje distante treinta kilómetros del campamento. En una curva de la huella el vehículo había volcado.

¡Qué pronto se habían terminado las ilusiones de ser un exitoso explorador, como había soñado en sus épocas de estudiante!

Se tapó la cara con las manos y se dijo que todo era una terrible pesadilla.

Sus ojos se llenaron de lágrimas secas. El pánico lo paralizó. Oscuros presagios poblaron su mente. En un esfuerzo supremo se atrevió a mirar. Torció la cabeza y divisó, no muy lejos, unas aves que, como en un ritual milenario, se acercaban, muy, pero muy despacio. 

 

 

MARÍA LUISA ARREGUI

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1955. 
Profesora en Letras por la Universidad de Morón. Se desempeñó como profesora en escuelas secundarias e Institutos de Formación Docente en José C. Paz, San Miguel y Hurlingham (Provincia de Buenos Aires).

Fundadora, directora y representante legal del Colegio "Buenos Aires" - Jardín de Infantes "Amanecer" - de la ciudad de José C. Paz.

Ha prologado el libro Domus Café. Una Ventana y Tres Miradas.

 

 

PABLO G. LAMBARRI

(Buenos Aires, Argentina). Actor y artista plástico. Se formó con los maestros Carlos Gandolfo y Juan Carlos Gené. Tiene una amplia trayectoria en teatro y televisión.

Teatro: La reunificación de las dos Coreas (Dir. Helena Tritek. Teatro General San Martín); Ricardo III (de William Shakespeare. Dir. Patricio Orozco); Incendios (de Wajdi Mouawad. Dir. Sergio Renán. Teatro Apolo); Hamlet (de William Shakespeare. Dir. Juan Carlos Gené. Teatro Alvear).

Ha ilustrado la tapa del libro Domus Café. Una Ventana y Tres Miradas.


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DECONSTRUIR EL ARTE

Anna Rossell ©

 

MJ Escosura
Bestias
Autoedición, 2024, pp. 36

 

En la línea del estilo rompedor de su anterior libro de poemas, Ü (2022), MJ Escosura nos convoca a Bestias. Y las bestias son una relación por él elegida de animales en peligro de extinción y que Escosura, también dibujante, representa en el poemario. Los dibujos no corresponden a un solo animal, sino a dos, son criaturas mixtas.

MJ Escosura
La hibridación no es caprichosa, claro. Forma parte esencial de lo que el autor siente que es, desea decir, vivir y transmitir. Porque él se da a conocer como queer, palabra inglesa que reúne sinónimos de diversa índole: algunos despectivos; otros, en cambio, muy positivos, tales como unorthodox, atypical, unexpected, out of the ordinary. Los que cito aquí son epítetos que definen con precisión la producción artística de Escosura y su proyección como persona artista. Clasificar a las personas y sus cualidades a partir de un simplón sistema binario: hombre-mujer, bueno-malo, simpático-antipático… es una torpeza, una simplificación que no hace honor a la realidad ni a la verdad (y distingo entre realidad y verdad porque no son lo mismo, pero a ambas las traiciona la simplificación).

Sí, Escosura es un rompedor absoluto, absoluto porque el gesto de su rompimiento afecta a todo: a su entorno y a toda su actividad; no hay escisión entre la percepción de sí mismo, la que tiene del mundo y de la sociedad y la que proyecta en la creación artística. Es un todo coherente y radical. Coherente porque su gesto es crítico en todos los ámbitos de la esencia y la existencia, y radical porque experimenta sin temor, no con intención de aniquilar por aniquilar, sino para acercarse a otra verdad, a otra realidad diferente de la que se nos transmite culturalmente. No es en absoluto nihilista. Reconstruye para crear. No destruye; afila su mirada a su interior y a su entorno para ver, ver de otra manera y así crear una nueva mirada, más productiva y respetuosa con el sentir y el mirar subjetivo de cada cual.

No puede así extrañarnos que MJ Escosura recoja el testigo del vanguardismo del siglo XX, sobre todo del dadaísmo, que surgió en torno a 1916 en el Cabaret Voltaire de Zúrich, promoviendo un arte que surgía al azar y tendía al caos, como oposición y rechazo al arte burgués del momento y se declaraba anti-todo. Sin embargo, si dadá —palabra que hasta entonces no significaba nada— se dio a conocer más por su decir NO al arte de la segunda década del siglo pasado ofreciendo el caos —ausencia de alternativa— como contrapartida, no me parece que sea el caso de Escosura. Él experimenta con la intención de encontrar una alternativa y en su camino de experimentación pone en práctica lo que se le antoja productivo para tal alternativa, aunque ésta pueda ser provisional, incluso para él. El autor deconstruye, desmantela el lenguaje artístico tradicional, lo desintegra, pero no asola, no nos deja la nada; el paisaje que queda tras ese desmantelamiento no es la devastación. Él ofrece otras opciones. Las piezas que le quedan son aprovechables, pueden tener otra vida con retoques: reordenación silábica, combinatoria inusual con inclusión de signos ortotipográficos dando lugar a otro concepto de palabra… Escosura pulveriza la lengua, pero no echa el polvo a la basura, sino que lo recoge y crea otra. Crea otra lengua y otro lenguaje.

Escosura —lo mencioné ya en mi reseña de su otro libro, Ü— es un iconoclasta total: lo desmantela todo: la morfología y la sintaxis…: inventa verbos, hace transitivos verbos que no lo son, separa palabras inseparables según la ortodoxia, usa asterisco o dos puntos entre las sílabas de una palabra (de lo que entendemos tradicionalmente por una palabra)… Trata pues la lengua y el lenguaje (el verbal y el plástico) con absoluta libertad, juega con ellos, según le sugiere el momento de creación correspondiente. Se adivina en él una voluntad de potenciar tanto en sí mismo, en el preciso momento de la creación, como en sus lectores, en el preciso momento de su lectura, las asociaciones semánticas que él propone (que con el novedoso tratamiento lingüístico que él aplica son insólitas). Pero va más allá: también quiere potenciar las que a cada individuo puedan ocurrírsele personalmente. Porque la riqueza de asociaciones que sugiere una palabra, media palabra, una cadena fónica más o menos larga o incluso una sola sílaba aislada es diferente en cada individuo (o puede serlo), porque las asociaciones tienen que ver con su educación, su cultura (en toda la amplitud de acepciones que le demos al término) y con sus vivencias personales. Las asociaciones surgen de manera automática cuando vemos, oímos, tocamos, leemos lo que sea y tienen mucho que ver con nuestro sub- o inconsciente personal. En Escosura hay espacios de libertad individual, que reserva a cada uno de sus lectores y/u observadores de sus dibujos. Diríase que sus lectores se convierten, en el momento de la lectura u observación, asimismo en creadores, y cada creación con su firma personal.

No es casualidad que escriba Bestias a mano, con una letra difícilmente legible. Intencionadamente es así, precisamente para permitir diversas posibles interpretaciones. Cuando el lector se tropiece con una letra que no consiga descifrar a la primera deberá elegir cómo la interpreta y lo hará según su íntima y subjetiva asociación, determinada por un conjunto de factores, ninguno de ellos al uso.

La dificultad de descifrar en algunos momentos su escritura es la razón por la que no reproduzco aquí ninguno de sus poemas; ello implicaría desvelar su encanto y su intención.

Vaya el ejemplo que sí puedo incorporar a esta reseña porque éste sí está escrito con una tipografía industrial: A modo de antetítulo leemos:

 

IÜNA

Resquebraja mi aliento

la napia entre peludos,

si con ojo sigue su línea

 

Con la misma intención de avivar la subjetiva interpretación libre el autor utiliza a veces puntos suspensivos (…), dando a entender: «complétalo tú, lector», o escribe casi siempre observaciones, sentencias que se nos antojan absurdas. Y diríase que en su caso utiliza el absurdo como herramienta para conseguir su contrario: el sentido. Cada cual encontrará el suyo. También sirve a este objetivo el estilo lapidario, conciso, desnudo: menos es más.

El libro incluye un breve pero acertado prólogo de Tatiana Beca Osborne y, al final, una relación de los nombres de los animales en peligro de extinción que el libro considera. Los nombres no están dispuestos en orden alfabético ni por orden de aparición en las páginas, así que me pregunté cuál sería la intención del autor y, como los nombres de los animales que él hibrida no van seguidos, hasta llegué a trazar líneas de unión entre ellos para ver si aparecía ante mí un dibujo que me revelara la clave del misterio. Pero no, no logré salir de dudas.

Probablemente —en realidad estoy segura de ello— MJ sigue queriendo sacarnos del sopor en el que estamos sumidos y de la inercia que conduce nuestra vida cotidiana, decirnos que despertemos y que nos pongamos a pensar.

 

 

“EL FUEGO DE LOS DÍAS”, DE NORBERTO BARLEAND

Luis Benítez ©



El prestigioso sello argentino Vinciguerra Hechos de Cultura SRL acaba de publicar un nuevo poemario del reconocido autor local, cuya extensa y prolífica trayectoria se enriquece aún más con este flamante título.


Como pocos otros colegas nacionales el poeta Norberto Barleand conoce los secretos de esa antigua magia del género, capaz de conjugar en una sola línea, en cada verso, la amalgama exacta de emoción y sentido, donde significante y significado entrecruzan sus características y potencialidades para generar en el lector un doble impacto, de certera precisión, y cuyas resonancias en ambos campos, el emotivo y el intelectual, perduran mucho más allá del instante en que cerramos las páginas de cualquiera de sus obras.

Como Nicolás Olivari (1900-1966), como Raúl González Tuñón (1905-1974), como Evaristo Carriego (1883-1912), Barleand es capaz de sintetizar en sus piezas líricas la voz susurrante del hombre de la calle porteña, sus impresiones y desdichas, el espíritu mismo de la ciudad que habita, así como el estruendo que conmueve al mundo y sacude a cualquier otro contemporáneo, logrando -raro, muy poco habitual efecto- que aquel que abre sus poemarios se pueda identificar casi inmediatamente con cuanto lee y sucede en una urbe y una sociedad que muy posiblemente desconoce, que tal vez nunca visitará.

Radicalmente urbano, el discurso poético de Norberto Barleand trasciende así el ámbito original de su decir, para universalizarse sin perder por ello su cuño de origen; por el contrario, potenciando una y otra peculiaridad.

El fuego de los días [1], su más reciente entrega, no desmiente sino que ratifica estas afirmaciones y pone en claro que no precisa el afamado poeta porteño la abultada extensión de una obra para hacerlo, sino su acostumbrada concentración de contenidos, aquella destreza que sus numerosos lectores le reconocemos plenamente: la capacidad de catalizar en piezas habitualmente cortas y concisas los poderes del lenguaje para generar una reacción casi química en quien lo lee. Treinta y una composiciones, divididas en tres secciones —El mundo entierra cenizas de la tarde, El perfume de las rosas en el jarrón de los sueños y El abismo de los días, respectivamente— le alcanzan a Barleand para, en este breve pero muy profundo volumen de versos, abarcar el centro y los confines de un universo que le es ya propio, como una marca de identidad. Un cosmos de sentidos que se despliega en cada pieza que nos brinda y que, asombrosamente, se nos ofrece dotado de una plasticidad y ajuste expresivo capaces de contener, en poco más de sesenta páginas, un amplio abanico de referencias muy puntuales. En El fuego de los días tienen cabida tanto el sentimiento que nunca se rebaja a sentimentalismo; el pesar legítimo, que jamás se torna estéril lloriqueo por la desdicha presente y la felicidad perdida, así como la esperanza fundada y la potencia de aquel que se subleva contra las injusticias de este mundo y este tiempo.

Poeta que conoce cómo afilar bien los versos cuando de decir miseria, horror, espanto y desasosiego se trata, el porteñísimo autor conoce muy bien cuál es el límite entre poesía y panfleto y cómo el segundo rebaja y altera a la primera, cómo le merma su poder infinito aunque muy justa sea la causa. Es por ello que, conocedor de técnicas y procederes literarios, el poeta nacido en el tradicional barrio del Abasto con buen buril rebaja y pule, afina y sutiliza, alude y elude para mejor nombrar, porque conoce que el silencio, la velada alusión, la puerta entreabierta a la polisemia, son muchas veces los mejores caminos para subrayar sus intenciones líricas conjugadas con la potencia expresiva más manifiesta.

Como muy meridianamente destaca el gran poeta argentino Antonio Requeni (1930) en el texto de contracubierta del volumen que nos ocupa: “La poesía es para Norberto Barleand un oficio de fidelidad a la palabra, a una experiencia verbal que busca definir un mundo cuyas injusticias, miserias y contradicciones le cuesta asumir desde la solidaridad, el sueño y la utopía. El sombrío ‘fuego de los días’ deja heridas difíciles de cicatrizar. Reconocemos en este nuevo libro del autor la continuidad de un sentimiento ya expuesto en testimonios anteriores, aunque aquí, junto a ese acongojado énfasis, surge la nota tierna, conmovedora, de la despedida de un padre ‘que murió sin despedirse’. Tras el incesante y versátil repertorio de imágenes y metáforas, descubrimos una pasión de vida, de intensa humanidad, que enaltece el espíritu de este poemario”.

Dado que el tiempo es el mejor antólogo, no dudo que la obra de Norberto Barleand, y El fuego de los días es parte señera de este conjunto, se inscribirá entre lo perdurable dentro de la larga tradición de poetas argentinos que saben cantarle a su ciudad y gritarle al mundo sus verdades.

 

El autor

El poeta, narrador, ensayista y productor de eventos literarios, así como de tango y folklore, Norberto Barleand (1942), nació en el barrio del Abasto, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, donde reside.

Ha publicado anteriormente los poemarios Presagio de Utopías, Cenizas de la Tarde, Rumor de Marionetas, Finalmente el Hombre, Duelo en la Memoria, Candiles y Penumbras, Al Filo del Canto, Garras del Viento, Orillas Perdidas y Espejos Rotos. Su ensayística publicada incluye Tangos de Ayer, de hoy y la Poesía de siempre; Evaristo Carriego (Precursor del Tango) y Ester de Izaguirre “La Bohemia, la amistad”.

Piezas de su autoría integran diversas antologías de la Argentina y de Uruguay, Paraguay, Perú, Chile, Panamá, Colombia, España, Francia, Grecia, Nicaragua, China y otros países. Sus poemas han sido traducidos al chino, griego, francés y catalán.

Integró el grupo “La Luna que / Poesía Peregrina”, participando en recitales desarrollados en las provincias argentinas de Catamarca, La Rioja, Salta, Tucumán, Jujuy, Córdoba, San Luis, Mendoza y otras.

Ha tomado parte en la filmación Giros Poéticos en el Museo de la Poesía Manuscrita Juan C. Lafinur (realizado en La Carolina, provincia de San Luis, Argentina), convocado por Vinciguerra Hechos de Cultura.

Participó en diferentes ferias del libro concretadas en Buenos Aires y otras regiones del país, así como en encuentros literarios convocados en Paraguay (2002), Cali, Colombia (2012); en el Congreso del ILCH -Instituto Latinoamericano de Cultura Hispánica, Chile (2017); en el Encuentro de Escritores en San Nicolás de los Arroyos (Argentina, 2106) y Rosario (ídem, 2017); en el Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires (2018); como Padrino del evento Abrazo de Voces (2018); tomó parte en el Festival de Poesía en el Laurel, Granada, España (2019); en el Congreso de Literatura desarrollado en Punta del Este, Uruguay (2025), y el Encuentro Las Parejas de Poetas y Cuenteros (2025), entre otros.

Asistió como Invitado por el Departamento de Extensión Cultural del Círculo Virla de la Universidad Nacional de Tucumán, Argentina. Dictó seminarios sobre “Poesía, Sociedad y Estado” en la Biblioteca Nacional de la República Argentina. Es coautor junto a otros intelectuales argentinos de Raíz, Fundamento. Bases de un proyecto para la defensa del patrimonio cultural. Fue premiado por sus relatos costumbristas en el “Buenos Aires Shopping Tango”, organizado por el Centro Cultural General San Martín, de la capital argentina. Ha sido miembro de la Asociación Civil Proyecto-Tango, declarada de interés de la ciudad de Buenos Aires y miembro del equipo de redacción de su periódico Pro-tango. También su amplia trayectoria cultural incluye su activa participación en ciclos radiales de emisoras nacionales, como “Amasando Sueños” (L.R.1 Radio el Mundo), “Los trabajos y los días” (Radio Cultura, 2004 2013) y Radio Sonica – On Radio, entre otras, así como conductor en “Las Cinco en Tango” y “Silbando Bajito” (FM 92.7 La 2 x4, 2012- 2018), “Tango que fuiste y serás” (2019) y en Nacional Folklórica FM 98.7. Es coordinador del programa Distrito Tango (Dirección General de Promoción del Libro, Bibliotecas y la Cultura, Ciudad de Buenos Aires). Preside la Asociación Americana de Poesía Ester de Izaguirre y es secretario de la Fundación Argentina para la Poesía, vocal de la Asociación Amigos del Museo Casa de Carlos Gardel y director del ciclo “Marcha Poética”, que se realiza periódicamente en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura porteña. En 2020 Norberto Barleand fue declarado personalidad destacada en el ámbito de la cultura por la Legislatura de su ciudad natal. Entre otros, ha recibido el Reconocimiento a la Actividad Literaria (RAL) 2022, así como el Premio Selva Casal V Encuentro y Congreso de Literatura (Punta del Este, Uruguay, 2025).

 

NOTAS

[1] Vinciguerra Hechos de Cultura SRL, Colección Metáfora, ISBN 978-987-750-542-9, 64 pp., Buenos Aires, 2025. https://www.vinciguerra.com.ar

 

 

INGER CHRISTENSEN DIO ALAS AL ALMA

Niels Hav ©

Inger Christensen fue una de las grandes poetas europeas. Nació en 1935 en Vejle y murió en 2009 en Copenhague. Nunca recibió el Premio Nobel, una de las graves omisiones de la Academia Sueca. El jueves 16 de enero de 2025 se celebró el 90º aniversario con exposiciones y actos.

Con motivo de la muerte de Inger Christensen, The Guardian la definió como “una de las poetas europeas más significativas del siglo XX”, y al mismo tiempo afirmó: “Era danesa, y es una desgracia para cualquier gran escritora estar confinada en una lengua con pocos lectores”.

Inger Christensen
Esto es cierto, por supuesto, pero Inger Christensen superó la barrera del idioma con “Alfabet” —un largo poema lleno de feliz asombro ante el mundo y la riqueza de la naturaleza, y de tristeza por las amenazas que el hombre cierne sobre ella— y con “Sommerfugledalen”, un réquiem en forma de ciclo de sonetos de sobrecogedora belleza y profundidad existencial.

 

“Se levantan, las mariposas del planeta

como polvo de color

del cuerpo caliente de la tierra...”

 

Con estas palabras se abre el libro. Y termina:

 

“Es la muerte la que te mira con sus propios ojos

desde el ala de la mariposa”.

 

Cuando Inger Christensen interpretó y leyó los sonetos ante el público, lo hizo con una voz suave, melódica, casi cantarina. Tenía una belleza y una seriedad que cautivaron inmediatamente al público. Varios compositores han puesto música a sus palabras, y es hermoso, pero los sonetos eran más poderosos y bellos cuando los leía la propia Inger Christensen; su voz añadía algo, para ella las palabras eran música física.

Por la mañana recibí una importante carta de Inger Christensen. Junto con Pil Dahlerup, era la editora de la revista literaria Chancen de Gyldendal. Aproveché la oportunidad y envié a los editores un poema. Inger Christensen me contestó que querían publicar mi poema en el siguiente número de la revista. Yo era joven y apenas escribía, nunca había publicado un libro ni nada; la carta de Inger Christensen fue una señal significativa. Quizá era posible juntar palabras.

Sólo una vez recibí un libro de Inger Christensen, y fue la publicación conmemorativa editada por Gyldendal con motivo del sexagésimo aniversario, el 16 de enero de 1995. En él, Poul Borum cuenta cómo se conocieron en los años cincuenta en el Movimiento de Institutos Cristianos, él era de Horsens e Inger de Vejle. Se reencontraron en Aarhus, jóvenes poetas, él le propuso matrimonio, ella dijo que sí.

Se casaron y se trasladaron a Copenhague para dejar su huella; ambos contribuyeron con importantes obras en las décadas siguientes. Poul Borum como poeta, editor, crítico e iniciador de la Escuela de Escritores; ella con novelas, ensayos y poemas de formato.

Cada nuevo libro de Inger Christensen era un acontecimiento. Cuando se publicó la colección de poesía “det” en 1969, hubo una entrevista en las noticias de televisión del día con la autora sentada dentro de Gyldendal en la avanzada máquina de escribir IBM donde ella misma había mecanografiado la obra.

Diez años después se publicó “Brev i april”, seguido de “Alfabet”. “Inger Christensen lo ha vuelto a hacer”, escribió Hans Jørgen Nielsen en Information. “Con su nuevo libro “Alfabet” se pone a sí misma y a sus lectores a la misma velocidad vertiginosa que con “it” en 1969. Con una fuerza que traspasa fronteras, el libro trata nada menos que de la vida y la muerte”.

En la década de 1980, Inger Christensen se implicó más directamente en el debate político y cultural. Junto con Ole Thyssen y Niels Meyer, editó la serie de Gyldendal “Crisis y utopía”, que sería un prisma para las reflexiones y la reorientación de la época. “Quizá necesite que me cuelguen algo y tenga que responder por ello”, dijo en una entrevista con Politiken.

Pasaron otros diez años, y entonces llegó “Sommerfugledalen”, un pequeño libro de quince poemas que juntos forman un soneto de sobrecogedora belleza y profundidad existencial. Una obra maestra de la literatura europea. El libro fue traducido y publicado en muchos países y está cerca del corazón de muchos.

Además de escritora, Inger Christensen era una persona adorable. Podía ser salvaje y sarcástica, pero su humor tenía a menudo una dulzura especial. Rara vez te encontrabas con ella sin que te hiciera un comentario acertado. Algunas veces asistimos juntos a simposios en los que los autores leían en voz alta textos no impresos. Inger Christensen animaba especialmente esas veladas. Era una oyente atenta capaz de poner el dedo en la llaga de los textos ajenos con gran certeza.

Notable son todos los libros malos que Inger Christensen nunca escribió. En los años transcurridos desde “Sommerfugledalen” en 1991 hasta su muerte el 2 de enero de 2009, estuvo activa y presente, viajando, siendo traducida y leyendo en eventos en su país y en todo el mundo. Pero no publicó nada nuevo.

Inger Christensen dijo en una entrevista sobre su método: “Creo que pasa mucho tiempo en el que no trabajo en ese sentido. Cuando no es muy visible para los demás, o para mí misma. Donde sólo hago algunas anotaciones. Intento escribir un poema y sólo se convierte en una línea que guardo en un cajón. De hecho, pueden pasar años en los que no sé realmente qué está pasando. Mientras procrastino o lo que sea. Hasta que ya no funciona y tengo que averiguar cómo orientarme”.

Esa resistencia es poco frecuente. A lo largo de su vida, Inger Christensen publicó seis poemarios, y supo gestionar el tiempo de espera entre libro y libro, para aguardar lo nuevo. Por eso la obra que dejó es tan hermosa, sus palabras dan alas al alma.

Traducción: Rodrigo Gonçalves B.

 

 

EL LIBRO QUE HACÍA FALTA: “EN VOZ ALTA” DE RICARDO ESCALANTE. ANÁLISIS CRÍTICO DE LA OBRA.

Luisa Elena Pinel ©

 

Examen documental y crítico de la Venezuela contemporánea, hecho por un experimentado periodista.

Ricardo Escalante
Cuando en política se observan los primeros signos de cambios promisorios de una vida en democracia, lo sensato es actuar en forma reflexiva, nada impulsiva, porque el corazón suele conducir a decepciones y arrepentimientos. Por eso, antes de tomar decisiones relevantes, lo mejor es pensar y revisar el pasado con detenimiento.

Ricardo Escalante, uno de los periodistas políticos más experimentados de Venezuela, dos veces galardonado con el premio nacional de periodismo (1980 y 1985) nos acaba de dar el aldabonazo con un libro sin desperdicio: En voz alta. Aunque parezca contradictorio, en una obra compleja y a la vez sencilla, él nos presenta hechos que fueron desestimados por la mayoría de los venezolanos cuando en diciembre de 1998 se lanzaron al vacío, sin pensar en las dolorosas consecuencias.

Con un cierto tono memorístico, En voz alta es una mezcla de crónica, reportaje y análisis documental y crítico de la política nacional durante los cuarenta años anteriores al ascenso de Hugo Chávez al poder. Y aunque Escalante se presenta como reportero y no como historiador o sociólogo, este libro es una aleccionadora visión de la historia contemporánea de Venezuela.

Después del primer capítulo con un toque personal entretenido, el texto se adentra con fuerza arrolladora en acontecimientos que atrapan al lector y no lo sueltan hasta llegar al último párrafo, en lo que constituye un magistral retorno al inicio. Es el trabajo del avezado conocedor de personajes y circunstancias inauditas.

Bien documentado y mejor escrito, el relato contiene pasajes sobre los principales líderes de aquella etapa, así como de acontecimientos terribles como los del 4 de febrero de 1992 en el ministerio de la Defensa. Con destreza desmenuza las conspiraciones civiles y militares que dieron al traste con la democracia; y lo hace sin contemplaciones al apuntar con el índice a los culpables, así como al describir la impunidad reinante de una sociedad descompuesta.

Este impactante libro de casi 400 páginas está a la venta en Amazon, tanto en versión digital como impresa. El prólogo de En voz alta es de Beatrice Rangel, habilidosa husmeadora de la política venezolana y latinoamericana, analista de profunda experiencia, ministra del gobierno de Carlos Andrés Pérez cuando Hugo Chávez perpetró el golpe de estado.

Se trata, en definitiva, de un libro imprescindible para quienes deseen empaparse de los errores del pasado reciente para no volver a tropezar con la misma piedra.

 

 

Análisis crítico de “En voz alta”

Luisa Elena Pinel ©

El oficio del periodista es escribir la noticia y el análisis en el momento preciso; pero cuando, poseído por una memoria inquieta emprende la carrera con los tiempos verbales para hacer de la información un hecho atemporal, la tensión entre la fidelidad de lo que cuenta y la libertad de la forma, lo adentra en un espacio donde la información abandona la inmediatez. Así logra registrar una historia que se constituirá en un texto universal.

Este es el caso de un periodista como Ricardo Escalante, quien desde el exterior ha seguido enfocando con lente crítico, el colapso que viene desolando a Venezuela desde hace años. De allí que en su más reciente publicación, En voz alta, no sólo encontremos la visión de quien, con madurez creativa, logra registrar en seis capítulos la vigencia de personajes, episodios y datos inmemoriales que fueron contribuyentes solapados de dicha hecatombe.

“…Leí, revisé archivos, hablé con actores y testigos de aquellos sucesos, hurgué en los recuerdos y en las ya amarillentas libretas de notas de mis años como reportero de los principales periódicos de Caracas y de las provincias. Refresqué anécdotas y noticias en la seguridad de que ahí se concentraban las pistas concretas del detonante de la debacle económica, política y moral que se hizo patente en la era chavista.”

Por cuanto, al explorar en la magnitud del desastre que avizora y que registra desde el primer capítulo con la frase “Yo lo presentía”, este periodista de largo aliento nos adentra, en retrospectiva, en la remoción de aquellos acontecimientos disecados por el olvido: desmanes políticos que afectaron en sumo grado el factor económico y, por ende, el constructo de nación, en democracia, que venía en auge después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez.

Gracias al rigor de su investigación y al trabajo de campo, el autor desentierra episodios olvidados en el inconsciente colectivo del venezolano -tanto el expatriado como el sobreviviente adentro-. Abre así una puerta para reconsiderar aspectos insondables, posibles solo desde esa distancia clínica que toma Escalante para rescatar, En alta voz las notas casi borradas de sus libretas de apuntes. Semejante hecatombe no solo es relato, es vivencia. Es una voz comprometida que se actualiza cada vez que la noticia expone las grietas de un sistema: gobiernos que, desde siempre, han exhibido sus propias costuras ante el juicio de la historia.

En lo que respecta a la voz narrativa, para dar cuenta de este constructo en ruinas que es hoy Venezuela, el autor se vale de un registro híbrido. Este transita desde el plano personal de sus primeros años de vida en San Cristóbal, hasta seguir sus pasos por las agencias de noticias donde ejerció un periodismo de suela de zapato, a menudo con la bota militar encima.

En definitiva, estas páginas no sólo denuncian la erosión sistemática de una nación bajo el peso de la bota, sino que rescatan la dignidad del testigo. Al final del camino, el autor nos demuestra que, incluso sobre un constructo en ruinas, la palabra precisa y la memoria intacta son los únicos cimientos capaces de sostener la esperanza de una reconstrucción necesaria. Es, en última instancia, el triunfo de la libreta de apuntes sobre el olvido.

Caracas, abril 2026.

 

 

LAS MUJERES DE LA FAMILIA EN EL TEATRO DE PATRICIA ZANGARO

Valeria Badano ©


El propio cuerpo se impuso como una especie de interferencia
carnal, que no solo complicaba la relación del sujeto con el 
mundo generando cierto ruido entre uno y otro, sino que además era
capaz de producir por sí mismo ciertas imágenes.
Paula Sibilia (La intimidad como espectáculo, 2008:118)

 

PRIMERA PARTE

           

La palabra de las dramaturgas estuvo ‘observada’ y, entonces, vedada del buen arte durante más tiempo. La mujer en escena (como actriz o como autora) ponía en evidencia el cuerpo femenino y, así, el desprestigio.

Patricia Zangaro

Patricia Zangaro es una dramaturga argentina que conoce el teatro desde adentro, no solo le da voz sino que supo ponerle el cuerpo: ella es, también, actriz. Ha escrito teatro para chicos, se comprometió con teatro por la identidad e indaga los modos de una dramaturgia provocadora, innovadora y, aunque tal vez no esté de acuerdo conmigo en esto, femenina.

         Se sabe que, y yo también lo he dicho en Madres. Madrazas. Matronas (2023), el teatro como espacio de escritura de mujeres históricamente ha sido hostil. Sin embargo, Patricia Zangaro elije ese espacio, y le suma personajes y territorios son marginales (Hoy debuta la finada, 1988, y Pascua rea, 1991, por ejemplo).

         A partir del año 2000 la dramaturgia de Zangaro se compromete abiertamente con la lucha por el respeto de los Derechos Humanos y, en particular, con la causa de las Abuelas de Plaza de Mayo e integra el movimiento cultural Teatro por la identidad. De esa etapa son A propósito de la duda (2000), Tiempo de aguas (2000); Las razones del bosque (2002), Una estirpe de petisas (2002), Secretos a cuatro voces (2004), Mujeres, raíces de tango (2005) entre otras.

En la escritura de esta dramaturga (claramente en la etapa de Teatro por la identidad) toman forma de tópicos la búsqueda de la identidad y la visibilización de lo invisible. Zangaro está interesada en la creación de historias a partir de la reconsideración de la identidad de los sujetos y en la reconstrucción discursiva de esos sujetos como actantes dramáticos, portadores de los signos del nuevo teatro. Para ello, opera con acciones experimentales que promueven rupturas genéricas e indaga sobre las cuestiones propias del texto dramático, es decir, los personajes y sus representaciones y, fundamentalmente, el material lingüístico que es la principal herramienta con la que cuenta el escritor para poner en evidencia la identidad subjetiva (y/o actancial) y, también, la verbal y la textual.

 

Perspectivas

Esta, la mía, es una lectura de la escritura de Zangaro donde los espacios y personajes marginales (muchas veces muy cercanos al tango, a los arrabales, al desierto), determinan una especulación acerca de las voces desoídas en los lugares del no-lugar que promueven una necesidad, un deseo: saber quiénes son (seres y lugares). Muchas de esas obras son trabajadas desde ‘lo no dicho’ (los presupuestos discursivos) y los estereotipos sociales que se muestran en su lugar de fisura (los presupuestos sociales). El género sexual y las representaciones femeninas resultan ser tópicos que expresan, en lo formal, los elementos del contenido de su dramaturgia: la tensión, el conflicto y una obstinada manera de buscar las formas de expresión lingüística.

 

Tres obras: Última luna, Tiempo de aguas, Una estirpe de petisas. En ellas, por ejemplo, hay una serie de elementos que al repetirse pueden considerarse isotópicos. Los personajes protagónicos son mujeres, las mujeres. El teatro –que es representación- recurre a los personajes femeninos y, a partir de ellos genera una representación de las mujeres dentro de la sociedad y la familia (esos personajes son la abuela, la nieta, la suegra, la nuera, la madre, la esposa, la hija). En los textos, los personajes encarnan estas distintas representaciones de los roles familiares y aportan los sentidos que las representaciones socio-sexuales tienen en el marco de la cultura occidental y cristiana. Esas representaciones, no solo subrayan lo tensivo de las representaciones respecto de la impronta social que determina sino que configuran un espacio de conflicto imprescindible en la escena teatral.

A través de estas representaciones, la autora indaga las formas de resquebrajar el discurso dramático; es decir, el eje de representación, para imponer intersticios donde se producen otros sentidos y entonces, las figuraciones. Es así que las mujeres se desplazan de sus sentidos tradicionales y generan un nuevo signo, una nueva representación que define esa búsqueda de la dramaturgia de Zangaro.

Las mujeres de estas obras, lejos de ser ‘la madre’ o ‘la hija’, ‘la suegra’ o ‘la nuera’, ‘la abuela’ o ‘la nieta’, según las determinaciones cristalizadas por el régimen patriarcal; esas mujeres son ‘la cautiva’. Tal representación, que pronto deviene figuración tanto existencial como discursiva, le sirve a Zangaro para señalar, nuevamente, ese lugar de intermitencia legal y social que caracteriza a los márgenes, el territorio nómade, variable y fluctuante que permite la existencia también fluctuante, nómade y variable. La imagen de la cautiva problematiza tanto la letra —patriarcal— escrita por la civilización (ley de la cultura o de la sociedad) como el cuerpo de la mujer (oscilante, vacilante, ambiguo o abyecto). Asimismo, la letra —voz pronunciada— de ese cuerpo se hace corpus textual.

 

La cautividad

La cautividad en la dramaturgia de Patricia Zangaro es signo de inestabilidad de los regímenes sociales, corporales y simbólicos. La cautividad deconstruye los estatutos fijados y legitimados y muestra el revés: lo móvil y lo ilegítimo. Lo que permanece impermeable es el deseo de identidad que, como tal, cuenta con el requisito de no satisfacerse nunca.

Ese lugar de búsqueda de identidad que subyace en el cuerpo sexuado de la cautiva se imprime en la indagación y necesidad de reconstruir el corpus textual. Así, los tópicos quedan expuestos: son personajes femeninos representantes de la cautividad; esta se considera la condición de marginalidad fluctuante entre el ser y el no ser, que devela una naturaleza metafórica desde la cual la identidad es una construcción simbólica, pura figuración. Ricoeur considera que la metáfora es el “instrumento privilegiado de la promoción de sentido” (La metáfora viva, 1980:65) que necesariamente se manifiesta en todo el discurso. “[…] Está al servicio del ‘decir.’ Por ello, la presencia de la metáfora como figura de la invención hace que el lenguaje sea resignificado por lo que no dice, por lo que oculta […] La metáfora puede ser leída como la manifestación discursiva de la tensión poética […]” (Badano 2011: 14-15).

 

1. Última luna pertenece a Advientos. Diálogos en el desierto… (1996), este libro consta de dos piezas breves que “surgieron de una serie de ejercicios de indagación poética sobre un espacio: el territorio mítico de la pampa” (Zangaro, 2008: 87).

Zangaro afirma que: “Aunque improbable, pudo haber ocurrido durante la última campaña al desierto, hacia mil ochocientos setenta y tantos. O tal vez, con otros colores y sonidos, esté ocurriendo ahora mismo, en cualquier parte del mundo” (2008: 108).

Así queda establecido uno de los elementos fundamentales del teatro: el espacio —el espacio escénico— como el territorio propicio para la representación y que se renueva ritualmente en cada nueva puesta en escena al actualizarse ‘el convivio’. En Última luna el espacio se explicita: es la pampa argentina, el desierto; y un tiempo: la época de la campaña contra los indios. El lugar determina a los personajes y sus relaciones. Sin embargo, como bien aclara la autora, la acción puede desarrollarse en cualquier otro espacio y tiempo. Tal vez esta ambigüedad es posible porque lo que importa es el espacio de tensión que se abre por las acciones que representan esos varones y esas mujeres en tanto que representaciones en pugna de lo masculino y lo femenino: identidades que desean ser reconocidas, y no la descripción geográfica en sí misma.

En Última luna, estrenada en 2007, las cuestiones de género y el tópico de la cautividad (presente en muchísimos textos de la literatura argentina del siglo XIX) legibilizan la dualidad de una historia que se repite en los personajes allí presentados, en otras obras de Zangaro, y se combinan para cifrar la problemática de la escritura dramática de Zangaro que también es una identidad que se busca construir.

Aquí los pocos personajes que aparecen son enunciados por su carácter sexual, son ‘Mujer’ y ‘Hombre. La mujer se presenta en el texto carente de identidad individual, solo es reconocible por su carácter genérico-sexual y social.

La historia de Última luna tiene como protagonistas a dos mujeres: la abuela y la nieta. La primera es una cautiva de los indios pampa desde hace mucho tiempo; la segunda es una mujer de la civilización. La nieta, mujer libre, va en busca de su abuela cautiva a pesar de que el desierto no es territorio femenino. Allí no solo se enfrenta a la hostilidad del espacio sino también a los varones que lo habitan y a su abuela que, como un espejo deformante, refleja su propia condición: la de la identidad en construcción. Estas mujeres de Zangaro se ubican en esos territorios de ambigüedad, comportamiento que se abisma en la producción de la escritura dramática. El espacio se define en la limenealidad (Según Josette Féral el “limen” es el umbral —y frontera— presente entre la “mímesis” y la teatralidad”) y desde ahí refiere tanto al cuerpo del texto como al cuerpo que es representación sexual de los personajes.

La cuestión de las fronteras como espacio para la acción dramática y como situación existencial de los personajes crece hasta configurar el tópico de la identidad: “[…] Para que ese encuentro sea posible debe existir un reconocimiento del otro como diferencia […]” (DES, 2003: 45) que puede desarrollarse en actantes cuyas representaciones son las de género (ya que allí el otro, la diferencia, la jerarquía y la desigualdad pueden considerarse como signos que determinan ese espacio fronterizo) y plantear el eje poético de Zangaro.

Entonces se observa la representación de la mala mujer; a partir de ella Zangaro hace un doble movimiento discursivo e instala en su escritura la figuración reflejada o la metatextualidad. Zangaro es una escritora de los márgenes, hace de su personaje un habitante en huida, situación también marginal. Ha dicho:

[…] Frontera significa límite, linde, marca, borde, orilla, confín. Límite remite a la idea de restricción: instituye una línea que circunscribe, cerca, reduce, ciñe, acorta, encierra el espacio […] El límite es clausura. Pero frontera también remite a la idea de borde, orilla, margen, de aquello que no está en el centro, sino en el último extremo, confinado, desterrado, exiliado […] el sentido de la palabra frontera puede entenderse como ¿el límite que coarta? ¿O el margen inquietante, el borde peligroso, esa otredad que la sociedad expulsa en un movimiento centrífugo hacia el confín, el destierro? […] (DES, 2003: 45).

La cautiva en la obra de Zangaro es la mujer robada de la sociedad a la que pertenece; la cautiva es alejada de ese centro donde su existencia es posible. Pero el haber sido alejada, robada o raptada pone en evidencia la invisibilidad en que las sociedades a las que esa mujer pertenece, la condena “[…] porque bien claro está que si [la cultura y la civilización] no lo quisiesen de veras, nunca hubieran sido robadas […]” (Cristina Iglesia, 2002: 23). Para el grupo social de pertenencia, la mujer cautiva se carga de nuevas representaciones que agudizan la significación negativa porque es lo que socialmente debe reprimirse, es lo mancillado, lo que señala la ausencia, la carencia, la falta y la que, por eso, las encarna. La cautiva es el símbolo del no-lugar, del no estar, en su cuerpo representa el movimiento que ha realizado (desplazamiento caracterizado como errancia) a la vez que subraya la necesidad de poner en acto su identidad que, por esa errancia, está desdibujada.

Por otro lado, para el captor, la cautiva también es una representación negativa porque esa mujer es la que lo espía, lo mira. Al mismo tiempo, la cautiva es la imagen de la delación porque ‘ha abandonado’, ‘ha traicionado’ a su grupo de origen. Siguiendo a Iglesia, se podría plantear que el cautiverio invisibiliza lo legal y visibiliza lo abyecto. Es un cuerpo de la cautiva se engendra la mezcla de las interdicciones. Me pregunto: ¿cuál es el lugar del cuerpo en ese territorio marginal, fronterizo?

Parece ser la representación de la abyección, es decir: “[…] aquello que perturba una identidad, un orden. Lo que no respeta los límites, los lugares […]” (Kristeva, 1988: 11).

En Última luna la presencia de la cautiva en la acción dramática no solo determina la primera situación de tensión que rompe con esa monotonía de la pulpería sino que marca el origen de la historia que espacializa el cuerpo de la mujer y que es el inicio de la representación de la mujer como lo determina el patriarcado:

“[…] Una mujer entra descalza. Los hombres callan: es como si el desierto hubiera entrado en la penumbra del almacén […]” (2008: 111).

Zangaro duda y hace dudar de esta otra representación inscripta en ese personaje femenino: ¿esa mujer puede tratarse de una india?

“[…] Tendría que haberla carneado a mis pies, junto a su cría e’pampa […]” [es una] “[…] fémina cristiana […]” (2008: 112).

La mujer es una cautiva pero por —y gracias a— su condición comienza a abrir el espacio de la tensión entre las autorrepresentaciones y la representación impuesta por el patriarcado tanto en lo social como en lo sexual y lo político. Esta mujer cautiva revierte el poder del varón en la pulpería como representación de lo social porque se atreve a penetrar el territorio de dominio varonil; revierte el poder en la moral al elegir quedarse en el espacio limbado que prefigura su cautiverio, no es cristiana —winca— ni india:

“[…] Hombre I (sacando el puñal): ¡Es una cautiva puta y roñosa, gringo de mierda! […] ¡Cristiana, dijo, el muy hijo de perra! ¡Más cristiana es la viruela que enloquece a los pampas! [...]” (2008: 112-113),

dice el texto de Zangaro.

Se le suma un rasgo que condiciona la representación de su identidad sexual porque esa mujer está envuelta de “rojo”, y el rojo que se indica en la manta que la envuelve connota la sangre (sangre menstrual, sangre del parto, sangre de la muerte). De todas formas, el signo ‘rojo’ considerado semióticamente como ‘sangre’ subraya la feminidad como condición tabuizada en el ámbito masculino de la pulpería. Esa representación de la mujer, desde la perspectiva del varón, comienza a resquebrajarse cuando se advierte que la mujer es una vieja y, aún así, está embarazada:

“[…] un rostro rubicundo y tallado de arrugas […] Hay olor a sobaco e’vieja […] deja ver su avanzada preñez […]” (2008: 111).

Este personaje femenino combina en un oxímoron la vejez y la preñez, (oxímoron en el que chocan el cuerpo de la mujer que cumple con la función de la maternidad —de la reproducción— aunque no es joven. Tal reunión de opuestos hace que esta mujer sea signada por la peligrosidad y el poder que parece tener. A ello se le suma un tercer aspecto que es descubierto por el Hombre II y que le advierte al Hombre I:

“[…] Deje a esa hembra, mi amigo […] Tiene el puñal afilado, y el pulso firme […]” (2008: 111).

Y también cuando dice:

“La mujer: Apenas tenga cría […] te via’ a mostrar el culo del diablo […]” (2008: 112).

Esta mujer, entonces, con capacidad maternal a pesar de su vejez, es, además, considerada una bruja.

El carácter de bruja redimenciona la naturaleza diabólica que la mujer tiene. Explica Ortega López en “Sospechosas, feas o brujas: las ancianas de la sociedad popular” que: […] a la falta de esplendor físico no solo se la discriminaba y sancionaba; sino que sobre todo, se le negaba su capacidad de poseer virtud y coraje. La vejez, por tanto, no solo era un período de merma de facultades físicas y armónicas en los seres humanos, sino sobre todo, un momento de decadencia de sus capacidades éticas y sociales […] las mujeres mayores […] demasiado cercanas a la naturaleza se mostraban especialmente vulnerables al poder de Satán […]” (2002: 390-93).

Solo una mujer en esas condiciones y con esos poderes puede sobrevivir en un espacio vacío. Solo la mujer con esos poderes y ‘dobleces’ perversos, puede atravesar la nada y crear símbolos. La mujer anciana y embarazada semiotiza el espacio vacío del desierto. Dice el texto:

(La mujer desaparece, como una sombra)

[…] Hombre I: Hija de una gran perra […] Tendría que haberla carneado a mis pies, junto a su cría e’ pampa […]

Hombre II: ¿para qué ensuciarse, mi amigo? [...] Ya se la tragó el desierto? […] (2008: 112).

Desde la perspectiva patriarcal todo está subvertido: la mujer es cautiva, es anciana y ha parido. Asimismo, la nieta —llamada Niña pero semiotizada como Mujer— ha parido a su abuela, volviéndola la otra mujer en el momento en el que, gracias a la identificación especular, una se reconoce en la otra. La maternidad que, tradicionalmente se levanta sobre las ideas de sacralidad y sacrificio, se subvierte porque define las identidades plurales de esas mujeres como expresión de deseo y creación. Ballester explica que: “[…] El modelo a seguir para las mujeres es la Virgen María, la segunda es Eva. Como la primera, sus virtudes son la humildad, la obediencia, el silencio, la mortificación y está exenta de todos los vicios e imperfecciones “naturales’ de las mujeres […]” (2002: 18).

Esto no sucede con las mujeres de Zangaro: madres de otro y madres de sí mismas. Empoderadas en sus identidades, las mujeres (Mujer y Niña) se desplazan de esa identidad femenina consolidada por el patriarcado. Zangaro las ubica en una historicidad propia para, justamente, transformarlas. María Dolores Mirón Pérez en “Niñas y ancianas en la antigua Olimpia: tejiendo el orden, por su parte, manifiesta que: […] las mujeres ancianas, como las niñas, no eran mujeres en el sentido pleno de la palabra, y, así, se podían aproximar más, sin alcanzarlos nunca del todo, a los papeles masculinos […]” (2002:65). Esas mujeres surgen como poderosas, desobedientes del estereotipo de la feminidad.

En Última luna, el movimiento, el viaje que realiza la cautiva espejea, se duplica, en una suerte de reflejo de identidad ya que hubo en el comienzo de la historia (que no se representa), un viaje inaugural a esa condición de cautiverio: cuando la mujer deja de ser la que es; vira su identidad al mismo tiempo que se modifica su espacio para ser una cautiva. A la vez, ya en la historia inscripta como acción dramática el viaje de la cautiva es un viaje hacia atrás en la historia externa (en relación con su condición de cautiva) e íntima, reconociendo su identidad en la acción reflejada en la nieta como su otra-representación de lo femenino:

[...] (El galope de un caballo, y luego una sombra en la puerta del almacén. Una niña de unos trece años, rígida dentro de su ropaje de dama porteña, entra taconeando. Esquiva con ingenua altivez las miradas masculinas que la desnudan, y se dirige decidida hacia el pulpero) […]

LA NIÑA: Estoy buscando a… una mujer… […] ¡No buscaría a una dama en un sitio como éste! (sic) Es… una cautiva […] (2008: 113).

Es un viaje hacia la intimidad como una metáfora de la ‘katabasis’ épica en la que la mujer —la heroína— se enfrenta a su destino último, su yo verdadero, cuando se ve en el espejo que ‘es’ la niña, su nieta, esa otra mujer. A la vez, La Niña va desde su lugar existencial y desde ese lugar corporal (en el texto dramático se la identifica de ese modo; es decir, como ‘niña’, y por lo tanto se hace legible como elemento semiótico) hacia el pasado. Quiere encontrar a su abuela y con ella reconstruir, reparar toda su historia. En ese viaje hacia su pasado, La Niña se encuentra como mujer, en el presente de su abuela:

[…] LA NIÑA: Sabés muy bien por qué, abuela […] […] ¡No fue una pesadilla aquella grita y el saqueo! [...] El malón te arrancó de entre las sábanas […] y cuando despertaste tu casa se había borrado bajo el fuego […] Grité cuando te arrastraron los caballos […] Y tus ojos no dejaron de mirarme hasta que te tragó el horizonte… Viví esperando el momento de volver a verte […] en aquel calor, abuela, que me robaron cuando era apenas una niña […] y que nunca más es vuelto a sentir […]” (2008: 128-129).

El comienzo de la olvidada y prohibida historia familiar es enunciado y, entonces, creado por la voz de la niña; el cuerpo de la abuela la reubica en esa instancia original en la que las dos son lo que eran. Sin embargo, la representación de la feminidad a partir de dos momentos corporales: la niñez y la vejez, resulta resquebrajada y todo se invierte, porque la abuela es madre y la nieta –la niña- es una mujer capaz de engendrar en sí y parir a su abuela. Tal situación se pone en evidencia en el momento del parto de la anciana. Dice el texto en una didascalia: “(La niña, llevada por el miedo y la urgencia, obedece las órdenes. Se coloca a los pies de la mujer para ayudar a nacer al niño, que ahora llora con la misma fuerza del temporal que ruge sobre la tienda.)” (2008: 125-126). La mujer anciana es madre cuando no debería serlo. La mujer y el cuerpo tienen nuevos sentidos según los propios deseos, La anciana y la nieta solas en la noche del desierto son la expresión de la abyección social en la que se encuentran. Sin los varones que determinen las identidades fijas según lo impone el ejercicio del patriarcado, la Mujer vieja deja de ser la abuela; la Mujer joven deja de ser la nieta, para ser lo que justamente la dramaturga identifica con el nombre al estilo lorquiano, porque Zangaro semiotiza el rol del personajes a partir del nombre con el que las identifica. Y son por lo que ellas mismas pueden nombrarse. La mujer y la niña se reconocen en los espejos enfrentados que representan. Muestra a estas dos mujeres como signos pasionales, es decir, en tensión por un deseo: encontrarse para ser.

Entre la vieja y la niña hay una relación vertical donde se evidencia la ‘filiación’: son abuela y nieta. Abuela y nieta refuerzan y resignifican el sentido de la sangre que las une por lo que el elemento simbólico (tabuizado) de la sangre significa. Pero, además, abuela y nieta son mujeres unidas por su condición: ser mujeres. Las dos mujeres están atrapadas en una realidad diferente a la que han vivido hasta entonces y tienen que compartir ese nuevo espacio que ellas fundan para activar su identidad. Ambas son cautivas del fluido de la sangre que las hermana. Ello permite que se consolide una identidad femenina “[…] entendida como ‘constelación’ específica, no homologable a la masculina […]” (Morgade, 1992: 32), lo que puede considerarse una relación de affidamento que implica una profunda relación entre los sujetos que parte del mutuo reconocimiento de su condición de mujeres (Morgade, 1992: 32). Tal encuentro rescata la identidad perdida, cautiva. La cautividad que era la representación del poder patriarcal indicada en la presencia metonimizada del blanco, el hombre, el padre.

(Continuará en el próximo número de Realidades y Ficciones)

 

 

“PAPAÍTO PIERNAS LARGAS” DE JEAN WEBSTER

Héctor Zabala ©

 

Se trata de una excelente novela de esta escritora estadounidense, publicada en 1912 en Nueva York por la editorial The Century Co.

La autora —huérfana de padre ya entrada en la adolescencia— nos cuenta la historia ficticia de una huérfana de muy niña, Jerusha Abbott (de sobrenombre Judy), cuyos estudios académicos como pupila están patrocinados por un benefactor que prefiere permanecer anónimo. Tan anónimo que utiliza un nombre y apellido excesivamente comunes: John Smith.

Con gran habilidad, Webster desarrolla su novela recurriendo como método a la epístola, aunque de manera unidireccional pues la protagonista no recibe respuestas a sus cartas, salvo en muy contadas ocasiones y, aun así, a través de un supuesto secretario.

En tales cartas, la huérfana hace frecuentes referencias a su vida anterior (sufrida hasta sus 17 años) en un orfanato, el Hogar John Grier, del que su benefactor sigue siendo consejero.

Usando un lenguaje juvenil a través de agradecimientos, reproches y muestras de cariño hacia su protector, Judy va describiendo —a la par de ir contando su vida estudiantil y sus inquietudes de jovencita— las arbitrariedades y deficientes condiciones del viejo orfanato, cuestiones que al parecer eran moneda corriente en esas instituciones norteamericanas y probablemente en las de todo el mundo.

La narrativa es fresca y sumamente atractiva, lo que hace de Papaíto piernas largas (en inglés Daddy-Long-Legs) una obra muy recomendable, tanto para jóvenes como para gente adulta. Máxime en un tiempo como el actual donde los valores humanitarios y cristianos parecen estar perdiéndose. Tiene además un final sorprendente y está ilustrada por la propia autora con dibujos deliberadamente elementales.

El título se debe a que la protagonista pudo ver en una sola oportunidad, y malamente, a su benefactor, cosa precisada en el primer capítulo cuando se dice:

“Atravesó el largo pasadizo a oscuras, y al bajar las escaleras vio a un consejero rezagado, a punto de partir, en pie delante de la puerta abierta que daba paso a los coches. Jerusha recibió una efímera impresión de tal sujeto, la de que era de una altura desproporcionada, El desconocido hacía señales con el brazo a un automóvil que esperaba en un recodo. Por unos instantes, como quiera que el vehículo se pusiera en movimiento y se acercase de frente, la sombra del accionista dibujó, alargándolos grotescamente, brazos y piernas, que se escurrieron por el suelo y por las paredes del corredor. A todo el que lo estuviera mirando, le parecía un enorme y vacilante ‘papaíto-piernas-largas’.”

El “papaíto-piernas-largas” (en inglés Daddy-Long-Legs) es el nombre común de una araña de cuerpo pequeño y patas largas (típula), cosa que la irreverente protagonista se encarga de graficar en una de sus cartas.

Hay muchas versiones en castellano, en internet pueden apreciarse decenas de fotos de distintas portadas de esta obra. En Argentina fue muy conocida la de la Colección Robin Hood (la de las tapas amarillas) de la extinta Editorial Acme, que data de abril de 1956, y que —salvo por algunos detalles menores— se puede leer bien. 

 

 

JEAN WEBSTER

Es el seudónimo de Alice Jane Chandler Webster, nacida el 24 de julio de 1876 en Fredonia (Nueva York) y fallecida el 11 de junio de 1916 en Nueva York, Estados Unidos. Su madre era sobrina de Mark Twain y su padre fue el editor de muchos de los libros de ese gran escritor.

Luego de graduarse en la Escuela Normal de Fredonia cursó en Vassar College, prestigiosa universidad privada del estado de Nueva York donde se recibió en 1901. Se especializó en inglés y economía, tomó cursos de bienestar social y de reforma penal. Se interesó en la problemática social, fue una activista en pro del voto femenino y la educación de la mujer. Se involucró en movimientos de reforma, en asociaciones de caridad, en la mejora de orfanatos y facilitó muchas adopciones de niños.

Obras literarias: Wheat Princess (1905), Jerry Junior (1907), Four-Pools Mystery (1908), Much Ado About Peter (1909), Just Patty (1911), Papaíto Piernas Largas (Daddy-Long-Legs, 1912), Mi querido enemigo (Dear Enemy, 1915), When Patty Went to College (1917, post mortem).

 

 

Nuevos colaboradores

 

LUIS ELORRIAGA

Nació y vive en Buenos Aires, Argentina. Escribe poesía desde joven y también cultiva la narrativa y el periodismo cultural. Ha colabora en las publicaciones de Avatares letras Escuela de escritura: Avatares apuntes literarios y algo más (Anuario de letras) y Asterión letrario, periódico de letras. También participó en los libros publicados por Avatares: Antología de Cuentos y Poemas II, III y IV y de Argirópolis, Esquinas de nuestra historia (Ficciones históricas). Participa del Café del Padre Hernán (antes Café del abrazo literario) que se realiza en la Editorial San Pablo. Además, integra la antología Palabras de luz, editada por dicho Café (La Casa del Bosque Ediciones, 2015). Asiste al Café del Círculo Literario de General San Martín.

Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 66:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html
lnelorriaga@yahoo.com.ar

 

NIELS HAV

Nació el 7 de noviembre de 1949. Se crió en una granja al oeste de su país; reside en Copenhague, Dinamarca.

Sus libros han sido traducidos y publicados en muchos idiomas incluyendo persa, inglés y turco. Uno de sus libros en inglés es Moments of Happiness, editado por Anvil Press de Vancouver; otros en danés son Las mujeres casadas de Copenhague y Cuando me volví ciego. Poemas, cuentos y relatos han aparecido en diversas revistas y antologías; algunas de estas obras sueltas han sido traducidas al inglés, árabe, español, italiano, turco, alemán y chino. Tiene siete libros de poesía y tres de cuentos en danés. Ha sido galardonado con varios prestigiosos premios. Viajero en plenitud y amplitud, ha recorrido Europa, Asia, África, América del Norte y Sudamérica.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 10, que le dedicó un artículo especial:

https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2012/09/

y en los números 77, 99 y 109 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 66:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html
nielshav@hotmail.com

 

LUISA ELENA PINEL

Caracas, Venezuela. Funcionaria de carrera legislativa, licenciada en letras por la Universidad Central de Venezuela, trabajó por más de treinta años primero en el extinto Congreso y luego en la Asamblea Nacional. Se formó en el mundo parlamentario, la  política, la investigación, en la Comisión de Ambiente, aquí despertó su interés por el reciclaje y convertir la basura en algo útil y productivo. Artista plástica, una vez jubilada, le dio otro sentido a su vida, hizo una simbiosis entre el material de desecho, la pintura y su gran creatividad, de allí nació el Arte en Botellas.

Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 66:
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ALANÍS AHMED

Nacida en González Catán (Provincia de Buenos Aires), Argentina, en 2008, reside en Sarandí, ciudad de esa misma provincia. Está estudiando el secundario y espera recibirse de bachiller durante este año lectivo. Fue designada escolta de bandera por su destacado promedio de calificación escolar. Paralelamente, ha seguido cursos de dibujo y pintura. A partir de junio de 2026 estará a cargo de la selección y/o ilustración de las carátulas de revista y suplemento de Realidades y Ficciones.

Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 66:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html
alanismiku08@gmail.com
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REALIDADES Y FICCIONES
—Revista Literaria—
Nº 66 – Junio de 2026 – Año XVII
ISSN 2250-4281 – Edición trimestral
RL-2026-07590861-APN-DNDA#MJ del 21/1/2026, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina.

Propietario y director: Héctor Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
zab_he@hotmail.com
http://hector-zabala.blogspot.com/
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 40:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2019/12/realidades-y-ficciones-revista.html
 


Colaboradores


Corrección general: Noelia Natalia Barchuk Löwer
Resistencia (Chaco), Argentina
alfana79@hotmail.com
http://noelia-barchuk-literatura.blogspot.com.ar/
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 88:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/12/suplemento-derealidades-y-ficciones-n.html



Ilustración y selección de carátulas: Alanís Ahmed
Sarandí (Provincia de Buenos Aires), Argentina
alanismiku08@gmail.com
https://ar.pinterest.com/alanismiku08/alanis/
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 66:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html




COLABORARON EN ESTE NÚMERO:

• Alanís Ahmed, Sarandí (Provincia de Buenos Aires), Argentina 

• Valeria Badano, Luján (Provincia de Buenos Aires), Argentina
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 61:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2023/12/realidades-y-ficciones-revista.html
valeriabadano@gmail.com

• Noelia Natalia Barchuk Löwer, Resistencia (Chaco), Argentina

• Luis Benítez, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 64:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com.ar/2015/03/suplemento-64-realidades-y-ficciones-en.html
lb20032003@gmail.com

• Luis Elorriaga, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 66:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html
lnelorriaga@yahoo.com.ar

• Niels Hav, Copenhague, Dinamarca
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 66:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html
nielshav@hotmail.com

• Luisa Elena Pinel, Caracas, Venezuela
Currículo en Realidades y Ficciones – Revista Literaria Nº 66:
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• Anna Rossell, Barcelona (Cataluña), España
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• Héctor Zabala, Ciudad de Buenos Aires, Argentina


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